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Música para Camaleones | Los sobrevivientes se convertirán en asesinos

“¿Qué te deprime?

Ver a la gente estúpida, feliz.”

 

Slavoj Zizek

 

Antonio Mundaca

El Covid-19 ha expuesto, aún más, las brechas de una sociedad que no puede o no sabe cómo cambiar sus estructuras de pensamiento. Hoy el debate sobre el ejercicio de libertad propia y la del otro, puede reducirse tristemente entre quienes son los ‘policías del covid’ y los que son ‘asesinos involuntarios’ por necesidad, por capricho, por sanos, por jóvenes, mientras la ‘selección natural’ hace su trabajo.

Es la arrogancia libertaria e irresponsable de que solo aquello que nos sucede a nosotros, en nuestro círculo, en nuestra casa, en la tribu a la que pertenecemos es lo ‘demasiado importante’. Es nuestra respuesta medieval a las plagas traídas de un infierno lejano: rechazo, negación, celebrar con amigos en restaurantes o terrazas atestadas, poner en santos milagrosos sangre sobre sus piedras, volver a las orgías dionisiacas porque el mundo se nos acaba y al final la aceptación, la fragilidad de nuestras vidas, lo que Slavoj Zizek llama ‘el virus de la ideología’, ‘Vivir sin tiempos muertos, disfrutar sin trabas, como en aquel manifiesto estudiantil previo a mayo del 68’. Vivir creyendo que nos tocó una época donde podemos hacer de nuestra miseria una luz emancipadora.

Como dice Karen Rojas Kauffmann, “hemos normalizado que nos hayan convertido en ciudadanos de cuarta”, porque es lo único que conocemos, y por desgracia, solo lo descubres cuando viajas a otros países y desde esos privilegios puedes hablar que hay un mundo donde no hay seres humanos que sean carne de carroña y aquí, en nuestra colonia pobre, nos enseñaron que es normal vivir con lo que nos han dejado los que reparten el dinero público en las plazas y para hacer la vida más llevadera podemos romantizar nuestra desgracia falocéntrica.

No es normal que el Estado mexicano solo se dedique a mirar mientras los muertos se vuelven incontables, mientras nosotros elegimos aplaudir o maldecirlos. No es normal que las personas deban protestar para que les paguen por su trabajo. No es normal que tengas que elegir, si vale más que te manifiestes por las mujeres asesinadas o hagas mítines con dignidad contra un candidato violador que saqueará un estado cercado por el crimen organizado.

No es normal que los doctores deban protestar para que los vacunen, cuando llevan más de un año en la primera línea de contagio. No es normal que en medio de la desinformación, la mayoría de las personas no sepa que la pandemia durará entre 4 o 5 años, y que sus vidas desgraciadas o bendecidas, jamás volverán a ser como antes, aunque quieran, aunque se aferren a volver a sus ritos, sus celebraciones o se crean libres porque no conocen un lenguaje para articular la falta de libertad a la que han encadenado su cuerpo biológico.

Y es el tiempo para poder ser frívolos a gangas con las recomendaciones sanitarias por los muertos que no vemos, pero existen, porque los hemos tocado o  es el  tiempo para revelarnos desde el egoísmo más vil y no ser parte de ese grupo que tiene la sensación invulnerable que le otorgan las máscaras.

Nuestras luchas, nuestras rebeldías pocas veces son pensando en el otro, en el extremo: el enfermo, el desprotegido, el que no puede elegir entre protestar o morir postrado en una cama. El Covid-19, será otra desgracia más en la historia humana que no cambiará la estructura de nuestro pensamiento, pero nos mostrará como realmente somos: el verdadero rostro de lo que entendemos como amor al prójimo, ese parasito en el mundo que arruina nuestros placeres personales.

Dice Giorgio Agamben, “Nuestra sociedad ya no cree en nada más que en la vida desnuda. Dispuestos a todo con tal de no caer enfermos. Como en la Guerra Fría”. 

Es la naturaleza humana, los sobrevivientes se convertirán en asesinos.

 

 

* La imagen principal de este artículo es del fotógrafo mexicano Iván Macías que obtuvo el segundo lugar en la categoría “Retrato Individual” de la edición World Press Foto 2021 con la imagen de una doctora al finalizar su jornada atendiendo a pacientes de covid-19.

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