AMOR DE CABARET

El novio

Los errores de Gabriel Cué son de cálculo. Pero no un cálculo de formas, aunque parezca lo evidente. Los errores son de fondo. Una profundidad que tal vez tampoco sea culpa suya. Es un error de casta, de costumbres, de alcurnia vieja, de desconocimiento, de insensibilidad.

Antonio Mundaca

Gabriel Cué tenía la fecha para casarse en septiembre de hace un año. Desde hace meses los preparativos de la boda fueron pospuestos por temas de campaña política, grilla palaciega y un futurismo político que no llegó.

También, Gabriel Cué estuvo a escasos votos de ser Diputado local. Estuvo a horas de ser candidato a la presidencia municipal, y estuvo por meses, llevando y trayendo las insignias del PRI para engordar la candidatura de Alejandro Murat.  La boda llegó, el triunfo electoral no. Pero Gabriel Cué Navarro se volvió a equivocar.

No en la fecha de la boda. No en la apuesta de una fundación que cerró para ser tildada de “electorera”. No en invitar a sus amigos a compartir su felicidad. Tampoco es su culpa tener como tío a uno de los peores presidentes municipales de la historia tuxtepecana, tampoco es su culpa ser rico, o amar a alguien que no sea mexicana. Pero a las personas las definen sus circunstancias.

Los errores de Gabriel Cué son de cálculo. Pero no un cálculo de formas, aunque parezca lo evidente. Los errores son de fondo. Una profundidad que tal vez tampoco sea culpa suya. Es un error de casta, de costumbres, de alcurnia vieja, de desconocimiento, de insensibilidad.

Es cierto que en mucho la derrota electoral de Cué Navarro más que un triunfo de Fernando Huerta, fue un castigo para el PRI, que su tío “El gordo” Sacre se encargó de destruir con su mala gestión. Y de quien él nunca se deslindó y cometió errores infantiles como ir a de su mano al momento de votar.

Sin embargo muchos de los votos perdidos tuvieron que ver no con la animadversión social que se tiene en las clases populares de los ricos o los Juniors.  Sino con la forma en que “el rico”, “el poderoso”, exhibe su riqueza en tiempos aciagos. La foto del viaje con amigos rumbo a su boda es un ejemplo.  Es un error de ralea. Por eso Gabriel Cué se volvió a equivocar.

Perdió la Diputación por un error de clase. El mismo que ahora comete  y por el que es criticado al irse a casar a España.  La crítica, la burla, el encono que desató la foto subida a redes sociales donde él y sus allegados  están en el aeropuerto, con la bandera mexicana no es por envidia,  si él lo cree de esta forma da razón al problema de “casta”. “La bola de pendejos que forman parte de la prole que critican a quien envidian” (como dijera la hija de Enrique Peña Nieto).

boda

El problema no es la celebración matrimonial. Tampoco lo es la convivencia entre amigos y familia que viajan. El problema es que muchos de ellos son funcionarios públicos, y él es una figura pública que pretendió ser Diputado. El problema es la falta de sensibilidad de personas que viven del erario- incluido el Diputado Antonio Amaro-,  en un momento que la ciudad tuxtepecana es azotada por la violencia, y la crisis social y política.

El problema es la duda, la falta de autocrítica, el mundo de burbuja feliz de una clase política incapaz de ver más allá de sus intereses, llámese una boda, un contrato de obra pública, un atajo burocrático con “su amigo el Gobernador”, “con su amigo el Diputado”:

Es el mensaje de que el pueblo no importa y se es egoísta, y todas las demás apéndices que llevan esas palabras. El origen de la crítica no es que Gabriel Cué, su familia y sus amigos puedan vivir en un mundo de felicidad. Es  la sospecha de que pudo financiarse todo con dinero público, que funcionarios municipales pueden tomarse los días que quieran cuando la ciudad que les paga su sueldo carece de agua potable, servicios básicos y vive sumida en una de violencia que no conocía, es el error de casta de desdeñar la vulnerabilidad del otro, pero vivir de su saqueo.

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