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Un #8M contra las regresiones reaccionarias y por la paz

 

  • El movimiento social más potente del último siglo vuelve a las calles de todo el mundo para reivindicar los derechos ganados por las mujeres proletarias, reclamar las inequidades que aún existen y, en medio de un genocidio, erigirse como una voz contra la guerra y el odio

 

Texto: Daniela Pastrana / Pie de Página

Foto: Isabel Briseño / Archivo

 

Ciudad de México.- El movimiento de mujeres vuelve a tomar las calles, como cada 8 de marzo, para reivindicar los derechos de las mujeres trabajadoras. Este 2024, la exigencia de igualdad en el acceso a los derechos que tienen los hombres también hace eco de un reclamo mundial: detener el genocidio y la limpieza étnica de Israel en Palestina.

Distintos contingentes de plataformas que se han creado en apoyo a Palestina anunciaron su participación en la marcha que se realizara en la Ciudad de México. Convocatorias similares se han difundido en las protestas convocadas en Estados Unidos y España.

«La potencia de un internacionalismo feminista por la paz es inmensa y la única vía posible para construir una alternativa al régimen de guerra», escribió la politóloga y periodista Irene Zugasti, en un artículo publicado en Contexto y Acción.

“La paz es nuestro más urgente horizonte feminista (…) Desde el río hasta el mar, y hasta donde podamos empujar. Una paz frente a quienes quieren ver el mundo arder y beneficiarse recogiendo las cenizas. Salvar Palestina es salvarnos un poco a todas, porque sí, lo internacional es personal y esa paz es, más que nunca, una cuestión feminista”.

 

La marcha de este año también hace eco de luchas de grupos subalternos, excluídos o periféricos, y se da en medio de una fuerte batalla por la agenda feminista y de género.

Avances importantes por un lado, como el derecho constitucional al aborto en Francia o la aprobación de los matrimonios igualitarios en Grecia – el primer país que lo acepta entre los cristianos ortodoxos-.

Retrocesos graves, por el otro, como el desmantelamiento de las políticas de igualdad impulsadas en la ultima década por las feministas en Argentina.

Los riesgos de regresiones en derechos ganados por el movimiento feminista se han extendido en los últimos años. Quizá el caso más emblemático sea el de la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de anular el fallo conocido como ‘Roe contra Wade’, una decisión histórica que reconoció en 1973 el derecho al aborto hasta la semana 24 de embarazo.

Feminismo rojo, violeta, verde y arcoiris

En el derecho de la mujer se juega la disputa civilizatoria importante, dice la socióloga Teresa Rodríguez de la Vega.

En una entrevista con Alina Duarte en el programa ¿Qué Hacer? la investigadora explica que, ante el avance de los partidos de derecha, los primeros derechos conquistados que estos grupos van a atacar son los derechos sociales y particularmente los de las mujeres.

-¿Cuáles son los retos que tienen enfrenten los movimientos feministas? La feminista lo pone en colores.

Feminismo rojo. De la participación de las mujeres en la reproducción del sistema económico, «Seguimos sosteniendo con trabajo no remunerado la reproducción misma de la reproducción misma del sistema y esa es la importancia de la política pública referente a los cuidados. Se nos ha endulcorado esta idea de los cuidados y no, los cuidados como soportamos socialmente las tareas que han sido recargadas injustamente en las espaldas de las mujeres».

Feminismo morado. El que ha salido a decir alto a la violencia de género. «Tiene el gran desafío de seguir peleando por una vida libre de violencia sin caer en esquemas punitivistas que en realidad refuerzan mecanismo clasistas, racistas de impartición de injusticia».

Feminismo verde. El de la marea verde, del derecho a decidir por nuestro cuerpo. «No hay historia perenne, Argentina nos acaba de demostrar que los derechos de las mujeres son las primeras cosas que la derecha retoma».

Feminismo del arcoiris. El cruce de la agenda de la diversidad sexual y de las identidades sexogenéricas. «En eso se juega la capacidad del feminismo de de acompañar y hermanarse con las identidades sexodiversas», dice Rodríguez de la Vega.

 

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