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El Sermón del Face

Miguel A. Vázquez de la Rosa

Miguel A. Vázquez de la Rosa estudió Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Es Integrante de la directiva de Servicios para una Educación Alternativa A.C. (EDUCA) desde 1994. Formó parte de la Comisión de la Verdad de Oaxaca y fue director de Radio Universidad de 2017 a 2022.

Durante su estancia en Oaxaca, el pasado mes de julio, Rubén Blades (Panamá 1948) se tomó un tiempo para conversar con niñas, niños y jóvenes que forman parte de la Escuela de Iniciación Musical Santa Cecilia, ubicada en la agencia Vicente Guerrero, perteneciente al municipio de Zaachila.

En este diálogo —impulsado por el secretario de Cultura de Oaxaca, Flavio Sosa Villavicencio— Rubén Blades habló con naturalidad y profundidad sobre sus referentes musicales, su madre y su abuela, las razones por las que no se dedicó a la abogacía y eligió la música, así como sobre la salsa, la cultura mexicana, su activismo social, la literatura y el arte popular.

A continuación, el testimonio de este encuentro histórico entre la leyenda de la salsa y las niñas, niños y jóvenes músicos de una de las franjas más marginadas de la zona metropolitana de Oaxaca.

“Nunca abandonen la música, ahí hay una conexión con la vida”

Vestido con ropa casual —chamarra deportiva, pantalón de gabardina, tenis y boina negra—, el autor de Pedro Navaja, una de sus obras más emblemáticas, arribó a la Alhóndiga Real, el lugar acordado con el Gobierno de Oaxaca para sostener un diálogo amable con un interlocutor infantil, quien le hizo todo tipo de preguntas para conocer más sobre su vida, sus pasiones y su vínculo con la música.

“Nunca abandonen la música, ahí hay una conexión con la vida”, les suelta el panameño a los niños y jóvenes que integran la Escuela de Música.

Lo que Rubén no sabe es que estos niños no han dejado la música desde que, en uno de sus múltiples conciertos, alguien les dijo: “ustedes son grandes, porque nosotros les llevamos basura a sus viviendas y ustedes nos regresan música”.

Así fue como esta banda de jóvenes fue reconocida en un reportaje del periódico británico The Guardian, titulado “Los músicos del basurero”, que resaltó su estoicismo, su arte musical y su capacidad de resistencia. El proyecto creció al lado del basurero a cielo abierto más grande de Oaxaca, que durante más de 40 años se utilizó como vertedero de desechos de más de 25 municipios de la zona conurbada. En la actualidad, el basurero se encuentra clausurado.

“Una injusticia es injusticia no importa quien la cometa”

Rubén Blades recuerda que su primera composición musical fue 9 de enero, un poema que escribió cuando tenía 15 años. El 9 de enero de 1964, un grupo de estudiantes marchó hacia la zona del Canal para izar la bandera panameña junto a la estadounidense. La manifestación culminó en un violento enfrentamiento que dejó un saldo de 22 muertos y más de 500 heridos. Blades rememora estos hechos con dolor e indignación: “Por eso elevo mi canto en homenaje sincero a los bravos que cayeron, a los Mártires de Enero”.

No puede negar la cruz de su parroquia: Rubén Blades proviene del activismo social. Uno de los jóvenes le pregunta por estos antecedentes:

—Se sabe que usted es activista, ¿cómo influyó eso en su música?

“Mi abuela era una feminista que luchó por el voto de la mujer, buscaba la igualdad de las mujeres. Mi abuela era mi tutora, así que viviendo con esa tutela no era difícil diferenciar lo justo de lo injusto. A mí me han llamado comunista, me han dicho subversivo. No fue fácil ser activista. No lo hice para ser popular, tampoco defiendo dictaduras sean de izquierda o de derecha. Una injusticia es injusticia no importa quien la cometa. Por eso siempre digo que a mí la política me llevó a la música”.

“Escuchen todo tipo de música”

Rubén Blades marca el ritmo de la conversación, sincero, abierto, juguetón.

—¿Quién fue su inspiración en la música? Pregunta una joven.

Rubén Blades hace una pausa y reconoce que entre quienes han influido en su música está el musico puertorriqueño Ismael Rivera y Cheo Feliciano, pero sobre todo una de sus principales inspiraciones fue su mamá. “Mi mamá fue la primera. Era una excelente cantante y pianista, pero en mi casa nunca tuvimos dinero para comprar un piano. Y si lo hubiéramos tenido, tampoco habría cabido, porque vivíamos en un cuarto muy pequeño. Aun así, no sé cómo mi mamá no olvidó lo que sabía. Cantaba, y cantaba muy bien. Cantaba mucho mejor que yo —y eso no es muy difícil—, pero diría que mi primer ejemplo fue ella”.

“Las otras influencias venían de lo que se escuchaba en la radio. Tuvimos una gran ventaja, a Panamá entraba mucha música de todo el mundo. Yo aprendí escuchando todo tipo de música, eso es sumamente importante también para ustedes, se lo recomiendo, escuchen todo tipo de música”.

“Para sobrevivir hay que tener empatía”

La madre de uno de los muchachos, con la voz cargada de emoción y timidez, le pide que les cante algo, ahora que lo tienen tan cerca. El panameño sonríe, no duda ni un segundo, y sin más ceremonia se lanza a capela con Amor y Control, una de esas canciones que parecen salirle del alma:

 

De la mano del señor, un hombre joven caminaba


Cabizbajo y luciendo arrepentido


Él era la causa de una discusión familiar


De la que nos enteramos al oír al señor gritar:

“Aunque tú seas un ladrón y aunque no tienes razón


Yo tengo la obligación de socorrerte


Y por más drogas que uses y por más que nos abuses


La familia y yo tenemos que atenderte”.

 

“En Amor y Control yo no escribí sobre mi dolor, solamente escribí sobre el dolor de otros. Los problemas son comunes en todas partes y hay que tener empatía. Eso es importante para sobrevivir”, explica.

“La salsa es la música del pueblo”

—¿Por qué escogió el género de la salsa para contar sus historias? Cuestionan al cantautor.

Reconoce que de joven lo primero que le llamó la atención fue el rock, sin embargo, “el género que más familiar me resultaba era la salsa, porque era la música del barrio, la que se escuchaba en cada esquina. La salsa es ritmo, es movimiento, es acción, no es música de reflexión. Está dominada por la clave, y eso también me impone ciertos límites. La salsa es música del pueblo”.

Para Rubén Blades, la cultura general se adquiere leyendo. Reflexiona en voz alta en torno a que la literatura y el arte popular no son opuestos, sino expresiones complementarias de una misma sensibilidad cultural. Durante el diálogo habló sobre sus aficiones: le gusta escribir, pintar y jugar dominó. Si no hubiera sido músico, habría sido abogado. También le apasionan la arqueología y la paleontología.

Músico en vez de abogado

—¿Por qué se dedicó a la música o no a la abogacía?

“Me preguntas lo mismo que me decía mi mamá”. Responde con humor el autor de El padre Antonio y el monaguillo Andrés.

“Yo estudié en una universidad pública, pero era muy difícil conseguir los libros de derecho. En ese tiempo cantaba con el grupo Los Salvajes del Ritmo. Una vez me encontré a mi maestro en una fiesta. Al regresar del fin de semana a la escuela el decano me preguntó: ¿usted va a ser músico o abogado? Entonces no puede andar cantando por ahí. En el 1973 mi familia tuvo que salir de Panamá por un problema con el general Manuel Antonio Noriega. Yo estaba haciendo mi tesis, terminé mi tesis, la sustenté y me fui a Florida con la familia. Pero ahí no podía trabajar como abogado. Trabajé en las oficinas de correo de Fania Records, en Nueva York, mientras estudiaba en la Universidad de Harvard”.

En ese lugar Johnny Pacheco escuchó una de sus grabaciones. Esto marcó el inicio de la carrera internacional de Rubén Blades.

El músico y activista compartió reflexiones profundas con los niños y jóvenes, abordando temas cruciales para su formación. Habló sobre la importancia de la responsabilidad afectiva en las relaciones de pareja, el impacto social del embarazo adolescente en Panamá, y los riesgos del consumo de drogas. También subrayó que la educación es un proceso continuo, que no termina nunca. Finalmente, los alentó a seguir cultivándose a través de la música, la literatura y la cultura general.

En este diálogo con las niñas, niños y jóvenes de Escuela de Iniciación Musical Santa Cecilia de la agencia Vicente Guerrero, estuvo presente, además del secretario de Cultura, el gobernador de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, y el padre José Rentería, precursor de este proyecto comunitario, además de Modesta Hernández López, presidenta de la asociación Armonía, Juventud y Comunidad.

Al finalizar este intercambio amistoso, el activista panameño se comprometió a realizar una donación importante a la Escuela de Iniciación Musical Santa Cecilia, que ha contado con el apoyo del sacerdote José Rentería, así como de diversos donantes que han sostenido esta obra social y artística.

 

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Nota.- Este encuentro se realizó el 30 de julio de 2025, en la Real Alhóndiga de Antequera, Centro Histórico de Oaxaca.

Fotos y texto: Miguel Ángel Vásquez de la Rosa.

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