AMOR DE CABARETCapitalCuencaCuerno de la PolvoraMúsica para Camaleones

Música para Camaleones| Los narcogobiernos han cruzado el río Papaloapan

ANTONIO MUNDACA

El ‘Culiacán’ de Oaxaca se encuentra al norte del estado, en la frontera con Veracruz. Está en la agenda pública, aunque el gobierno municipal de Tuxtepec que encabeza Fernando Bautista Dávila, busque esconderlo y existan políticas de prensa para dejar a un pueblo en silencio. Y el gobierno estatal, al mismo tiempo que entrega ‘patrullitas’, insista como política oficial que en una entidad con 4 millones de habitantes es suficiente un zócalo capitalino ‘bonito’ y seguro pa’ las selfies.

Desde 2014, cuando hice algunos reportajes especiales para la Agencia Blog Expediente en Veracruz, comenté con amigos y colegas que la violencia de la frontera jarocha con Oaxaca estaba por cruzar el río. No lo creyeron. Parecía un asunto de otro estado, lejano, confuso como sangre en la bruma, aunque Veracruz y Oaxaca en esta frontera sean la misma cosa.

prueba

La violencia sistemática en Tuxtepec, Oaxaca, inició el 23 de agosto de 2016 con 7 ejecuciones en diferentes puntos de la ciudad. Por dos años el gobierno de Alejandro Murat Hinojosa negó la existencia del crimen organizado en la Cuenca del Papaloapan, solo las circunstancias como el cambio de sexenio y la creación de la Guardia Nacional –un consuelo que hoy sirve de muy poco- lo obligaron a aceptar que hay regiones que se escapan al control institucional de la violencia.

Como en todo pueblo tropical y escondido de los estertores del mundo, llegó a Tuxtepec, a destiempo, la ‘Guerra contra el Narco’, ya había corrupción: los caciques, el trasiego, el narcomenudeo, los halcones, los jefes de plaza, la pobreza, la invención cultural de los narco héroes locales. La simulación y la complicidad gubernamental para que la plaga cruzará el río y creciera como la peste. Los señores de las armas se apoderaron de los municipios, los negocios, las familias, las casas, los gobiernos, la vida entera.

La Cuenca del Papaloapan oaxaqueña, sobre todo los municipios de Loma Bonita y Tuxtepec, cuyas historias son poco conocidas por ser de Oaxaca, aunque culturalmente sean ciudades jarochas y esa división política signifique sus destinos: el olvido, el subdesarrollo, el lastre, la maldición de tener en medio del centralismo oaxaqueño a la Sierra Juárez, y vivan tardíamente los procesos que se desataron en Veracruz, cuando se instauró el narcoestado que heredó Fidel Herrera a las generaciones venideras y que Javier Duarte perpetuara.

En la columna Miralejos que publicó Daniela Pastrana el 28 de mayo de 2019 en la Red de Periodistas de a Pie titulada ‘Hablemos de Pesadillas’, existen destellos que a los oaxaqueños del norte se nos revelan frente la ola de masacres de nuestros días. Hay un espejo deforme en el que es posible encontrarnos:

 “Veracruz era un lugar que en la superficie parecía normal. Ningún año interrumpió su carnaval, ni sus ferias de libro, ni sus noches de fiesta en el puerto. Tampoco se suspendieron los Centroamericanos ni la Cumbre Tajín. Apenas hacia la segunda mitad del sexenio, la presión de un grupo de periodistas logró cancelar el Hay Festival, a costa de muchas críticas de quienes no entendían ni entendieron nunca lo que ahí ocurría. Porque, a diferencia de otros lugares donde la violencia convive con el carnaval y la fiesta, como Sinaloa o Jalisco, en Veracruz el exterminio fue dirigido desde las instituciones del Estado”.

Desde agosto de 2016 en Tuxtepec, por alguna razón, la violencia no se ha detenido un solo día. Los dueños de las armas saben que toda guerra es el control de un territorio y ellos tienen en la cuenca oaxaqueña la pugna por uno, con todas las bajas posibles, con todo lo que significa tener permiso para hacernos de sangre.

Se trata de la región más estratégica de Oaxaca para comunicar el sur con el centro del país. Controlar el territorio, como antes ganaron el sotavento veracruzano: Tierra Blanca, Cosamaloapan, Tres Valles y Córdoba.

El 24 de octubre el presidente del municipio cuenqueño de Jalapa de Díaz fue detenido junto a 10 elementos de la policía municipal con un arsenal de armas y por su presunta participación en la desaparición de personas, se desmanteló la corporación de seguridad local. La noche del 26 de octubre, Tuxtepec alcanzó la cifra de 102 ejecutados en lo que va del año, con el asesinato de 3 hombres –uno de ellos estudiante de bachillerato- y una mujer, al interior de una pizzería en la zona centro de la ciudad.

En los próximos dos meses de 2019, Tuxtepec superará la cifra de 500 personas ejecutadas en vía pública, restaurantes, plazas comerciales, abatidas en sus domicilios por grupos armados que nunca, nunca, ninguna policía ve, ninguna autoridad sabe, aunque los tuxtepecanos denuncien comandos de camionetas grandes con flotillas de 6 y 8 sicarios armados con calibres de alto poder rondar a merced. Los narcogobiernos han cruzado el río.

Artículo anterior

Instituciones educativas de Huatulco son beneficiadas con el programa “La escuela es nuestra”

Artículo siguiente

Los guerrilleros de Loxicha, la permanente sombra del destierro

elmuromx

elmuromx

Periodismo de investigación

Sin comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *