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El Sermón del Face

Miguel A. Vázquez de la Rosa

Miguel A. Vázquez de la Rosa estudió Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Es Integrante de la directiva de Servicios para una Educación Alternativa A.C. (EDUCA) desde 1994. Formó parte de la Comisión de la Verdad de Oaxaca y fue director de Radio Universidad de 2017 a 2022.

  • Durante la visita de la presidenta Sheinbaum, también hubo otras protestas: los padres y madres de niños con cáncer que denunciaron la falta de quimioterapias, así como organizaciones sociales que hicieron evidente la falta de gobernabilidad en el estado. El mensaje en su conjunto fue por demás notorio: en Oaxaca hay carretera, pero no hay justicia.

 

Raúl Zibechi describe a los movimientos sociales con la metáfora del relámpago en medio de la noche obscura. Nos ayudan a ver y a desnormalizar la realidad, sólo que esto sucede de manera momentánea y fugaz, efímera. Y luego vuelve a obscurecerse. En un flashazo observamos las injusticias, la desigualdad, el dolor de las víctimas, la indiferencia de los poderosos, la violencia con la que convivimos todos los días.

Esto mismo aplica para la protesta social. Nos ayuda a ver lo evidente, aquello que ha estado oculto a nuestros ojos por la apabullante propaganda de los malos gobiernos.

En las actuales circunstancias y frente al hartazgo ciudadano en muchos campos de la vida cotidiana, la protesta social llega a ser molesta para la ciudadanía de a pie: el cierre de calles, la toma de edificios públicos, las marchas y los plantones, terminan por afectar a terceros. Pagan el pato quienes menos tienen que ver con la solución de un problema público. No digo que no se sigan practicando, digo que se tiene que cambiar la ecuación e involucrar en el juego a los tomadores de decisiones.

 

¿Cómo hacer que los gobiernos paguen el costo de su negligencia, de su inacción o de su complicidad con perpetradores de violencia? Yendo a su terreno, a aquellos escenarios del aplauso y la proclama, ahí donde repiten cifras engañosas y se vanaglorian de haber cumplido su misión; donde cientos de cámaras y teléfonos celulares de alta gama están expectantes al menor gesto del prócer y los discursos se trasmiten en cadena nacional y en todas las redes sociales, donde la publicidad es pagada con recursos públicos. Hasta este escenario llegó María Elena Ríos, la activista y víctima de tentativa de feminicidio, para decir: “Me rindo señor gobernador, usted gana”.

La protesta de María Elena Ríos en el acto oficial de la inauguración de la carretera Mitla-Tehuantepec, fue pacífica, pulcra y bien ejecutada. Burló el cerco de vigilancia, o encontró apoyos para hacerlo, y llegó hasta el estrado, tan sólo a unos metros de la presidenta Sheinbaum, que de acuerdo a su primera reacción quizá pensó que se trataba de un número más en el programa. El gobernador Salomón Jara, totalmente desencajado, sólo observó el performance donde él era parte de la pieza escénica.

La contranarrativa al discurso triunfalista fue: “Me rindo gobernador. Aquí mi lucha termina. Libera a Vera Carrizal. Ustedes ganan porque en Oaxaca no es tiempo de mujeres. ¡Bienvenida presidenta!”. Con esta frase colocada en una manta y un breve mensaje en el micrófono, la activista desnudó a las autoridades estatales y federales, dejando en evidencia, no sólo su poco compromiso, sino su complicidad con los violentadores, en un evento donde el “pueblo bueno” fue calificado como “porros del gobernador”.

La protesta de María Elena fue aplastante. Sus palabras dejaron sin poder articular una respuesta a su contraparte. En los movimientos de Noviolencia activa se concibe el término “meter el cuerpo” en acciones concretas por la justicia. María Elena fue a meter el cuerpo por su propia causa y la causa de muchas mujeres víctimas de violencia. Su mensaje fue poderoso y llegó a miles, o quizá millones de personas, que se enteraron a través de las noticias y de las redes sociales.

María Elena ha demostrado una destreza para colarse en escenarios públicos en donde atrae la atención de las audiencias para echar luz a una problemática y hacerla visible. Existe ya un antecedente de una protesta de la activista en el Cerro del Fortín durante la celebración de la Guelaguetza en julio de 2022.

Durante la visita de la presidenta Sheinbaum, también hubo otras protestas: los padres y madres de niños con cáncer que denunciaron la falta de quimioterapias, así como organizaciones sociales que hicieron evidente la falta de gobernabilidad en el estado. El mensaje en su conjunto fue por demás notorio: en Oaxaca hay carretera, pero no hay justicia.

La protesta social es un relámpago en medio de una noche obscura y nos ayuda a observar con claridad las injusticias, el desinterés de quienes gobiernan por atender a las víctimas y la violencia con la que convivimos a diario. Ojalá que los gobiernos lean y entiendan el mensaje.

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Fotografía Redes Sociales

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