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Scriptorium

Donaldo Borja

Luis Donaldo Martínez Borja estudió la licenciatura en Filosofía. Ha sido profesor de latín y etimologías grecolatinas, español, Historia, Formación Cívica y Ética. Creador del programa de Radio Tertulias en la azotea dependiente de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y Café Filosófico Oaxaca. Es creador del Club de Lectura Tertulias en la azotea, y promotor de lectura acreditado por el Fondo de Cultura Económica.

El ser humano desde que se hizo consciente de que es “humano” se colocó en la cúspide de todas las creaturas existentes, dando entender que él, como único ser dotado de razón, es el que posee más valor respecto a los otros “seres inferiores”. Incluso, entre los de su misma especie los ha jerarquizado estableciendo socialmente una escala de inferiores y superiores que distingue de hombre y mujeres, de buenos y malos, de heterosexuales y homosexuales, de capacitado y discapacitados. En fin, desde que el ser humano —contando hombres y mujeres— se colocaron en la cúspide de los vivientes, se creyeron racionales.

Basta la simple observación, a ojo de buen cubero, para darse cuenta que tan racional ha sido nuestra especie. Biológicamente, hasta con orgullo de ignorantes, se presume la supremacía del homo sapiens respecto a los ancestros anteriores, como si nuestros antecesores fueran salvajes y estos, los nuevos hombres, gracias a la bondadosa evolución, ahora gozan de mayores capacidades intelectuales que los condena por conocimiento y no por incapacidad de conocer. Así, desde que los seres humanos se comenzaron a formar en grupos más sólidos y fundaron culturas y civilizaciones —Tlatilco o Cuicuilco, los olmecas, mayas, zapotecas, mesopotámicos, griegos y romanos etc.— el hombre se estableció en un estado que los modernos y más los estados modernos llaman Civilización.

Sin embargo, y no es para desalentar a nadie, pero, la civilización por sí misma, ha causado grandes daños. ¿A cuántos no se ha aplastado por creerlos incivilizados? ¿cuántas culturas no han desaparecido, totalmente, por seres que se han creído con el poder absoluto para mandar o dominar el mundo y tener mayor fuerza y poder sobre las civilizaciones menores? ¿no es acaso la doctrina del Destino Manifiesto de 1845 de Estados Unidos un ejemplo vivo de apropiación de ideologías supremacistas para absorber a las demás civilizaciones?

Entre tanto, con las noticias actuales, las guerras, o el genocidio ocasionado por Israel a Gaza —como si no recordará su historia y los seis millones de personas asesinadas cruelmente durante el Holocausto—, y todas las manifestaciones de violencia y coerción, comprueba que el ser humano no está en ninguna cúspide, más bien, está sometido bajo las imperiosas leyes del instinto, el cual, para justificar su acción, llama “instintito racional” o “sentido cogitativo”. Porque, dice que piensa qué es lo que va hacer. Si es así, esto convierte, entonces, al hombre en un ser cuyo sentido salvaje nunca se ha perdido y comprueba que su animalidad (brutalidad e instintito) perviven y triunfan más que la razón: ‘aunque la mona se vista de seda, mona se queda’. Pobre de los ilustrados de los siglos XVIII y XIX, fracasaron en su intento de racionalizar al ser humano.

Y hombres y mujeres no se salvan, todos somo salvajes racionales. Matamos para defender lo que es “nuestro”, sin importar el buen uso de la razón. Nos defendemos de los ataques que los otros nos hacen sin importar consecuencias. Así, el instinto al racionalizarlo, lo colocamos en un medio de justificación para nuestros fines propios de supervivencia. A ciencia cierta, solo y llanamente, ocupamos la razón como un mero instrumento que sirve y responde a la naturaleza animal que poseemos. Planeamos guerras, organizamos venganzas, se organizan para el crimen, se organizan para crear políticas que, responde a los intereses personales con fines de llevarse lo mucho dando lo poco.

¿Cuándo el ser humano empleará la razón no como extensión de su estado salvaje, sino como peculiaridad propia de su naturaleza super dotada? Si partimos del fatalismo: nunca. Si nos colocamos en la esperanza de un mundo mejor: algún día. Pero, entre que sucede ese día y entre el fatalismo, la certeza es que lo único que puede salvar al hombre de su estado salvaje es el conocimiento propio (autoconocimiento), pero esto, sólo mediante el conocimiento de los otros. Así, la educación, el arte y la cultura son el punto focal de la salvación de los seres humanos. Por ende, solo la restructuración del instinto racional colocará al hombre en un estado humano y resolverá realmente la compleja situación del estado salvaje en el que vivimos. Por lo pronto, la humanidad va rumbo a un salvajismo justificado de racionalidad.

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