Scriptorium
Donaldo Borja
Luis Donaldo Martínez Borja estudió la licenciatura en Filosofía. Ha sido profesor de latín y etimologías grecolatinas, español, Historia, Formación Cívica y Ética. Creador del programa de Radio Tertulias en la azotea dependiente de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y Café Filosófico Oaxaca. Es creador del Club de Lectura Tertulias en la azotea, y promotor de lectura acreditado por el Fondo de Cultura Económica.
Entre los títulos de libros casi canónicos, el término ‘arte’, ha sido uno de los quizá más emblemáticos, por ejemplo: El arte de la Guerra de Sun Tzu o El arte de Amar de Erich Fromm. La palabra ‘arte’ está relacionada con el vocablo τέχνη (téchnē), algo parecido a decir: técnica. Pero, es una técnica que se va desarrollando, que brota o sale dentro del ser humano, así, el conjunto de técnicas, después, se le llamará ciencia. Pero, en un primer lugar, toda ciencia fue arte, y todo arte fue un descubrimiento de técnicas.
El arte es, entonces, técnicas que se han ido descubriendo y se han aplicado. Aunque, también, el arte se entiende como estas disposiciones del espíritu que brotan para transformar, interpretar y reinterpretar la realidad. Así, entre la parte más técnica, brota la parte más profunda, el arte como interpretación de la realidad, la cual se plasma como una forma de permanecer en el mundo. Entiéndase con esto, que el arte es técnica, interpretación, plasmación y permanencia.
Ahora, de todo aquellos que llamamos artes, dígase las Bellas Artes (arquitectura, danza, escultura, literatura, música, pintura y cine) concepto acuñado en el romanticismo, también, existen las llamadas artes serviles, clasificadas durante la Edad Media, para designar aquellos que se empleaban en los oficios o artes mecánicas que están justamente al servicio, con fines prácticos, como la agricultura. Otra distinción, también, de la Edad Media, será el concepto de artes liberales: este conjunto de disciplinas enfocadas al conocimiento intelectual y a la formación del hombre.
Todas las artes han servido al hombre, pero, existe una que es la base de todas ellas: el arte de pensar. Pareciera paradójico que se hable de que el pensar es un arte, si todos pensamos. Y la verdad es que sí, todos pensamos, pero no todos sabemos pensar. Durante mucho tiempo sé creyó que los filósofos eran quienes tenían el sacrosanto poder de pensar. Después, con el Renacimiento, se dio mayor amplitud a los pensantes, que eran los que se apostaban por un humanismo renacentistas, filósofos y teólogos. La Modernidad con Descartes, tuvo mayor apuesta a colocar como regla la duda sobre el pensamiento, y es que dudar, era pensar, pero, la primacía de este arte se estacionaba en los intelectuales. Todavía, las épocas contemporáneas, colocaba el pensamiento en los intelectuales, al grado que las grandes dictaduras europeas del siglo XX, decidieron en acallar la voz de los académicos, otro tanto, monopolizó el pensamiento, al punto que no se podía pensar nada que no fuera pensado por el régimen.

Este brevísimo recorrido del pensar se ve “beneficiado” con la aparición de los Derechos Humanos y las afanadas libertades. Así, la libertad de opinión o de libre pensamiento, fueron el impulso, después de las Guerras Mundiales. Impulso que desarticuló a la academia y dio voz a todos. Esto planteó una oportunidad y un problema: ahora, todos pueden pensar, pero, muy pocos saben en qué pensar. La mayoría de los seres humanos piensan, pero en sus problemas y terrores, al grado que se han olvidado de “hacer” algo con lo que piensan.
En la libertad de pensar se perdió el arte. Al hombre le dijeron que era libre y al “despertar” rompió las ‘cadenas’ que le ataban. Hizo del arte de pensar, de la sentencia romántica: ¡Hombre piensa por ti mismo! Una decadencia, abriendo paso —como diría Umberto Eco— “a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad”. El arte de pensar se ha ido perdiendo, en tanto que los avances tecnológicos han suplantado el deseo infinito de conocer.
El arte de pensar no consiste en sólo pensar, sino en atreverse a pensar algo que de por sí no es evidente, que va más allá de las cosas mismas, es maravillarse por la realidad. En palabras de Arthur Schopenhauer, “El que piensa por sí mismo se forma sus propias opiniones y tan sólo más tarde conoce los testimonios de otros a este respecto, cuando no sirven más que para confirmar su creencia en ellas y en sí mismo”. El arte de pensar es mantener la libertad del pensamiento enraizado a la verdad y lo real desde la posición personal, pero estructurada.


