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Scriptorium

Donaldo Borja

Luis Donaldo Martínez Borja estudió la licenciatura en Filosofía. Ha sido profesor de latín y etimologías grecolatinas, español, Historia, Formación Cívica y Ética. Creador del programa de Radio Tertulias en la azotea dependiente de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y Café Filosófico Oaxaca. Es creador del Club de Lectura Tertulias en la azotea, y promotor de lectura acreditado por el Fondo de Cultura Económica.

Desde tiempos remotos ha existido la figura del “informador”, o en otros casos, la figura del “presentador”, al fin y al cabo, ambos terminan mostrando algo que en el sentido común es posible llamar: información. La figura de alguien que da a conocer datos sobre algunos acontecimientos ha traspasado el tiempo, y los oficios como el del historiador o del periodista, cobran sentido cuando de forma paralela, se hace un trabajo sobre lo ocurrido y, desde luego, este se da a conocer.

El historiador, por su parte, pretende saber las causas temporales de un suceso en relación al pasado y al presente. Actualiza el acontecimiento y, de algún modo, lo vuelve material, hasta cierto punto maleable, pero, sigue siendo inexistente por sí mismos, y sólo, puede llegar a existir a través de sus fuentes. Pongamos un ejemplo, el llamado Abrazo de Acatempan, ocurrido el 10 de febrero de 1821. Dicho abrazo como tal, en este momento presente no existe, sólo pervive en la memoria como dato, fecha, información o acontecimiento. Empero, sí puede existir, a través de libros, diarios, informes, testigos que vieron dicho abrazo. Así, el acontecimiento histórico tiene una vivencia sólo cuando la memoria, sea individual o colectiva, trae del pasado al presente lo que ha ocurrido. En términos simples, el oficio del historiador consiste en la búsqueda de la reconstrucción de los acontecimientos.

Ahora, bien, así como existe la persona que trabaja con el pasado para informar en el presente, existe, también, un oficio, una persona, que estudia el presente para informarlo en el aquí y en el ahora. Esta persona es el periodista, el que anuncia y denuncia —mientras este comprometido con la causa— sobre lo que acontece en el presente. El periodista informa para formar en los receptores de la información presentada, un ángulo de lo que ha ocurrido en un pasado próximo (presente relativo). Así, el periodista, ante un acontecimiento recupera los hechos más próximos al espacio-tiempo, para tratarlos y ofrecerlos como un acontecimiento noticioso. Aquí cabe como ejemplo, Chander, el niño futbolista fusilado por policías, trabajo de Antonio Mundaca y Karen Rojas, que recopila y trata el asesinato de un menor, así como las horas trágicas de la madre de este, y desde luego, la denuncia pública sobre el actuar de los policías. Con este trabajo, no sólo se busca informar, sino contar una tragedia que, si bien se volverá histórica y tendrá sus propias fuentes, por medio del trabajo periodístico, que emplea el pasado próximo o presente relativo, este acontecimiento adquiere vigencia, y porque no, vitalidad. Así, el acontecimiento es existente y real por sí mismo. Siempre y cuando tenga como condición el pasado próximo.

El historiador, Marc Bloch —padre de la Escuela de los Annales— en su obra póstuma Apología para la historia o el oficio del historiador, en su primer capítulo, hace un balance del pasado y del presente. De modo anecdótico hace una distinción entre los acontecimientos y la forma de ser tratado. Estableciendo así, que la información sobre los acontecimientos más lejanos en el tiempo se le denomina historia; por otro lado, lo ocurrido en un pasado medianamente lejano, se puede llamar política —no en el sentido ordinario vinculado a los gobiernos y gobernados, sino bajo la connotación de lo social y los estructural; y, por último, lo ocurrido en un presente relativo o pasado próximo, que se le denomina periodismo.

Estas distinciones de historia, política y periodismos, permite, entonces, hablar del tratamiento de la información. Aquí, el paralelo del historiador es el periodista, ambos trabajan con los acontecimientos. El primero, busca por medio de la reconstrucción, acomodar las cosas, como un rompecabezas, para obtener un acercamiento aproximado de la la verdad de lo ocurrido. El segundo, el periodista, al tener la información más presente, organiza, estructura, y más que reconstruir, muestra, lo ocurrido tal cual sucedió. Así, el periodista tiene algo de historiador, y el historiador, tiene algo de periodista, ambos, encuentran en la crónica, como género literario, el punto de unión que facilita tratar lo que ha ocurrido.

A modo de conclusión, el oficio del periodista y del historiador es contar, dar a conocer, lo que sucedió y está sucediendo. Por amor a la verdad, ninguno debería de callar, más bien, deberían de trabajar en comunión para que todo aquel que conozca lo que ha ocurrido lo tenga presente en la memoria y nunca sea olvidado. Por ello, el oficio del historiador y del periodista —si se permite la analogía— es un acto de amor, es decir de lo ocurrido —parafraseando al filósofo Gabriel Marcel— “Tú nunca morirás”, es hacer memorable aquello que pasa y ha pasado.

 

**Vicky Gómez, mamá de Alexander Martínez “Chander” futbolista oaxaqueño de 16 años, asesinado por la policía municipal de Acatlán de Pérez Figueroa, Oaxaca, en 2020.

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