Fuera de Cuadro
Ana Luisa Cantoral
Ana Luisa Cantoral es periodista con 25 años de experiencia en investigación y análisis informativo. Especializada en temas sociales, políticos y de salud pública, ha desarrollado una trayectoria en periodismo de denuncia y crónica deportiva. Su trabajo se distingue por el rigor, la claridad y el compromiso con la información..
El Gobierno de Oaxaca convocó al Segundo Simulacro Nacional 2026 bajo una hipótesis de sismo. En Puerto Escondido estuvieron presentes el gobernador Salomón Jara y el coordinador estatal de Protección Civil, Manuel Maza Sánchez. Pero más allá de la presencia de funcionarios, que aprovecharon la alarma sísmica para saludarse y darse el abrazo como si fuera evento político, no se observó un despliegue que permitiera saber cómo responderían los servicios de emergencia ante una tragedia real.
No hubo ambulancias, paramédicos, bomberos ni policías participando en una operación que permitiera medir la coordinación. Tampoco se planteó un escenario con personas heridas, atrapadas, fallecidas o daños materiales que obligaran a activar una cadena de atención.
Entonces, ¿qué se ensayó realmente?
Y ante esa interrogante, el coordinador estatal de Protección Civil, Manuel Maza Sánchez, sostuvo que para el ejercicio de este sábado no eran necesarios protocolos adicionales debido a que se trataba de una zona segura, ya que el simulacro se realizó en las instalaciones del 54o Batallón de Infantería.
La explicación de Maza Sánchez retrata el problema de fondo: confundir un simulacro con un trámite. Si probar protocolos resulta innecesario porque estamos en una “zona segura”, entonces también sobra preguntar qué ocurriría cuando la zona deje de serlo. Maza debería saber que precisamente para eso sirven los simulacros, para poner a prueba la capacidad de respuesta cuando las condiciones dejan de ser seguras.
Diseñar un ejercicio para evitar los escenarios incómodos es hacer trampa con la realidad.
Lo que ocurrió este sábado en Puerto Escondido dejó una sensación sin precedentes, el ejercicio pareció diseñado para cumplir con la agenda, no para poner a prueba la capacidad de respuesta del gobierno.
Oaxaca vive sobre una de las zonas sísmicas más activas del país y su historia ofrece suficiente evidencia del costo de una emergencia de gran escala, sobre todo cuando los hospitales que de por si, están colapsados operan con inmuebles en mal estado, que incluso una lluvia deja al desnudo e indefención a pacientes que a personal médico.
Por ejemplo , el 15 de enero de 1931, un terremoto de magnitud 7.8 provocó una devastación severa, la mitad de la ciudad de Oaxaca quedó destruida y miles de personas enfrentaron hambre, dolor y desplazamiento.
El 30 de septiembre de 1999, otro terremoto golpeó la Costa. Más de 41 mil viviendas resultaron afectadas en el estado. En San Pedro Tututepec, cerca del epicentro, 3 mil viviendas colapsaron y otras 3 mil 200 registraron daños.
En 2017, el terremoto de magnitud 8.2 dejó una dimensión todavía mayor: 283 de los 570 municipios de Oaxaca recibieron declaratoria de desastre; fueron estimados 800 mil damnificados, 65 mil 632 viviendas dañadas y 3 mil 041 edificios educativos afectados.
Tres años después, el sismo de Crucecita, de magnitud 7.4, dejó 2 mil 72 viviendas dañadas, 59 escuelas y 19 unidades de salud afectadas, además de siete personas fallecidas.
Por eso los simulacros incomodan, porque obligan a reconocer que el desastre es posible y que detrás de una evacuación ordenada existe una cadena mucho más compleja de hospitales que deben seguir funcionando, escuelas que requieren protocolos, carreteras que deben permanecer transitables, refugios que deben estar disponibles, municipios capaces de coordinarse y comunidades alejadas que necesitan recibir ayuda.
El propio Gobierno de Oaxaca ha reconocido en ejercicios anteriores, la necesidad de poner a prueba protocolos de actuación y coordinación interinstitucional en regiones como la Costa, Sierra Sur y Mixteca.
Puerto Escondido concentra una carga particular, es una ciudad costera asentada en una región sísmica, con memoria reciente del terremoto de 1999 y con el antecedente de un sismo de magnitud 5.7 registrado apenas en febrero de 2026, cuyo epicentro estuvo a 14 kilómetros al noreste de la ciudad.
La historia también recuerda que en las costas del Pacífico,, un gran terremoto puede estar acompañado por peligro de tsunami, una amenaza que el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), señala expresamente para las comunidades costeras de Oaxaca.
Así que el simulacro tiene una utilidad mayor que mostrar una evacuación ordenada, debe exhibir dónde están las fallas.
La verdadera evaluación está en hospitales, escuelas, carreteras, alertamiento, evacuación, refugios, coordinación municipal y atención a comunidades aisladas.
Un simulacro que solo muestra organización para la fotografía, no sirve para nada, mucho menos puede salvar vidas.
Oaxaca recuerda y documenta todo, lo que falta es convertir esa memoria en preparación medible, coordinada y permanente. Y cuando llegue el siguiente gran terremoto, la tierra no concederá tiempo para improvisar.


