Fuera de Cuadro
Ana Luisa Cantoral
Ana Luisa Cantoral es periodista con 25 años de experiencia en investigación y análisis informativo. Especializada en temas sociales, políticos y de salud pública, ha desarrollado una trayectoria en periodismo de denuncia y crónica deportiva. Su trabajo se distingue por el rigor, la claridad y el compromiso con la información..
En Oaxaca la disputa por el poder nunca termina cuando acaba una elección, los grupos cambian de partido, los nombres se acomodan y los viejos liderazgos buscan nuevos caminos para mantenerse vigentes. El encuentro atribuido a Ivette Morán de Murat con empresarios para expresar su interés por competir por la gubernatura volvió a poner sobre la mesa una discusión que incomoda a muchos, es decir, quién representa realmente un cambio y quién solo busca regresar con otro color político.
Salomón Jara aprovechó el momento para fijar postura y desde las mañaneras señaló que, aunque algunos priistas hoy militen en Morena, mantienen formas de hacer política que, desde su perspectiva, pertenecen al pasado, acercamientos con grupos de poder, poca presencia en las comunidades y desconocimiento de las necesidades reales de la población.
El señalamiento tiene un peso especial porque viene de un movimiento que llegó al gobierno prometiendo romper con las prácticas de las administraciones anteriores. Morena construyó buena parte de su fuerza política en Oaxaca a partir del rechazo al viejo régimen priista, pero también ha enfrentado críticas cuando recurre a símbolos culturales, eventos masivos o imágenes con pueblos originarios como parte de su promoción.
La discusión sobre los trajes regionales, las fotografías, videos y los mensajes sobre las comunidades indígenas no pertenece a un solo partido. En Oaxaca, durante décadas, distintos gobiernos han usado la cultura como una forma de acercarse a la gente. La diferencia está en si esa cercanía se queda en una imagen o se refleja en decisiones, obras y atención constante.
Del otro lado, el grupo Murat intenta conservar presencia política después de haber gobernado el estado durante seis años. Su experiencia administrativa y sus vínculos con sectores empresariales son parte de sus fortalezas, pero también enfrenta el recuerdo de una etapa donde Oaxaca mantuvo problemas como pobreza, desigualdad y falta de servicios suficientes en muchas regiones.
En términos políticos fríos, lo que está en juego no es quién tiene la razón moral, sino quién logra convencer a la sociedad de que está vez sí serán la diferencia.

Para los oaxaqueños la confianza no se hereda por apellido, cargo o partido, sino que se construye cuando las decisiones llegan a las comunidades, cuando los servicios mejoran y cuando las promesas dejan de ser solo palabras.
La molestia social no nació con esta disputa, sino que viene de años de gobiernos que han ofrecido transformación, desarrollo y cercanía, mientras muchas regiones siguen enfrentando carencias que parecen no tener fin.
Por eso el análisis actual no solo enfrenta a dos grupos políticos; también expone el cansancio de una ciudadanía que ha visto pasar distintos colores sin sentir un cambio profundo en su vida diaria.
El desafío para cualquier proyecto que aspire a gobernar Oaxaca será convencer con hechos, la gente conoce los discursos, reconoce las estrategias y observa los movimientos, luego entonces, lo que está por definirse no es quién tiene la mejor frase, sino quién puede demostrar quien tiene la capacidad y voluntad para responderle.

