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Veredas Psicosociales
Veredas Psicosociales es una organización de mujeres que acompaña proyectos de vida digna y contrarresta los efectos de las violencias y desigualdades desde el feminismo y una perspectiva psicosocial.
Con la reciente nueva ola del conservadurismo de la derecha es cada vez más común ver en las redes sociales discursos que perpetúan la división binaria de género, movimientos trans-odiantes, movimientos de hombres promoviendo abiertamente la violencia hacia las mujeres, hombres en altos puestos de poder promoviendo ideas de una supuesta diferencia de razas e invitaciones a la violencia como forma adecuada de resolver conflictos, etc.
Hay todo un movimiento estructurado que en los últimos años ha tomado mucha fuerza, los nombrados incel, este término proviene del inglés involuntary celibate, es decir, célibe involuntario. Quienes se identifican con este término afirman vivir sin relaciones sexuales ni afectivas, a pesar de desearlas. Lo que comenzó como un espacio para compartir frustración emocional y aislamiento social ha derivado con el tiempo en una subcultura profundamente misógina y peligrosa que ha llevado a cometer actos de extrema violencia en el último año.
En esta columna buscamos abrir una reflexión con los hombres para cuestionar creencias que han aprendido y que vale la pena revisar.
Pensar que todo esto está pasando puede resultar aterrador, pero al mismo tiempo empieza a hacer sentido. Esta creciente ola de conservadurismo, muchas veces difundida como propaganda, responde a la necesidad de ganar simpatizantes. Como señala Ignacio Martín-Baró (1990), quienes han ejercido violencia o tortura necesitan sostener prejuicios que deshumanicen a sus víctimas y buscan que otras personas también los adopten.
Una de las estrategias más fuertes del patriarcado es hacernos creer que existe por y para todos los hombres. Rita Segato (2018) explica que el poder suele operar desde la opacidad y el encubrimiento: quienes tienen privilegios y los comparten entre sí manejan códigos y acuerdos poco visibles, difíciles de identificar y, por lo mismo, de cuestionar.

Es por esto que planteamos la urgencia de que más personas se cuestionen lo que está pasando y se sumen a levantar la voz. Especialmente los hombres, pues son quienes más ejercen violencia sobre los distintos tipos de vida humana y no–humana; mientras que las mujeres son quienes más se involucran e inciden en las diversas formas de defensa de la vida.
Navarro y Gutiérrez (2019) señalan que hay mucha evidencia de que, en la mayoría de los casos, son las mujeres quienes, desde sus propias comunidades, impulsan las luchas en defensa de la vida. Con frecuencia, ellas van más allá de los acuerdos y formas de organización tradicionales –como sindicatos, comités o comisariados ejidales— que suelen estar marcadas por la participación de sus compañeros varones.
Con esto no queremos decir que los hombres no estén en la lucha. Más bien, pensamos que muchas veces hay una resistencia a renunciar a los privilegios que ofrece el patriarcado, lo que también dificulta reconocer cómo se entrelazan distintos sistemas de dominación. Si entendemos el patriarcado como parte de un entramado más amplio, sostenido junto con otros sistemas de opresión como el capitalismo y la colonización —como señalan Raquel Gutiérrez Aguilar y Lorena Navarro Trujillo—, entonces podemos ver que no le conviene ni le interesa proteger a todos los hombres.
Distintos feminismos han señalado que no todos los hombres pueden ser patriarcas. Esto porque el patriarcado no solo implica control sobre el cuerpo de las mujeres, sino también sobre los medios de producción y sobre instituciones como la iglesia, el Estado y la academia, donde este poder se hace visible y se sostiene.

Como sabemos, y la historia lo demuestra, no todos eran considerados hombres en un inicio y por lo tanto ni siquiera eran sujetos de derechos.
Los pueblos indígenas de América y las personas negras esclavizadas fueron considerados no humanos desde la mirada de los colonizadores. No eran vistos como hombres y mujeres, sino como “machos” y “hembras”. Es decir, a los varones se les trataba como animales o salvajes, como si no fueran humanos por no ser hombres. Al mismo tiempo, también fueron sometidos a un proceso que se ha llamado “feminización” de los “hombres” colonizados: una forma de humillación atrubuyendoles pasividad sexual bajo amenaza de violación.
Esta tensión —entre ser vistos como hipersexuales y, a la vez, como pasivos— muestra una de las formas en que se ejerció el control y la dominación sobre los hombres colonizados, como explica María Lugones (2011).
Habría que abrir la reflexión con los compañeros hombres respecto a los efectos e impactos del patriarcado en ellos. Segato (2018) advierte que las primeras víctimas del mandato de masculinidad son los hombres y que esta es la razón por la que viven menos en todos los países del mundo; porque sufren y no pueden percibir su propio sufrimiento, por lo que tampoco pueden tratarlo. Al no poder expresarlo, cancelan la percepción de su dolor físico y de su dolor psíquico.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México en el 2024 las principales causas de muerte en hombres son: homicidio y enfermedades del corazón (esto está ligado directamente a la gestión de lo emocional). Se tiene registro de 29, 993 homicidios de hombres, entre las principales causas destacan; agresión por ahorcamiento, estrangulamiento y sofocación, agresión con disparo de armas de fuego y agresiones con objetos cortantes. Estos homicidios están estrechamente vinculados con el crimen organizado, se registró una tasa de 46 homicidios por cada 100,000 hombres. Los hombres son las principales víctimas de estos delitos, con una tasa notablemente más alta que la de las mujeres, que fue de 5.6 por cada 100,000 en el mismo periodo.
Estos datos respaldan la propuesta de Segato (2018), que nos lleva a pensar en la importancia de que los hombres entren a las luchas contra el patriarcado, no por nosotras ni para protegernos de la violencia de género, sino por ellos mismos, para librarse del mandato de masculinidad, que los lleva a la muerte prematura en muchos casos y a una dolorosa secuencia de actos para “tener que probar” su fuerza y su poder, de por vida.
Sin duda, ante los contextos violentos cada vez más recrudecidos que estamos enfrentando, hay una emergencia por la proliferación de luchas por lo común y en defensa de la vida para contrarrestar los impactos de los sistemas de opresión, teniendo una lógica que destruya el complejo capitalista-patriarcal y colonial.
Diversas luchas y movimientos sociales como los feminismos, la ecología crítica, luchas descoloniales, entre otras, han venido señalando e insistiendo en la importancia de reconocer nuestra interdependencia. Navarro y Gutierrez (2019) apuntan a que hay que recuperar-nos en el tejido de la vida, desalienando, rehabilitando y sanando parcialmente los cuerpos y territorios desgarrados por los efectos que el despojo múltiple –con las separaciones y mediaciones que supone– ya ha dejado a su paso.
De aquí nuestra precisión de subrayar la necesidad de que cada vez más hombres se sumen a la lucha, al cuestionamiento de sí mismos y de lo que les atraviesa. Mirando a un horizonte más esperanzador, Stephan y Chenoweth (2011) señalan que solo basta con que el 3.5% de la población participe activamente en protestas para que ocurran cambios políticos significativos.
Bibliografía:
- Chenoweth, E., & Stephan, M. (2011). Why civil resistance works: The Strategic Logic of Nonviolent Conflict (Columbia Studies in Terrorism and Irregular Warfare). Editorial de la Universidad de Columbia.
- Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2025). Defunciones por homicidio. Recuperado el 2025 de https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2025/edr/DH2024_RR_Ene-dic. pdf
- Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2024). Estadísticas de defunciones registradas. Recuperado el 2025 de https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2024/EDR/EDR2024_1erT.pdf
- Lugones, M. (2011). Hacia un feminismo descolonial. La manzana de la discordia, 6(2), 105-119.
- Martín-Baró, I. (1990). Psicología social de la guerra: trauma y terapia: El impacto psicosocial de la guerra. UCA EDITORES.
- Navarro, M. L., & Gutiérrez, R. (2019). Producir lo común para sostener y transformar la vida: algunas reflexiones desde la clave de la interdependencia. Confluencias, 21(2), 298-324.
- Navarro, M. L., & Gutiérrez, R. (2018). Claves para pensar la interdependencia desde la ecología y los feminismos. Bajo el Volcán, 18(28), 45-57. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=28659183004
- Segato, R. (2018). Contra-pedagogías de la crueldad (1.a ed.). Prometeo Libros.


