Isidoro Yescas
El “ no somos iguales” ya es cuento chino , porque hoy muchos gobiernos estatales o municipales morenistas, petistas o verdes están resultando peores que los que padecimos con el PRI o el PAN.
Si desde los tiempos de la primera edición del muratismo, en Oaxaca la corrupción y los negocios de gobernadores y funcionarios públicos de todos los niveles prácticamente se institucionalizaron, con el gobierno morenista de Salomón Jara estos negocios al amparo del poder público se elevaron a rango de política transversal y, todavía, con el infaltable sello nepotista de la familia gobernante.
Dos casos a manera de ejemplos.
El primero es la incursión gubernamental en el servicio de transporte público de pasajeros que después de dos fallidos intentos durante los gobiernos de Gabino Cué y Alejandro Murat, empezó a rodar con perspectiva metropolitana el año pasado.
De Citybus pasó a llamarse Binnibus y se presentó como un proyecto que revolucionaría el sistema de transporte colectivo no solamente en la ciudad de Oaxaca , sino en toda la Zona Metropolitana de los Valles Centrales: unidades nuevas con rutas nuevas para no generar “competencia desleal” a las cuatro empresas privadas que tienen concesionado este servicio en la ciudad capital, choferes y personal capacitado con sueldos decorosos, mantenimiento permanente a las unidades , etc. En síntesis, un servicio cómodo, eficiente y bien administrado para no generar pérdidas o quebrar como ya ha ocurrido en otras entidades en donde los gobiernos estatales han administrado este tipo de servicios.
Hoy, cuando todavía no se cumple ni el primer año del arranque de este ambicioso y lucrativo negocio ya aparecieron las primeras señales de una mala planeación y administración: solamente en su mantenimiento se invierten mensualmente 84.5 millones de pesos sin que se tenga conocimiento bien a bien bajo qué condiciones técnicas se lleva a cabo. Además, ya se ha anunciado que serán licitadas 14 rutas para que empresas privadas se hagan cargo totalmente de su administración y en donde se invertirían de inicio 158 millones de pesos.
Esto y otros tropiezos que podrían presentarse más adelante poco importan pues los recursos son públicos y los beneficiarios de este negocio del transporte son un pequeño círculo de funcionarios del gobierno del estado.
Y algo similar ocurre con el Centro Integral para la Revalorización de Residuos Sólidos Urbanos ( CIRRSU) que desde el gobierno primaveral se impulsó para almacenar y procesar los residuos sólidos generados en los municipios de la Zona Metropolitana de los Valles Centrales de Oaxaca, cumpliendo ( en el papel) con todos los requisitos establecidas en la Norma Oficial Mexicana-83 de la SEMARNAT.

En este proyecto se invirtieron 600 millones de pesos para instalar con el uso de la fuerza pública un centro de transferencia en San Antonio de la Cal y el famoso CIRRSU en San Pedro Totolopam, allí en donde apenas el pasado mes de marzo fuera asesinada la presidenta del Comisariado, Nazareth Cortés Velasco.
El caso es que aquí tampoco se está resolviendo de fondo el problema de la gestión integral de los residuos sólidos urbanos que precisamente hizo crisis desde el 2022 con el cierre del relleno sanitario de Zaachila.
En las 30 hectáreas adquiridas a la familia Díaz Parada en Totolapam lo que se acaba de observar en un video difundido recientemente por el gobierno del estado no es lo que se prometió ( planta de separación, celda de disposición final, generación de biofertilizantes, etc). Bueno, tal vez podría tratarse de un relleno sanitario, pero no el CIRRSU prometido en donde, por cierto, no se separan los residuos orgánicos e inorgánicos.
Y al igual que el Binnibus, este proyecto tampoco ha resuelto la proliferación de tiraderos a cielo abierto en los Valles Centrales ( a unos pasos de la Cámara de Diputados se localiza uno de tantos) ni representa una opción para reducir la contaminación ambiental.
Pero de que es un negocio redondo, lo es.
X: @YescasIsidoro
Abril 14 del 2026.


