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AMOR DE CABARET | LA PRESIDENTA

  • Fernando Dávila ya proponía en 2019 en las cúpulas de Oaxaca la posibilidad de su hermana lo sucediera en el cargo, cuando él buscara la diputación federal por el distrito 01, porque no confiaba como antes en  Marcos Bravo y Miguel Herrera, y a Octavio Santana lo describía como las heces del perico.

Antonio Mundaca

De ganar la elección María Luisa Vallejo García “De Dávila”, volverá el davilismo a su ADN original, -lo que sea que signifique para desgracia o fortuna de Tuxtepec-, pero no por su posible victoria sino porque la suplente es Eugenia “Gyna” Bautista Dávila, y ella se convertiría en la presidenta de facto y quien movería los hilos en lo oscuro, como ya lo hizo después de la reelección del edil difunto manejando los programas sociales del ayuntamiento tuxtepecano y su enorme bolsa de dinero de manera discrecional.

La hermana del difunto Fernando Dávila quiso ser la candidata familiar cuando todavía María Luisa Vallejo sufría la crisis del duelo, pero no le alcanzó. Noé Ramírez precipitó la desbandada al asumir el poder tras la debacle de las nóminas secretas que tuvo Fernando Dávila por 4 años manteniendo a su familia dentro de ellas. Para entonces, Gyna Dávila no había crecido en la encuesta que hizo primero Movimiento Ciudadano (MC), y después el Partido Nueva Alianza (Panal) y lograron convencer a la actual candidata de continuar el legado familiar y el privilegio perdido repentinamente.

En las redes sociales la bautizaron como la hermana incómoda, aunque sería más propio llamarla la hermana acomodada. Un mote que se ganó con creces desde mucho antes que Fernando Dávila falleciera víctima de Covid-19.  Gyna Bautista ya se había convertido en la mano derecha del proyecto sucesor, y daba órdenes en los operativos de despensas. Fernando Dávila ya proponía en 2019 en las cúpulas de Oaxaca la posibilidad de su hermana lo sucediera en el cargo, cuando él buscara la diputación federal por el distrito 01, porque no confiaba como antes en  Marcos Bravo y Miguel Herrera, y a Octavio Santana lo describía como las heces del perico.

Gyna Bautista desde antes de la muerte del edil ya se había encaramado por encima del resto de los davilistas entenados. Era la encargada de la estructura política usando los recursos públicos del gobierno municipal, manejando las becas escolares, los apoyos a adultos mayores y madres solteras, y las despensas mensuales que entregaban en la colonia La Esperanza, lo colonia Siglo XXI entre muchas otras. Apoyos por lo que Gyna Bautista pidió siempre credencial de elector para armar la base social que hoy le ha servido para caminar durante la campaña, esa base social en la que confía, pueda ayudarla a ganar la elección, con la diferencia que no tendrán las carretas de dinero público que usó su hermano para ganar en 2016 y 2018.

Fernando Dávila, a pesar de haber “comprado” Movimiento Ciudadano y haber amarrado con el Grupo Jalisco su posible candidatura a la diputación por la vía electoral o plurinominal, buscaba amarrarse con el Partido Encuentro Solidario (PES) y el Partido Fuerza Por México, en ambos acuerdos siempre figuró Gyna Dávila para poder usar su filiación evangélica y el clásico discurso de “Nunca suelten la manos de dios”, siempre acompañado de la frase verdadera “nunca suelten la mano del dinero público”.

A días de la elección, el futuro del davilismo familiar está en vilo. La verdadera continuadora de ganar no será María Luisa Vallejo, ajena en mucho a las tropelías que hizo el presidente difunto y confiada en lo que le dice la cuñada y el resto de hermanos. Si gana María Luisa Vallejo, desde el primer día, Gyna Dávila empezará campaña para el 2024, si pierde posiblemente pase lo mismo, pero sin la bolsa gigante que significa el dinero público y que le fue útil al hermano caído en desgracia durante cuatro años de campaña electoral permanente.

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