Sociedad y Política
Isidoro Yescas Martínez
Isidoro Yescas Martínez. Maestro en Sociología y analista político. Ha ejercido el periodismo de opinión en diversos medios locales y nacionales. Coordinador del libro No se olvida, el movimiento estudiantil de 1968 en Oaxaca.
A la autocracia primaveral los múltiples reclamos sociales expresados en la consulta revocatoria del pasado 25 de enero “les entró por un oído y les salió por el otro”. De dientes para afuera el jefe del poder ejecutivo estatal prometió, de entrada, “relanzar” a su administración , cosa que no cumplió; luego ofreció reorientar las políticas públicas de su gobierno y todo se ha reducido a reconocer que tiene mala comunicación con sus gobernados porque hay obra pública, tenemos seguridad, empleo, servicios de salud de primera,etc., pero el problema es que “ la gente no lo sabe”. Y ahora, después del breve e imperceptible interinato de la senadora Luisa Cortés en la presidencia del Comité Ejecutivo Estatal de Morena el Consejo Estatal eligió como presidente a Alejandro Velasco Armas, exsecretario de Organización y, para variar, primo de la diputada y presidenta de la JUCOPO, Tania Caballlero, nuera de Salomón Jara.
Sale uno de la familia (Emanuel Navarro Jara) y entra otro, no se sabe si igual o peor que el que estaba al frente del partido guinda en Oaxaca , pero al final de cuentas lo que importa subrayar es que la compacta y corrupta estructura de poder instaurada hace tres años no se mueve, solo se recicla, tanto en el poder ejecutivo como en la dirigencia estatal de Morena.
Se dirá que es una película ya vista y es cierto, solo que a diferencia del PRI-gobierno en donde el gobernador ungía al presidente de su partido, generalmente una persona con experiencia y trayectoria política, ahora el único requisito para ocupar un cargo administrativo o político es asegurar algún lazo de consanguinidad (o complicidad) con la familia gobernante.

Cuadros honestos y capaces, con gran experiencia política y electoral los tiene el morenismo oaxaqueño; el problema es que entre la militancia (y los propios integrantes del Consejo Estatal) se reproduce la vieja cultura priísta de obediencia ciega hacia el “primer mandatario”. Ayer el gobernador en turno era al mismo tiempo el “primer priísta”, hoy el gobernador Salomón Jara es el primer morenista de Oaxaca . Y nadie lo contraviene o le alza la voz.
Para quienes desde dentro y fuera de la 4t, y entre la población oaxaqueña en general, aún tenían esperanzas que los 350 mil votos de castigo de la consulta revocatoria servirían para que el gobierno jarista reconociera errores y rectificara conductas personales e institucionales, ya seguramente les quedó claro que el retorno de la “normalidad” primaveral es sinónimo de más corrupción e impunidad.
¿O cómo leer y entender el blindaje legal y político tendido por el poder ejecutivo en derredor de todas las tragedias ocurridas en el DIF-Estatal empezando por el total esclarecimiento y deslinde de responsabilidades administrativas y penales por la muerte de dos niñas haitianas?
Con una presidencia ya capturada y sometida al poder ejecutivo estatal, la DDHPO ha sido omisa y hasta cómplice de las barbaridades cometidas en el DIF. Extraña de un organismo de esta naturaleza, no así del Congreso local en donde la permanencia de la nuera en la presidencia de la JUCOPO es garantía de silencio y complicidad. Y una conducta similar ha asumido Alma Deysi Bautista, titular de la Secretaría Ejecutiva del Sistema Local de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Estado de Oaxaca.
No hay que perder de vista que en adelante y hasta al fin de sexenio la descomposición del aparato político-administrativo del gobierno primaveral correrá paralelo al afianzamiento de su modelo de gobernanza autoritario-clientelar instaurado desde diciembre del 2022.
Y bajo este modelo la prioridad no es el pueblo, ni los ciudadanos, ni las instituciones, sino la permanencia en el poder de una cofradía política-burocrática depredadora que después de la derrota del 25 de enero va por la revancha.


