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Fuera de Cuadro

Ana Luisa Cantoral

Ana Luisa Cantoral es periodista con 25 años de experiencia en investigación y análisis informativo. Especializada en temas sociales, políticos y de salud pública, ha desarrollado una trayectoria en periodismo de denuncia y crónica deportiva. Su trabajo se distingue por el rigor, la claridad y el compromiso con la información..

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación ha decidido ampliar su campo de batalla. A sus exigencias laborales y sindicales ahora suma una convocatoria dirigida a madres buscadoras, familiares de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, campesinos y diversas organizaciones sociales para construir un frente común rumbo al Mundial de Futbol de 2026.

Pero vamos por parte, la iniciativa merece una revisión cuidadosa, no por el derecho de cualquier grupo a manifestarse, sino por la naturaleza de la alianza que se pretende construir y por el uso político de causas que poseen trayectorias, dolores y objetivos profundamente diferentes.

Las madres buscadoras han recorrido el país con palas, varillas y fotografías de sus hijos. Han ingresado a terrenos donde el Estado nunca llegó. Han localizado restos humanos, fosas clandestinas y evidencias que las autoridades no encontraron o no quisieron encontrar, su legitimidad proviene de una tragedia personal convertida en lucha colectiva.

Por otro lado, los familiares de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, han sostenido durante más de una década, una exigencia de verdad y justicia que sigue pendiente.

En tanto, los campesinos enfrentan problemas relacionados con la producción, el abandono institucional, la falta de apoyos y las condiciones económicas que amenazan su supervivencia.

Entonces, cada una de esas causas posee una dimensión propia, una historia que merece respeto.

La CNTE, en cambio, llega a esta convocatoria con una reputación marcada por décadas de bloqueos, suspensión de clases, cierres carreteros y estrategias de presión que han provocado afectaciones a millones de ciudadanos.

Lo que sí es un hecho, es que la organización conserva capacidad de movilización, pero también arrastra un desgaste evidente entre amplios sectores de la sociedad.

Por esa razón resulta inevitable observar con cautela la construcción de este frente, la coincidencia de luchas sociales no siempre significa unidad de propósitos, y en este momento no es lo mismo.

Qué además puede convertirse en una suma de inconformidades donde la causa con mayor capacidad de presión termina ocupando el espacio de las demás.

Las madres buscadoras no necesitan intermediarios para explicar su dolor. Los familiares de Ayotzinapa no requieren que nadie traduzca sus demandas. Los campesinos tampoco necesitan que una organización sindical hable en su nombre.

Existe además un elemento político imposible de ignorar, el Mundial representa una vitrina internacional para México, millones de personas seguirán el evento y la atención mediática alcanzará niveles pocas veces vistos y la CNTE lo sabe perfectamente.

Por ello busca trasladar el conflicto a un escenario global donde la presión adquiera dimensiones distintas.

La dificultad aparece cuando la atención internacional se convierte en objetivo central y las causas sociales comienzan a funcionar como instrumentos de una estrategia mayor.

Durante años, miles de estudiantes han sido los primeros afectados por los paros y las suspensiones de actividades, por eso resulta contradictorio que una organización surgida para defender la educación encuentre en la interrupción de clases uno de sus mecanismos más recurrentes de negociación.

México llega al Mundial con pendientes acumulados en materia de seguridad, desapariciones, justicia, desarrollo rural y educación. Ninguno de esos problemas nació con la Copa del Mundo, todos existían mucho antes de que comenzaran los preparativos para recibir el torneo.

La diferencia consiste en que ahora habrá reflectores internacionales observando.

El gobierno tendrá que enfrentar esa realidad, también la CNTE deberá responder por sus decisiones.

Convocar a organizaciones legítimas para fortalecer una movilización política implica una enorme responsabilidad ética.

Las causas sociales más respetadas del país se ganaron ese reconocimiento a fuerza de dolor, de resistencia y de años de lucha.

Por eso vale la pena preguntarse ¿quién gana y quién pierde cuando todas terminan agrupadas bajo una misma estrategia de presión política?

Las madres buscadoras seguirán buscando a sus hijos. Los familiares de Ayotzinapa seguirán exigiendo verdad. Los campesinos seguirán defendiendo su forma de vida.

La CNTE tendrá que demostrar que su convocatoria busca acompañar esas luchas y no utilizarlas para fortalecer la propia.

Una causa legítima puede sumar aliados, lo que no debería hacer es convertirse en herramienta de nadie.

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