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Scriptorium

Donaldo Borja

Luis Donaldo Martínez Borja estudió la licenciatura en Filosofía. Ha sido profesor de latín y etimologías grecolatinas, español, Historia, Formación Cívica y Ética. Creador del programa de Radio Tertulias en la azotea dependiente de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y Café Filosófico Oaxaca. Es creador del Club de Lectura Tertulias en la azotea, y promotor de lectura acreditado por el Fondo de Cultura Económica.

  • El mito es una bisagra que conecta dos mundos paralelos. La riqueza del mito es que es palabra, hoy escrita, con la posibilidad de ser resucitada, y darnos un significante de lo que está plasmado a perpetuidad.  El mito pervive hasta nuestra época porque nos da esperanza, nos libra de la nada, de la angustia, del vacío y la incertidumbre. El mito nos calma el temor a la muerte, nos seda el dolor que infringe la vida: el de vivir.

 

La disputa entre dioses, uno maya y otro griego; la llegada del huracán Beryl y las inundaciones han despertado entre los cibernautas: la resurrección de los mitos. Si Torquemada estuviera en nuestros tiempos, con la ferocidad de su sistema inquisitorial, todos estuviéramos asados, y no por el calor. Pareciera, y nótese la ironía, que en la época de la cristianización, de la ciencia y la tecnología en la que vivimos, la disputa por la estatua de Poseidón es un hecho de volver al pasado mitológico.

Pero ¿qué tiene que ver los mitos en la era moderna? ¿No son cosa del pasado o del pensamiento mágico que se vivía? ¿O es que el positivismo de Comte no dejó en claro el hecho de que la etapa teológica o ficticia ya pasó? Entre todos estos melindres, el mito, sigue presente. Y es que, desde las productoras como Warner Bros, que en 2010, saca en cines el film Clash of the Titans, o para el bajo mundo de los no angloparlantes, Furia de Titanes, nos hizo entender que los “dioses”, siguen, de algún modo, entre nosotros.  El Mito según el Diccionario de la Lengua Española, es una: “narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad”. Sin embargo, el mito, desde la perspectiva de Hugo Francisco Bauzá, en un comentario bien atinado, puntualiza de manera tajante que el puro término “mito” “ha invadido el ámbito de lo cotidiano, se […] utiliza incluso hasta en los sitios más insospechados”. La sociedad, por lo menos la hispanoparlante ha volcado al mito en una vertiente polisémica, que en vez de ser una categoría propia para el estudio de las culturas antiguas, termina siendo una palabra que se banaliza, pierde su carácter de sacralidad y se vuelve un relato de maravillas ficticias.

El mito, como una categoría, una narración que nace de la oralidad y se va trasmitiendo de generación en generación hasta, no sé si por desgracia, colocarse por escrito. Y digo esto último, porque, la sentencia de Pablo de Tarso con respecto a la escritura de textos orales, tiene razón de ser. Dice Pablo de Tarso que “la letra mata”, y es que parece que la escritura encriptada, ayuda a que algo permanezca, pero en el caso de la narrativa oral, por naturaleza, la va secando. Por el momento, mucho de los mitos que tenemos a la mano, están justamente escritos, y esas narraciones escritas, sin ayuda de la voz, de la palabra viva, se vuelven narraciones sin significante, pero con significado, es decir, sabemos que significan las palabras, pero no la “energía” que estas contienen.

Pienso al mito como una explicación de distintos fenómenos. Explicación que “no puede ser comprobada. Pero el hecho de que no sea comprobada, no significa que no sea verdad.” El mito es una narración oral que intenta explicar los fenómenos de las cosas existentes, entre ellas, al ser humano. El valor del mito es que juega con una parte sagrada y una parte humana, pensemos en los mitos prehispánicos o griegos: los hombres y los dioses, los dioses y los hombres, y es que el mito es una bisagra que conecta dos mundos paralelos. La riqueza del mito es que es palabra, hoy escrita, con la posibilidad de ser resucitada, y darnos un significante de lo que está plasmado a perpetuidad.

Siguiendo a Bauzán: “Las narraciones míticas surgen como proyecciones del hombre contra la angustia y el temor, especialmente, el temor a la muerte que no es solo la finitud, sino la angustia que provoca el desconocimiento de lo por venir”. Y es que los mitos, indirectamente ofrecen utopías. Aquí cabe hablar, sobre una pregunta que le hicieron a Eduardo Galeano sobre la utopía, y que él contesta con una frase de Fernando Birri: “la utopía sirve para caminar”. Podemos aquí entender, que la utopía está en el horizonte, el mito nos acerca a lo realizable, nos hermana, nos hace sentir que estamos próximos a lo que buscamos, y nos hace caminar bajo la dinámica que, allá en el horizonte, el Olimpo, los trece cielos, o el Cielo, se encuentra algo o alguien esperándonos y calmando el dolor que infringe vivir. Por lo tanto, el mito nos da esperanza, esto a través de su narración oral, que une lo divino o heroico con lo humano, que explica lo real con relación a una realidad diferente, librándonos de la nada, el vacío y la incertidumbre.

Y por si sí o si no, mejor calmar a Poseidón o Chaac es lo conveniente, y esto nos comprueba, que lejos de ser una sociedad tecnócrata o científica, cristiana o atea, pervive en nosotros, de manera inconsciente, una búsqueda de evitar la desgracia, de vivir bien y en armonía.

 

Citas: 
1. Bauzán, F. H., Qué es un mito: una aproximación a la mitología clásica, FCE, Argentina, 2012, p. 19.
2. Cor 3, 6.
3. Bauzán, F. H., Qué es un mito: una aproximación a la mitología clásica, FCE, Argentina, 2012, p. 22.
 4. Ibid., p. 31.

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