Sociedad y Política
Isidoro Yescas Martínez
Isidoro Yescas Martínez. Maestro en Sociología y analista político. Ha ejercido el periodismo de opinión en diversos medios locales y nacionales. Coordinador del libro No se olvida, el movimiento estudiantil de 1968 en Oaxaca.
La muerte del principal capo del CJNG, Nemesio Oceguera “El Mencho, representa, sin duda, un punto de inflexión de primer orden en la nueva estrategia de seguridad del Estado Mexicano no solamente por tratarse de un objetivo prioritario del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y de los Estados Unidos, sino porque la desaparición física de un líder criminal sin duda provocará efectos en cascada dentro de la estructura del CJNG pero sobre todo entre la sociedad, tal como se observó durante el día 22 de febrero con la violencia desatada en poco más de 20 entidades del país.
Comparado con lo ocurrido en Sinaloa, en donde persiste la ola delictiva y violenta, la primera respuesta del CJNG fue de un nivel nunca visto en México que, para fortuna de todos y todas los mexicanos y mexicanas, fue sofocada por fuerzas federales y estatales.
Sin embargo, el desafío al que desde ya poco más de tres sexenios se ha enfrentado el Estado Mexicano para no ser atrapado y/o rebasado por el crimen organizado cobra hoy una nueva dimensión, visto la capacidad de penetración que ha tenido el CJNG ( pero también otros cárteles nacionales) en las estructuras del poder político a nivel estatal y municipal en tal magnitud que hoy es común leer o escuchar análisis que refieren a la presencia omnímoda de narcogobiernos y narcopartidos políticos en México
Estamos así ante escenarios en donde a la ya endémica violencia que hemos padecido por las disputas de poder entre cárteles y la impunidad derivada de la captura de gobernadores, legisladores, presidentes municipales, regidores y dirigentes de partidos políticos, ahora habría que considerar, en un período difícil de anticipar, más violencia e inseguridad a lo larga y ancho del país.
Desde el gobierno federal se ha reiterado que nuestro país cuenta con fuerzas armadas capaces y leales para hacer frente a cualquier respuesta y desafío del crimen organizado que atente contra la seguridad de todos y todas los mexicanos y mexicanas y la gobernabilidad del país. Y ya quedó demostrado con las acciones coordinadas desarrolladas el día que cayera abatido El Mencho para desactivar los narcobloqueos e incendios de unidades de transporte y centros comerciales.

La duda que flota y ha flotado entre amplias franjas de la sociedad mexicana es si la batalla emprendida por la presidenta Claudia Sheinbaum en contra el CJGN y otras expresiones del crimen organizado también se extenderá a los gobiernos locales, señalados públicamente de estar coludidos o, de plano, ya ser una extensión de redes criminales a nivel estatal y municipal.
Sinaloa es ya, desde hace años, el principal referente de este tipo de narcogobiernos.
Oaxaca, también. O cómo explicar que de sus ocho regiones, fue en el Istmo, pero destacadamente el municipio de Juchitán, en donde las células regionales del desaparecido Mencho se sumaron a esta especie de asonada en contra del Estado Mexicano.
No olvidemos que fue en esta región en donde el gobernador Salomón Jara obtuvo a la mala el mayor número de votos a favor de su permanencia en el poder durante la consulta revocatoria.
Y es desde esa región en donde algunas figuras claves del morenismo primaveral tienen todo el respaldo del jefe del poder ejecutivo estatal para armar candidaturas a modo para la próxima contienda electoral y que, incluyen, por supuesto, la gubernatura.
¿Coincidencia?


