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El Sermón del Face

Miguel A. Vázquez de la Rosa

Miguel A. Vázquez de la Rosa estudió Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Es Integrante de la directiva de Servicios para una Educación Alternativa A.C. (EDUCA) desde 1994. Formó parte de la Comisión de la Verdad de Oaxaca y fue director de Radio Universidad de 2017 a 2022.

La épica

Algunos jóvenes de mi generación, y generaciones anteriores, crecimos escuchando trova cubana y leyendo los panfletos de la revolución. En el bachillerato se leían Los conceptos elementales del materialismo histórico, que Martha Harnecker había escrito en 1973. La épica del compromiso social y la lucha revolucionaria a flor de piel.

En México eran los tiempos del viejo PRI, partido hegemónico por antonomasia, y de la “dictadura perfecta” de la que habló Mario Vargas Llosa en el coloquio de la revista Vuelta. Las elecciones estaban controladas por el partido de Estado y la oposición no pintaba en el escenario político.

En 1978 Silvio Rodríguez compuso la canción Fusil contra Fusil: “Cantarán su luto de hombre y animal, y en vez de lágrimas echar, con plomo llorarán”. Aquellos jóvenes cantamos con la emoción de quien no ha empuñado un arma. Veíamos en la revolución cubana el referente utópico de América Latina.

La música y la revolución

La trova cubana no solo acompañó, sino que impulsó la construcción de una narrativa emancipatoria. La emancipación de los pueblos del Abya Yala tenía un componente artístico fundamental: música, teatro y literatura. La radicalidad se entrelazaba con la profundidad intelectual y el arte en la lucha por la liberación de los pueblos.

Se extraña aquella izquierda donde pesaba más la capacidad argumentativa que la fotografía con el político de moda.

La música de la revolución marcaba una ruta, aquí no cabían las medias tintas, ni las notas timoratas. “En una revolución se triunfa o se muere”, sentenció el Ernesto “El Che” Guevara en El Socialismo y el Hombre en Cuba.

“Te doy una canción como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla; como doy el amor”. En una sola canción se fundía el amor y la lucha armada.

La defensa de la patria

Sin embargo, estos tiempos no son los mismos que los de la invasión de Bahía de Cochinos; este fue un episodio dentro de la coyuntura de la Guerra Fría y la Crisis de los Misiles. En esta trama histórica no se impusieron las armas, se impuso la diplomacia y la política.

“Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días”, se refiere el Che a Fidel Castro en relación con la crisis caribeña de los años sesenta. Su mejor arma no fue el fusil, fue la palabra.

“Abuela tus tijeras son rurales.

Y cortan otros males
 pero este viento, no.

Guárdate tu oración, amigo viejo,

E invoca a peralejo,

Eue nos viene mejor”.

Preludio a Playa Girón “es un bello canto a la defensa de la soberanía de la isla caribeña, pero no refleja la complejidad de ese episodio histórico.

Silvio Rodríguez

Silvio Rodríguez pidió a las Fuerzas Armadas Revolucionarias un fusil AKM para defender a Cuba ante las amenazas de Estados Unidos. Sin embargo, él mismo sabe que no es el fusil lo esencial, sino lo fundamental es la palabra, el relato y la música. Como él mismo ha expresado en su obra, la verdadera batalla se libra también desde la canción y la imaginación: “Todo el mundo tercero va, a enterrar su dolor; con granizo de plomo harán, su agujero de honor”.

Quizá nos conviene leer este episodio como una metáfora, más que de manera literal. No son las armas –o, no únicamente–, como lo demuestra la experiencia de diversas lógicas militaristas en la región, lo que define el sentido de la historia, sino la palabra y la construcción simbólica de la realidad.

 

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Fotografía Minfar Cuba

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