Scriptorium
Donaldo Borja
Luis Donaldo Martínez Borja estudió la licenciatura en Filosofía. Ha sido profesor de latín y etimologías grecolatinas, español, Historia, Formación Cívica y Ética. Creador del programa de Radio Tertulias en la azotea dependiente de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y Café Filosófico Oaxaca. Es creador del Club de Lectura Tertulias en la azotea, y promotor de lectura acreditado por el Fondo de Cultura Económica.
Es ya de conocimiento común el trágico resultado de la tan nombrada Prueba PISA 2026, donde a México no le fue como se esperaba. Y al tener resultados que se canonizan como «lamentables», «sumamente devastadores», «el peor en años» y una caterva de apelativos que dejan traslucir una lamentable realidad, las culpas —más que el deslindamiento de responsabilidades— recaen sobre dos factores comunes: los maestros y el gobierno. Pero la otra cuestión aquí es: ¿quiénes están realmente haciendo la crítica?, ¿será que los críticos fervorosos se dedican a la docencia?, o ¿es que bajo la nomenclatura de «especialista en educación» se autoriza realmente a ejercer su opinión? De tajo, los culpables somos todos.
La afirmación «todos somos culpables» salpica tantas responsabilidades como culpas. Porque aquellos que no tienen hijos o que no tienen nada que ver con la educación se podrían preguntar: ¿y yo qué tengo que ver en esto? Por otro lado, los gobiernos, independientemente de cuáles sean, siempre han ejercido una violencia estructural —unos más que otros— invirtiendo en unas áreas más que en otras, donde salud y educación, en muchas ocasiones, se han convertido en las menos favorecidas. Esto abre una cuestión: ¿realmente el gobierno es el único culpable de los resultados?
Desde la aparición del plan de estudio bajo el epíteto de Nueva Escuela Mexicana, las críticas por parte de todos hacia este modelo han sido la manera fervorosa de atacar las reivindicaciones. Porque si bien han existido tantos desaciertos en el presente gobierno, un elemento rescatable puede ser dicho modelo. Es interesante que la crítica viene de quienes no se dedican a educar y que ahora adjudican la culpa a dicho modelo. Y he ahí el dilema: convivimos con una generación estupidizada por la tecnología; afectada por los daños colaterales de los movimientos emotivistas; lacerada por una falta de ejercicio del pensamiento crítico que no se incita en la escuela y menos en casa. Y los que critican al modelo, a los resultados, a los alumnos y a los docentes, no hacen nada por combatir los dilemas mencionados.

Cabe aclarar que no defendemos al gobierno, sino que colocamos el punto de crítica en lo que tanto se nos olvida para buscar una solución a nuestro problema: la disciplina académica. Desde entrado el siglo XXI, la educación tuvo un vuelco y pasó a ser más observada que nunca, priorizando al alumno frente a todo. Y vaya, eso está bien, pero rompe un equilibrio y abre brechas que ya nunca se cerrarán. Primeramente, la priorización desmedida del educando lo deja en ventaja frente al docente, quien pierde el derecho a exigir, incluso a reprobar. Cabe aclarar que han existido maestros que se han pasado de la raya cometiendo crueles abusos.
El hecho de que a un educando no se le pueda exigir bajo el argumento de daños psicológicos hace de todos ellos un cúmulo de débiles, dando cabida a la estampida de complacencias inspiradas en una educación basada en la culpa que sienten los padres por el abandono que ejercen al tener que trabajar, ya que el sistema en el que vivimos no favorece en absoluto la educación. Ante todo ello, casi de manera estoica, debería existir un eje amortiguador, un cambio en la percepción de la realidad que permita que realmente el aprendizaje sea fructífero.
La disciplina académica, que ha sido abandonada, se torna nuevamente urgente ante los resultados de PISA 2026. Esto exige que se den los espacios de estudio, que se fomente el pensamiento crítico y autónomo, y que se ejerza una participación pensante. En pocas palabras, se solicita atentamente el regreso del pensamiento a las aulas. Históricamente, todos los gobiernos han tenido una deuda con la educación, pero ninguno ha buscado repararla. Más bien, bajo el argumento de protección, se busca que la estupidez sea el eje vector que plantee las coordenadas de una educación fallida. PISA es el reflejo de una sociedad tibia que perdió el sentido de disciplinarse.


