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  • El proyecto comenzó con los niños aprendiendo el oficio que les permitiera enfrentar la vida. “Después de la casa hogar, cuando cumplen la mayoría de edad -el límite para poder permanecer en la institución-, necesitan herramientas para sostenerse, dijo Saraí Alemán Jacobo, directora y mamá de todos los niños.

 

Texto y fotos: Isabel Borromeo/

 

Tuxtepec, Oax. –Las ágiles manos de Juan colocan en el horno las charolas de pan, con los primeros rayos del sol. A las seis de la mañana, el integrante de la Casa Hogar Harvest inició la elaboración de las roscas de reyes junto con otros dos niños, Josías y Alfredo, hijo de un tutor de la casa, guiados por el tío Luis, el maestro panadero que durante ocho años ha enseñado el oficio a los menores.

Llegar a la Casa Hogar Harvest es tener un encuentro entre la naturaleza y un espacio donde la palabra ‘familia’ se escucha en todo momento. Ubicada al final del camino de terracería en la calle principal de la colonia Lomas de San Juan,  sobre la carretera a Ojitlan, la casa cumple 16 años de fundación este 27 de julio.

Hace ocho años inició con el proyecto de elaboración de roscas de reyes participando los niños en el taller de panadería y las niñas en la decoración de las roscas y venta, convirtiéndose en una tradición que los ayuda a generar ingresos para el sostén de la casa y valorar el trabajo.

 

 

Saraí Alemán Jacobo, directora de la casa hogar, es la mamá de todos los niños. Para ellos representa la figura materna ausente. Todos son una familia. “Los niños y niñas son hermanos”, ésta es parte de la crianza y los lazos que fomentan.

“El taller de panadería es resultado del sueño de un grupo de personas que adquirieron los equipos para elaborar pan, que los niños aprendieran un oficio”, explicó la directora, que es licenciada en pedagogía. “Pensamos en cómo generar recursos para los niños y que adquirieran el amor al trabajo. Por eso decidimos elaborar las roscas de reyes, cada año aumentando la venta”, enfatizó.

El proyecto comenzó con los niños aprendiendo el oficio que les permitiera enfrentar la vida. “Después de la casa hogar, cuando cumplen la mayoría de edad -el límite para poder permanecer en la institución-, necesitan herramientas para sostenerse”.

En el taller participan los niños más grandes, mayores de 12 años. Las niñas decoran  y hornean. Siete personas colaboran directamente en la elaboración de roscas y otros niños están en los puntos de venta durante ocho días, este año iniciaron el 2 de enero y concluirán la venta el 9 de este mes.

En el taller, cada niño tiene una función. Juan, con el maestro panadero, están pendientes de la batidora y el horno, mientras que Josías y Alfredo, tienen las manos llenas de harina, con parte del proceso de amasar y dar forma a la rosca.

 

 

La dinámica de trabajo implica que los niños reciban un pago por la tarea desempeñada. El día previo a Reyes Magos terminan hasta las 10 de la noche. “Cuando ya ven el sobrecito se emocionan, y más niños quieren estar en panadería”, dijo la directora.

La casa hogar vende en promedio 350 roscas. Cada año superan el número de panes vendidos y a mediados de diciembre, inician con los preparativos para elaborar las roscas en dos tamaños, mediana y grande.

Mientras el maestro panadero explica el proceso de trabajo, los niños permanecen enfocados en su actividad: cortan las tiras de color café y blanco que adorna la rosca portando el mandil, gorro y cubre bocas.

Para la directora, los niños son sus hijos, comentó  observando las dos plantas del inmueble de la casa Harvest. Detalló que en la parte alta duermen las niñas, en un cuarto las niñas pequeñas y en el otro lado las  niñas grandes, porque así lo piden las normas de la casa hogar. Los niños duermen en la planta baja.

El espacio cuenta con área de cocina, comedor, aula para clases con computadoras para cada uno, taller de panadería y áreas verdes. Todo está limpio, desde la habitación de los niños hasta el patio, en la casa resalta el color azul y el blanco.

 

 

En el balcón, las niñas observan a mamá Saraí mientras habla con nosotros, entre tímidas y a la expectativa de los visitantes. Los niños son más callados, los pequeños siguen las indicaciones de los mayores, mantienen sus camas tendidas y responden al saludo de mamá y tía.

Harvest, 16 años de cobijar a los niños

La casa hogar Harvest cumplirá 16 años de su fundación. El proyecto, que es parte de un sueño de Manuel Pérez Palma, quien fue huérfano, surgió del deseo de brindar una familia a los niños que no la tienen.

“Mi suegro fue un niño huérfano, cuando creció empezó a ayudar a las comunidades y en el Día de Reyes, llevaba  juguetes a las comunidades. Con el apoyo de otras personas, el sueño llegó a una fundación en Estados Unidos con el mismo nombre y decidieron apoyarlo”.

Son 10 las personas que colaboran en la casa hogar: mamá Saraí es la directora junto con el pastor Elías Pérez, hijo del fundador, quienes viven en el espacio de Harvest. Como una familia desayunan, comen y cenan con ellos. En cada una de las áreas de los inmuebles está colocada una placa con el nombre de un donador, es parte del reconocimiento que realizan a quienes durante los 16 años han apoyado a la casa.

 

 

Pese a tener capacidad para atender a 32 niños, actualmente viven 26 niños en Harvest, mujeres y hombres en igual número entre 2 y 18 años de edad de diferentes lugares, algunos canalizados por DIF estatal, municipal y otros son niños de comunidades que tienen familia, pero sus padres no pueden brindar los cuidados parentales o viven en situaciones de pobreza extrema.

Karla Contreras, colaboradora de la casa, indicó que las familias de escasos recursos se acercan a la casa para dar a los niños una oportunidad de estudiar y mejorar sus condiciones. Los padres firman un acuerdo y asisten en los días de visita o vacaciones.

Antes de pandemia, hace cuatro años implementaron una plataforma para que tomen clases en casa, solo salen quienes están en nivel medio superior, el resto recibe educación en el lugar. “No somos una familia normal, pero creamos el ambiente familiar, se les brinda amor, también se les llama la atención como ocurre en una familia”, asintió.

Karla, la tía de los niños, es una joven licenciada en marketing que hace 10 años tuvo acercamiento con Harvest a través del grupo de jóvenes de la iglesia cristiana a la que pertenece.

Como ella, existen más colaboradores que forman parte de una lista que cuando los requieren se suman a los proyectos de la casa hogar. “Asistía los viernes  y llevaba algo para convivir con ellos y poco a poco me fui involucrando más, ahora toda mi familia está relacionada con la casa hogar, todos somos familia”, puntualizó.

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