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Fuera de Cuadro

Ana Luisa Cantoral

Ana Luisa Cantoral es periodista con 25 años de experiencia en investigación y análisis informativo. Especializada en temas sociales, políticos y de salud pública, ha desarrollado una trayectoria en periodismo de denuncia y crónica deportiva. Su trabajo se distingue por el rigor, la claridad y el compromiso con la información..

En las conferencias del gobernador Salomón Jara hay una escena que se repite con frecuencia. Ante preguntas incómodas, la respuesta suele ser la ironía. Después llegan las risas. Y al final, la explicación queda pendiente.

No es un hecho aislado. Cuando se le cuestionó por la demolición de obras recientemente construidas sobre las riberas del río Atoyac, respondió que todo era “politiquería y grilla“.

Más tarde, frente a las críticas por los trabajos realizados en esa zona, dijo que “ahora todos resultan ser expertos, científicos, geólogos y antropólogos”, dejando en segundo plano las imágenes, los señalamientos ciudadanos y las dudas sobre la ejecución de esas obras.

Ocurrió también cuando un medio nacional publicó información sobre un presunto escrutinio de autoridades estadounidenses hacia algunos gobernadores. En esa ocasión aseguró que la versión casi le provocaba un paro cardiaco, pidió pruebas y atribuyó la publicación a una campaña de “guerra sucia”.

Esta semana, frente a una nueva pregunta derivada de otra publicación periodística, esta vez de La Silla Rota, volvió a recurrir a la ironía: “La Silla Rota está muy rota”, dijo entre risas, antes de descartar el señalamiento sobre presuntas inversiones de personas vinculadas al entorno del gobierno venezolano en Oaxaca.

Los tres casos tienen algo en común, no importa si el tema es una obra pública, una investigación periodística o un señalamiento difundido por un medio nacional, la respuesta termina desplazándose hacia quien cuestiona, publica o critica, mientras la explicación de fondo queda incompleta.

 

Nadie está obligado a creer en una publicación periodística, tampoco un gobernador. Tiene todo el derecho de desmentirla, rechazarla o exigir pruebas. Lo que fortalece la confianza ciudadana, sin embargo, no es la descalificación, sino la información con la que sostiene su postura.

Las conferencias de prensa no fueron creadas para que el gobernante gane una discusión, fueron concebidas para informar.

Cada pregunta representa una oportunidad para aclarar hechos, ofrecer datos y cerrar espacios a la especulación y cuando esa oportunidad se reemplaza por una broma o una descalificación, quien pierde no es el periodista ni el medio de comunicación. Es el ciudadano que esperaba una respuesta.

La ironía puede generar simpatías y arrancar aplausos. Pero ninguna carcajada sustituye la información que una sociedad espera de sus autoridades. Gobernar también significa responder, incluso cuando las preguntas resultan incómodas. Sobre todo cuando lo son.

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