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Fuera de Cuadro

Ana Luisa Cantoral

Ana Luisa Cantoral es periodista con 25 años de experiencia en investigación y análisis informativo. Especializada en temas sociales, políticos y de salud pública, ha desarrollado una trayectoria en periodismo de denuncia y crónica deportiva. Su trabajo se distingue por el rigor, la claridad y el compromiso con la información..

Flavio Sosa Villavicencio apenas había tomado el micrófono en la Plaza de la Danza cuando una parte del público comenzó a chiflar, insultar y gritar. El discurso preparado para inaugurar la máxima fiesta de Oaxaca quedó sepultado por una reacción que el gobierno no vio venir, en pocas palabras, el gobierno descubrió que hay episodios de la historia que no desaparecen con un nombramiento.

La ceremonia con la que el gobierno pretendía abrir la máxima celebración cultural del estado terminó recordando algo que sigue sin resolverse, Oaxaca no ha olvidado, y la escena de anoche fue mucho más que un momento incómodo para el funcionario.

Fue el choque entre el discurso institucional y la memoria de una parte de la sociedad.

El gobierno eligió a Flavio Sosa para dar la bienvenida a las fiestas de la Guelaguetza con un mensaje sobre la belleza, la identidad y la cultura de Oaxaca. Sin embargo, apenas comenzó a hablar, quedó claro que su presencia sigue despertando el mismo rechazo que respaldo, casi dos décadas después del conflicto social de 2006.

Ese episodio dividió profundamente al estado. Durante varios meses hubo bloqueos, barricadas, enfrentamientos, pérdidas económicas, cierre de empresas, suspensión de actividades y una crisis política que colocó a Oaxaca en la atención nacional e internacional. A casi veinte años de distancia, los recuerdos siguen provocando posiciones encontradas.

No se trató únicamente de un funcionario interrumpido durante un discurso, lo que salió a flote fue una parte de la historia que todavía se siente en Oaxaca.

Es ahí, dónde aparece el error del gobierno, ninguna administración puede decidir qué capítulos del pasado conservan los ciudadanos ni cuáles deben dejar atrás. Puede construir una historia distinta, cambiar a los protagonistas o presentar nuevos símbolos, pero eso no modifica los recuerdos de quienes vivieron aquellos acontecimientos.

Los abucheos no alterarán el desarrollo de la Guelaguetza. La fiesta seguirá siendo el principal escaparate cultural de Oaxaca y uno de los encuentros más importantes de México. Las delegaciones continuarán llenando de color las calles y miles de visitantes disfrutarán una tradición que distingue al estado en el mundo.

Pero la imagen que quedará registrada del arranque de esta edición será otra, y no será sin duda la del discurso preparado para inaugurar las festividades.

Sino la de un secretario de Cultura que no pudo terminar de hablar porque una parte del público decidió responderle desde la memoria.

Al final, el discurso era lo de menos, la decisión que realmente quedó bajo los reflectores fue quién había sido elegido para pronunciarlo.

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