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El Sermón del Face

Miguel A. Vázquez de la Rosa

Miguel A. Vázquez de la Rosa estudió Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Es Integrante de la directiva de Servicios para una Educación Alternativa A.C. (EDUCA) desde 1994. Formó parte de la Comisión de la Verdad de Oaxaca y fue director de Radio Universidad de 2017 a 2022.

  • Todos los políticos mienten. Las mentiras de los políticos no son simples deslices en el discurso, son estrategias pensadas para legitimar sus acciones de gobierno y para mantener el control y el poder al costo que sea.

 

“En Springfield, los migrantes comen a los perros, la gente que entró come a los gatos, comen a las mascotas de quienes viven allí. Es lo que está ocurriendo en nuestro país”. Esto dijo Donald Trump, durante el debate del pasado 10 de septiembre en Filadelfia, ante una sorprendida Kamala Harris, que no daba crédito a las extravagantes mentiras de su contrincante en la carrera presidencial de los Estados Unidos.

Todos los políticos mienten, pero Trump había rebasado la línea entre las medias verdades y las abiertas y flagrantes mentiras. Uno de los moderadores del debate, el presentador de noticias en ABC, David Muir, tuvo que interrumpir la perorata del aspirante para recordarle que “las autoridades de Springfield dijeron que no existen informes específicos de mascotas que hayan sido dañadas por la comunidad inmigrante”. Muir paró en seco a Trump ante las risotadas de Kamala que festinaba el oso monumental de su contrincante.

Hay pocos momentos tan sublimes como este, donde el político de marras es escaneado por el detector de mentiras de la opinión pública y exhibido en cadena nacional. Los políticos deberían de pagar un costo por las mentiras que expresan, porque la palabra de un líder influye de forma determinante en la ciudadanía. Trump, aunque momentáneamente, pagó ese costo, perdió el debate presidencial y bajó puntos en las preferencias del electorado.

En el caso de México, López Obrador no ha pagado el costo de sus mentiras. En su sexto, y último, informe presidencial, frente a una plaza llena de simpatizantes de su movimiento, se atrevió a sostener nuevamente que el sistema de salud mexicano no es como el de Dinamarca, sino que es mejor. No existen indicadores que nos equiparen en materia de salud con el país nórdico. Funcionarios de salud, como Zoé Robledo, salieron inmediatamente a justificar las mentiras del presidente.

En el artículo Mejor que en Dinamarca, publicado en Milenio, Zoé Robledo, director del IMSS, explica y justifica la mentira del presidente. “Nuestro sistema de salud es mejor porque es público, es gratuito, es universal, es preventivo y parte de una planeación”. Vagas y simples generalidades que no se sustentan con estudios serios. Días después el funcionario se tuvo que tragar ese sapo, el presidente reconoció en La Mañanera que su expresión sobre Dinamarca fue sólo para provocar, hacer enojar a sus opositores y para dar nota a los periodistas. “Yo les voy a dar la nota, a ver, ahí va”, respondió el presidente con risita maliciosa a Reyna Haydee Ramírez, una de las pocas reporteras que cuestionan al presidente en la conferencia matutina.

Estos dos ejemplos, el de Donald Trump y López Obrador, son esclarecedores de las batallas que vienen, ya no de las contranarrativas, sino de las Otras Narrativas. Las mentiras de los políticos no son simples deslices en el discurso, son estrategias pensadas para legitimar sus acciones de gobierno y para mantener el control y el poder al costo que sea.

Por eso es tan apabullante el discurso de la 4T, porque su narrativa se ha fundado en expresiones sencillas y repetitivas, que tienen sentido, aunque contengan mentiras: un gobierno que tiene amor a su pueblo, que atiende con apoyos y becas a los más humildes, que hace grandes obras de desarrollo para saldar la deuda histórica con el sureste del país, que ha devuelto la dignidad al pueblo. Interpretación entre líneas: ya no tiene sentido la “lucha social” porque ya llegamos al gobierno, y porque sometimos a la mafia de los malos. Su slogan de fin de sexenio lo reafirma: “Lo hicimos entre todos”.

Otras narrativas son posibles. Las batallas que vienen tendrán que separar el trigo de la mala hierba: identificar las mentiras de los políticos y exhibirlas; poner en su justa dimensión la obra pública y exigir transparencia y rendición de cuentas; elevar la exigencia del derecho a la verdad y el derecho a la información frente a la abrumadora propaganda del aparato oficial. La consigna tendrá que ser: contra la política de la mentira, la simulación y el engaño, más periodismo y más activismo.

 

© Fotografía Cuartoscuro

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