Periodistas de a pie

Lecciones del pueblo Me´phaa contra el crimen organizado en Guerrero

 

  • En un país desbaratado por la violencia criminal, un pequeño pueblo en las montañas de Guerrero muestra el camino para enfrentar este flagelo

 

Texto: Marlén Castro / Amapola Periodismo

 

Tilapa Malinaltepec, Gro.- Hasta este pedazo escondido de la Montaña, el pueblo Me´Phaa de Tilapa, llegó hace como tres años el cristal. El nombre de la droga se oye bonito, tiene hasta elegancia, pero los adolescentes mephas flaquísimos, desnutridos, idos de este mundo, están a años luz de parecerlo.

Las personas que consumen cristal o anfetaminas se ponen flaquísimas, hasta el hueso. No les da sueño, por lo que se les forman ojeras que los hacen parecer levantados de sus tumbas. La lógica diría que les cuesta moverse. Y no es así. Se ponen hiperactivos. El problema es que el cristal derrite sus neuronas y convierte su sistema inmunológico en un desastre.

En varias comunidades de la región de la Montaña alta se registra que adolescentes y jóvenes consumen drogas, principalmente, cristal o metanfetaminas, aunque no son las únicas sustancias ilícitas que entran a las comunidades, algunas ancestrales, revelaron integrantes de la asociación civil Procesos Integrales para la Autogestión de los Pueblos (PIAP), organización que asesora a las comunidades de la Montaña en esta nueva lucha por la defensa del territorio.

La región es un referente nacional en la lucha contra la minería. La organización comunitaria de sus habitantes, basada en la toma de decisiones colectivas, fue la diferencia con otros pueblos de México en donde las empresas mineras, o cooptaron o compraron o silenciaron a los que se oponían.

En 2013, varias comunidades de la Montaña crearon el Concejo Regional de Autoridades Agrarias en Defensa del Territorio (Creadet) para oponerse a la explotación del oro y consiguieron la cancelación del proyecto minero Corazón de Tinieblas.

Las autoridades de los pueblos creen que la adicción de los adolescentes y jóvenes es inducida desde fuera para debilitar el tejido social de las comunidades, y quien opera esta ofensiva es el crimen organizado.

La diferencia entre Tilapa y otras comunidades de la Montaña alta y quizá con el resto de las poblaciones en México, en donde el crimen organizado tomó el control social y económico, es que aquí, los habitantes lo expusieron en asamblea y, aunque tienen miedo, decidieron enfrentarlo.

 

Policías del sistema Serti que rindieron protesta este lunes 8 de abril en la comunidad Me’Phaa de Tilapa, municipio de Malinaltepec.

¿Qué hacemos con nuestros jóvenes adictos?”, se preguntaron.

Antes de responder esa pregunta esencial para salvar a sus niños, niñas, adolescentes y jóvenes, y también para salvarse como comunidad, se hicieron otra pregunta: “¿Cómo llega la droga hasta aquí?”.

Tilapa, el pueblo Me´Phaa que hace la diferencia

Tilapa se parece más a un pueblo de la línea costera que a un espeso bosque de Montaña. Por esas características climáticas y orográficas, en Guerrero existe la subregión Costa Chica-Montaña, que la conforman una franja de comunidades de municipios de ambas regiones en las que se observa la transición entre los bosques húmedos y las selvas cálidas.

En Tilapa, ubicado a 1110 metros sobre el nivel del mar, hay mangos, plátanos, guanábanas, café y alguna que otra palma de coco. Es un poblado resguardado por montañas altas a las que se llega por Tlapa, al norte de la comunidad, a dos horas de distancia. Al sur, Tilapa tiene la línea costera del Pacífico, a la que se llega por San Luis Acatlán en escasos 40 minutos. En Tilapa, conectan los dos ecosistemas. En una apretada síntesis, se diría que Tilapa es más costa que montaña. Hace calor intenso y frío moderado.

Este lunes 8 de abril, como es normal en la temporada de primavera, hace un calor intenso en Tilapa. Aquí no parece que el sol vaya a desaparecer bajo la sombra de la luna, lo que se supone ocurrirá entre las diez y las doce del día, de acuerdo con los astrónomos sobre el eclipse solar que se apreciará en un 70% en los estados del sur y totalmente en el norte de México.

Este día del fenómeno astronómico, también es la fecha en que Tilapa anunció el nacimiento de su propio sistema de justicia, acuerdo al que se llegó en las discusiones sobre qué hacer con los jóvenes adictos y algunas investigaciones sobre cómo llega la droga a la comunidad.

Después de un año de asambleas informativas en todos los barrios y anexos, la asamblea acordó diseñar un sistema de seguridad territorial diferente al de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria (CRAC-PC), que nació en el ahora nuevo municipio de Santa Cruz del Rincón, a solo 20 minutos de Tilapa, hace 29 años.

Los habitantes de Tilapa bautizaron a este nuevo sistema de justicia comunitaria Seguridad de Resguardo Territorial Indígena (Serti), y su objetivo principal es defender el territorio “de quién o quiénes atenten contra nuestros procesos sociales, productivos, económicos; de bienes naturales, ambientales; de gobernanza, territoriales y en contra de nuestra comunalidad”, se lee en el documento fundacional.

 

Integrantes del Consejo de Honor y Justicia del Serti recibieron bastón de mando en su toma de protesta.

 

Este proceso fue acompañado por el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan y por el PIAP.

¿Qué hacemos con los jóvenes adictos?

Tilapa es una localidad con mil 181 personas, de acuerdo con el Censo de Población 2020 del INEGI. Aquí, todos se conocen y saben a qué se dedica cada uno; también, sus problemas familiares, como violencia, alcoholismo y problemas con las drogas.

Hace tres años, la población se enteró de los primeros casos de drogadicción.

“Había problemas con eso, pero era esporádico. Había uno que otro joven que sabíamos que consumía”, reconoció una habitante de la comunidad.

El problema creció rápido; los casos se multiplicaron. Por eso, hace como año y medio, en el décimo aniversario del Creadet, se planteó que el crimen organizado era una nueva amenaza para el territorio y la organización comunitaria. Identificaron que la drogadicción inducida era la nueva forma que empleaba el crimen para socavar a las comunidades.

Tilapa empezó este proceso a la par que otras comunidades de la Montaña-Costa Chica, pero fue la primera en concretar una salida al problema.

“Este proceso ha sido muy intenso en la zona. Cada comunidad tiene su propio proceso, de acuerdo con sus propios tiempos y ritmos. En el caso de Tilapa, su asamblea determinó crear un sistema de seguridad territorial”, refirió un integrante del PIAP.

Parte del proceso por el que pasaron en cada comunidad es la respuesta a la situación compleja de qué hacer con los jóvenes adictos.

En el caso de Tilapa, de tres casos esporádicos de adicción a las drogas, saltaron a alrededor de 30, reveló un habitante.

En asamblea, platicaron cómo abordar con las familias los casos de los consumidores.

“Las primeras en oponerse son las madres, a las que avergüenza el consumo de drogas de sus hijos y las que se oponen a que sus hijos, si cometen algún delito, sean llevados ante las autoridades”, comentó el habitante que participa en este proceso en Tilapa.

A las primeras personas que deben convencer de que se actúe sobre el problema de consumo de drogas de los hijos, es a las madres y a los padres. Se acordó hablar con esas familias sobre el surgimiento de la violencia derivada del crimen, y al resto de adolescentes y jóvenes darles platicas, en sus mismas escuelas, sobre las drogas y sus efectos.

En abril de 2023, fecha en la que se acordó en asamblea crear el sistema de justicia comunitaria, también acordaron responder a la inquietud de cómo llega la droga hasta aquí.

Integrantes de la comunidad dijeron que el primer acuerdo fue cortar el ingreso de la droga, para lo que había que conocer cómo llegaba hasta la comunidad. Ha habido algunos hallazgos reveladores.

“Hasta el momento se ha detectado ingreso de droga a través de transporte público; también de repartidores de mercancía y, en algunos casos, a través de maestros que no son de aquí, pero que trabajan en la zona”.

El antropólogo Abel Barrera, coordinador de Tlachinollan, sugirió a los pobladores de Tilapa y a los integrantes del Serti elaborar un diagnóstico que indique desde dentro de la comunidad quiénes son los que están con el pueblo y quiénes se inclinan por romper las estructuras que mantienen cohesionada a la comunidad.

 

***

 

Este trabajo fue publicado originalmente en Amapola Periodismo que forma parte de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes consultar su publicación.

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