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Que haya justicia en esta vida o en la otra

  • El feminicidio de Alma Deysi Martínez Martínez ocurrió el 8 de mayo de 2011, su cuerpo fue encontrado en un cañaveral de Xoxocotlán con signos de violencia extrema, durante la investigación del caso, hubo negligencias de las autoridades y sus presuntos asesinos, ligados a pandillas juveniles, fueron detenidos hace 7 años. No han sido sentenciados. 

Texto: Antonio Mundaca

Fotografía: Antonio Mundaca

Video: Karen Rojas Kauffmann

Ilustración: María Vigne

Infografía: Daniel Cid Berthely

 

Alma Deysi atravesó el paraje del Camino Real para ir a su casa. Y no se sabe más. No hay forma de establecer qué pasó en los minutos previos a que la emboscaran. Esa mañana, el 8 de mayo de 2011,  había asistido con su mamá a la celebración escolar del día de las madres. Más tarde, pasadas las tres, fue al parque central de Santa Cruz Xoxocotlán con su novio. 

Luego se encaminó a casa, pero no llegó. No había cumplidos los 15 años. Tres días después, el 11 de mayo, su cuerpo con el pecho desnudo, molido a golpes, fue encontrado marchito en un cañaveral ubicado a 1 kilómetro y medio de distancia de donde la vieron por última vez. 

Fue violada y sobre sus piernas tenía espinas encajadas, la piel molida, arañada con restos de árbol de encino, y el rostro ulcerado. Fue estrangulada con su propio cinturón. Sus asesinos la abandonaron sobre la tierra seca y polvorienta de la colonia El Ranchito. Una zona árida, donde crecen hojas del desierto y hay sangre de animales, y un arroyo de mugre y árboles quemados, y se eleva apretada la humedad en las espigas. 

 

Los planes derrocados

Alma Deysi estaba a cuatro días de cumplir 15 años. El 15 de mayo preparaban una celebración familiar y ella se alistaba para representar a la escuela secundaria, donde cursaba el tercer grado, en una prueba de conocimiento estatal. Había sido reconocida por su excelencia académica por la Secretaría de Educación Pública (SEP) un año antes de su asesinato. Ella presumía ese logro en sus fotos personales: una imagen al lado de la entonces titular de esa dependencia federal Josefina Vázquez Mota.

 

La hora de su muerte, según el reporte de la autopsia, fue alrededor de las 5:30 de la tarde del mismo día que desapareció. Una hora y media de distancia entre la última vez que fue vista con vida y las tinieblas. Una hora y media y un hueco en la investigación policial que no se ha podido llenar casi una década después. 

 

9 años sin llorarla

Natalia Martínez, madre de Alma Deysi, habla de ella y trae a la plática la sonrisa de su hija y su fantasma. Acaricia su foto, aprieta con los dedos el marco de la imagen. 

Detrás del cristal Alma Deysi lleva coletas rosadas, apenas hace gestos, sus ojos negros miran la casa donde no hay nada. Tenía tres años en la foto. 

En ese tiempo la familia Martínez había migrado de Santa Catarina Loxicha, desde la Costa Oaxaqueña, a los valles centrales en busca de trabajo. Creyeron que si el mar no les daba para sembrar, se los daría el desierto. Y llegaron al barrio pobre de La Soledad, donde construyeron una casa sobre montones de tierra seca.

 

Natalia Martínez tiene dos hijos más. Pero Alma Deysi era la menor, la pequeña. La niña que le había jurado a sus padres que iba a sacarlos de la pobreza y sería maestra rural para enseñar a leer a mucha gente.

–Voy a ser abogada, para que ni a mi papá ni a ti le duelan los pies en la noche–, decía Alma Deysi. 

 

Natalia Martínez platica a menudo con su hija. Va a verla al panteón central de la municipalidad. Le pide ayuda para resistir, que intervenga con los santos para que haya justicia en esta vida o en la otra.

 –Si los licenciados que hacen la ley se han olvidado de mi hija, yo no. ¿Cómo haría eso? Se lo prometí. En la Fiscalía nos dan largas para las sentencias. Si creen que me voy a cansar, eso nunca va a suceder, se lo prometí a mi hija el día que me la quitaron. 

Para Natalia, Alma Deysi camina por las calles polvorientas con su mochila gigante. La espera. Poco ha podido llorarla en su casa en nueve años. Es un dolor que la mayoría de su familia no entiende, dice. Le piden que le dé vuelta a la página; pero para Natalia, su hija ilumina todavía la casa con sus cantos. La escucha a las 5:20 de la mañana alistarse para ir a la secundaria. Cuando cuenta la rutina de su hija, algo de su mirada queda partida para siempre. 

 

El novio que no fue 

El parque Xoxocotlán, es el  lugar en donde fue vista por última vez Alma Deysi.

 

Los papás de Alma Deysi no sabían que tenía novio. Tampoco sabían que él, tres años mayor, llevaba cuatro meses de relación con su hija y había ejercido sobre ella algún tipo de violencia. Lo supieron durante la búsqueda, la mañana del lunes 9 de mayo, cuando fueron a la secundaria a preguntar entre sus compañeros de clase y ellos contaron cómo era el noviazgo de Alma Deysi e identificaron a Luis como la última persona que estuvo con ella en un lugar público.

 

El día de su desaparición, Alma Deysi olvidó el teléfono celular en el baño de su casa. A las 6 de la tarde, sus papás se preocuparon porque ella nunca hacía ese tipo de cosas. Durante el convivio del día de las madres en la secundaria, su mamá habló con ella a la 1:23 de la tarde desde el teléfono de una de sus amigas, le dijo que harían tarea en el parque de la comunidad.

 

Versiones

En el teléfono celular de Alma Deysi había dos mensajes que ya no pudo revisar. En ellos quedaba con Luis de verse  por la zona conocida como La Horqueta, a 100 metros de donde sería encontrado el cuerpo de Alma Deysi tres días después. 

 

La amiga con quien hizo tarea –según la fuente ministerial a la que tuvimos acceso– dijo que a las 3 de la tarde dejó a Alma Deysi en el parque y ella tomó un taxi. Otro de sus compañeros afirmó que la vio caminando por la avenida El Progreso, una calle que lleva directo desde el Parque de Xoxocotlán al Camino Real.

 

El muchacho que la acompañaba a las 3:30 de la tarde fue descrito como alto, moreno, delgado.  

 

El primer pensamiento de los papás de Alma Deysi es que ella se había quedado con el novio que no conocían. Los jóvenes de la secundaria les dieron la ubicación de la casa de Luis. 

 

–Le dije: ‘soy la mamá de Alma Deysi, la andamos buscando desde ayer porque no ha llegado a la casa’. Mi esposo le dijo: ‘si la viste o la tienes, dinos, porque no sabemos nada de ella y estamos preocupados’”.  

 

Luis aceptó que era novio de Alma Deysi, pero negó haberla visto el día de su desaparición. Los papás de Luis llegaron en ese momento y dijeron que no salió en todo el día.

 

–¿Usted cómo sintió a Luis? 

–El muchacho estaba nervioso, se quebraba. Quería llorar, estuvo a punto de decirnos algo, lo pudimos sentir.

 

Influencias

El día que encontraron el cuerpo de Alma Deysi, un comandante asignado acompañó a sus papás para que uno de los testigos identificará a Luis. Cuando llegaron, junto a Luis estaba un grupo de abogados y uno de sus tíos, que se identificó como Juez de Garantía. Le dijeron a Luis que no saliera ante la posibilidad de ser detenido, uno de los testigos que lo había reconocido al momento del careo, titubeó y después de mirarlo de pies a cabeza, lo negó. 

 

Dicho Juez de Garantía intentaría poco después intervenir el expediente, a pesar de que Luis nunca fue requerido por la autoridad de manera oficial y era una intromisión en un caso ajeno. A pesar de que en algún momento otros testigos refirieron un vínculo entre él y presuntos grupos pandilleros de Xoxocotlán que se reunían en la zona de Camino Real. Durante la investigación el Ministerio Público pidió bajo consigna, que “no se molestara” al novio de Alma Deysi para no “entorpecer la investigación”.

–Cuando levantamos el cuerpo de Deysi, en el trayecto al anfiteatro el comandante nos mostró fotos, nos dijo, su hija se defendió muchísimo, trae pelos, piel en las uñas, pero no pudo hacer nada–, relata la madre. –En la noche le preguntamos al doctor que hizo la autopsia si se habían tomado muestras de esas evidencias, pero nos dijo que no era necesario, que las uñas de mi hija estaban limpias -reveló la mamá de Alma Deisy. 

Luis desapareció del radar del feminicidio. El joven alto y moreno que estuvo con Alma Deysi en el parque de Xoxocotlán, tan solo una hora y media antes de ser asesinada, se esfumó.

 

El paraje y la comandante Torija

 

 

 

La Agencia Estatal de Investigaciones del Estado de Oaxaca (AEI) dio con el cuerpo de Alma Deysi, después de una llamada anónima. Alguien advirtió que había restos humanos que estaban siendo devorados por animales en el barrio de La Horqueta.

–La víctima tenía muchas señales de dolor y lucha en las uñas–, dice Elizabeth Torija Hernández, Comandante Encargada de Unidad de Investigación de Feminicidio en Oaxaca antes de llevarme al sendero.

 

Ella fue asignada al caso después de que la Policía Municipal de Xoxocotlán no atendió la petición de búsqueda de la mamá de Alma Deysi el día de su desaparición y la primera ministerio público que recibió la denuncia, con desdén envió a los padres a Ciudad Judicial. 

En ese lapso, una anterior comandante, también les dijo que regresaran el miércoles 11 de mayo, porque “se presentaron el martes 10 de mayo y a ella le habían dado el día libre en la Fiscalía de Oaxaca por ser día de las madres.”

 

Para llegar al Camino Real, atravesamos una alambrada de púas, un sembradío de cañaverales crecidos. Pisamos el estiércol con las botas y los cadillos se quedaron en los pantalones.

 

Torija Hernández, la comandante encargada de esclarecer los delitos de género en Oaxaca, conoce el camino. Me confiesa que ha venido varias veces a hablar con Alma Deysi. Busca respuestas que los expedientes no tienen. 

Nos detenemos junto al árbol. Está rodeado  de tierra seca y matorrales, donde los jóvenes de pandilleros de Xoxocotlán han tatuado los nombres de sus bandas en colores azulados y cobre.

 

–¿Por qué lo hace?

–Hace 33 años mataron a mi madre. 

–¿Y el asesino?

–Nunca lo encontraron–

 

Con la voz ya un poco más tenue, mientras me lleva a los cañales, profundos y secos, la comandante agrega:  

–Creo que por eso me hice policía.

 

–A esta fronda se llega por el bulevar Guadalupe Hinojosa de Murat. El cuerpo de Alma Deysi fue arrastrado, la escondieron aquí, fueron integrantes de la Pandilla 13. Sobre esta ruta larga jugaron los asesinos con el cuerpo de la niña.

 

Su semblante es frío. Indignada, pone las palmas de sus manos sobre la tierra donde estuvo la sangre. Es una espesura donde no llega nunca la luz, podrían caber ahí cien muertas con nombre, sin la cara de los asesinos.

 

La clica 13 

 

Por el feminicidio de Deysi, en 2013, fueron detenidos tres hombres ligados a la pandilla conocida como Clica 13. Este es un grupo integrado por jóvenes de entre 15 y 29 años, que todavía hasta 2017 asoló las colonias de la zona metropolitana de Oaxaca. Estaban presentes en la Central de Abastos, Centro Histórico, Del Maestro, Dolores, Heladio Ramírez, Infonavit 1° de Mayo, Niños Héroes, Nuevo México, Riveras del Atoyac, Santa Rosa Panzacola y Volcanes, según datos del Observatorio Ciudadano Con Seguridad Oaxaca.

 

El primero en ser detenido fue Julio N., alias “El Monster”, el 4 de noviembre de ese año. Le siguió Roberto N., alias “El Fox”, de 29 años, capturado el 21 de noviembre y Jesús N., alias “el Moncada”, de 23 años, aprehendido un día después, el 22 de noviembre. Los detenidos tenían orden de aprehensión por el delito de violación tumultuaria y homicidio calificado con premeditación y ventaja, según consta en el expediente 189/2016.

 

Siete años después de las detenciones, no hay sentencias. 

La mamá de Deysi se enfrenta al aparato de procuración de justicia del estado oaxaqueño que año tras año arroja mujeres muertas en la selva y el desierto.

 

–No los han sentenciado, uno de ellos incluso alega tortura, no me gustaría que una persona inocente estuviera presa, pero habría que demostrarlo porque hay elementos que los acusan–, explica Natalia Martínez.

 

Por varios años la mamá de Alma Deysi recibió amenazas de la madre de uno de los detenidos. Los familiares del acusado estaban relacionados con el control de centros de prostitución en el mercado de abastos de la ciudad de Oaxaca, pero poco a poco, los detenidos se fueron quedando solos en la cárcel, dejaron de tener abogado particular para quedarse con un abogado de oficio asignado por el sistema de Readaptación Social.

 

–Ahora ellos dicen que les violaron sus derechos humanos cuando los detuvieron–, dice la mamá de Alma Deysi mientras su voz de corta. Se acomoda en la silla vieja y sus pies tocan el piso de tierra que cubre su casa, bordeada por láminas de Prospera.

Nunca han dicho, yo soy inocente. No dicen yo no fui, no participé, no la violé, solo dicen me violaron mis derechos sin tener motivos. Si yo fuera inocente, al menos yo lo diría: no fui a tal lugar. Pero ellos no. Yo no sé qué tanto hacen las autoridades, en qué se basan para no consignarlos, para darles una sentencia.

 

–¿Cree que los puedan dejar libres? -le pregunto.

–Sí. Uno de ellos, que ha andado recorriendo todos los penales de Oaxaca porque es conflictivo, anda diciendo que va a salir pronto. Pero yo le prometí a mi hija que no me cansaría–, toca su camisa azul manchada por el cloro, cruza las manos, por momentos pierde la esperanza.

-Una de las gentes de ellos, anda aquí amenazando. Yo fui y hablé con uno de los testigos y me dijo le habían dicho que se calmara, si seguía hablando lo iban a matar. A matar como mataron a Deysi, como la lastimaron -ha perdido el miedo. En el rostro hay una tristeza profunda, es una madre muy sola con el corazón en las tinieblas. 

 

 

 

 

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