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  • La región chinanteca de Oaxaca concentra más de 30 Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación que protegen selvas y bosques donde aún sobreviven especies en riesgo como el jaguar, el tapir y el mono araña. Especialistas y comunidades señalan que la conservación comunitaria se ha convertido en una herramienta clave frente al cambio climático y la pérdida de biodiversidad en la región.

 

Karla Arrazola /

Fotos: Pie de Página /

 

Tuxtepec, Oax.– En una de las regiones con mayor riqueza biológica de México, comunidades indígenas de la Chinantla, en Oaxaca, han logrado la conservación de más de 60 mil hectáreas de selvas tropicales y bosques mesófilos mediante esquemas de protección voluntaria impulsados desde hace más de dos décadas. El esfuerzo, reconocido por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) en el marco de su 26 aniversario, ha permitido mantener hábitats fundamentales para especies amenazadas como el jaguar, el tapir y el mono araña, además de preservar ecosistemas estratégicos para la captación de agua y la mitigación de los efectos del cambio climático.

La Chinantla, ubicada en la Cuenca del Papaloapan, es considerada una de las regiones ecológicas más importantes del país. Diversos estudios la identifican como la tercera extensión más grande de selva alta perennifolia en México y una de las zonas con mayor cobertura de bosque mesófilo de montaña, ecosistemas que albergan una extraordinaria diversidad biológica y que enfrentan presiones crecientes por el cambio de uso de suelo y el cambio climático.

De acuerdo con información proporcionada por la oficina regional de la CONANP, en la Chinantla existen actualmente más de 30 Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación (ADVC), una figura federal que permite a ejidos y comunidades proteger legalmente sus territorios sin necesidad de un decreto gubernamental. Estas áreas suman poco más de 60 mil hectáreas bajo conservación y representan uno de los mayores esfuerzos de protección comunitaria en Oaxaca.

La relevancia de estos territorios va más allá de la superficie protegida. En sus selvas y bosques habitan especies consideradas prioritarias para la conservación, entre ellas el jaguar (Panthera onca), el tapir centroamericano (Tapirus bairdii) y el mono araña (Ateles geoffroyi), todas catalogadas en alguna categoría de riesgo. La permanencia de poblaciones viables de estos animales es vista por especialistas como un indicador de la salud ecológica de la región.

Durante una entrevista con medios regionales, Pavel Palacios, director regional de la CONANP en la Chinantla, destacó que la conservación en Oaxaca tiene una particularidad pues más del 80% del territorio estatal pertenece a ejidos y comunidades agrarias. Por ello, explicó, la protección de los ecosistemas depende en gran medida de las decisiones colectivas que toman los pueblos sobre el manejo de sus recursos naturales.

La estrategia ha permitido fortalecer procesos comunitarios que, en muchos casos, existían desde antes del reconocimiento oficial. Las ADVC se sustentan en acuerdos de asamblea, reglamentos internos y prácticas tradicionales que limitan actividades como la cacería, la tala o la expansión de la frontera agrícola en zonas consideradas prioritarias para la biodiversidad. Diversos estudios han señalado que estas áreas funcionan además como corredores biológicos que favorecen la movilidad de especies entre diferentes ecosistemas de la región.

Uno de los resultados más visibles ha sido el monitoreo constante de fauna silvestre mediante sistemas de fototrampeo. La información obtenida durante varios años permite evaluar tendencias poblacionales y detectar posibles amenazas. Según la CONANP, la presencia recurrente de grandes mamíferos y felinos en los registros es una señal de que las acciones de conservación mantienen condiciones adecuadas para la supervivencia de estas especies.

La región registra algunos de los mayores niveles de precipitación del país y desempeña un papel fundamental en la regulación hídrica de la Cuenca del Papaloapan. De acuerdo con especialistas, la conservación de sus bosques y selvas contribuye a reducir la vulnerabilidad de las comunidades frente a fenómenos extremos asociados al cambio climático, como sequías, lluvias intensas y huracanes.

 

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