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Minutos antes de que la periodista de Puebla Mely Arellano le diera a Ernesto Aroche Aguilar , Director del portal digital https://ladobe.com.mx/ la noticia de que ella había ganado el Premio Nacional de Periodismo 2018, Ernesto nos decía a un grupo de compañeros reunidos en un encuentro latinoamericano de periodismo, donde estábamos varios integrantes de elmuromx, algo revelador por sencillo sobre el periodismo independiente y cómo los medios de comunicación que aspiran a tener libertad sobre su línea editorial pueden poner una difícil pero sencilla condición cuando se trata de recibir publicidad de instancias que manejan dinero público, como un Ayuntamiento o en su caso una Universidad: «No publicamos al Presidente, al Director, al Rector cargando niños».

En la jungla cuenqueña y fronteriza de Oaxaca-Veracruz , existen Presidentes Municipales que usan el dinero público para «informar» en la prensa oficialista, cuando cargan cubetas de cemento o pintan banquetitas o entregan balones de marcas chinas o donan – sin donar- de su sueldo a niños a los que la corrupción les ha robado el futuro, o presidentes que utilizan entrevistas pagadas con dinero público para dar clases de ética periodística inundados en la corrupción mientras el entrevistador o entrevistadora es capaz de reírse, porque sabe en el fondo, que se trata del juego de la simulación.

Presidentes Municipales que acaban llamando en entrevistas pactadas » sicarios de la tinta» a quienes denuncian una y otra vez un gobierno rebasado por el crimen organizado y la impunidad y pueden decir con descaro » no miento» y los entrevistadores contratados y los espectadores tienen que aguantarse la risa.

La mayoría de la prensa oaxaqueña no es dueña de su línea editorial. No es un caso particular de Tuxtepec, son los usos y costumbres históricos que han sido transmitidos de generación en generación. Uno busca y busca y no encuentra excepciones. La prensa y los gobiernos municipales creen que la publicidad contratada implica el silencio de los procesos de corrupción que tiene el uso y el exceso del poder.

Los medios de comunicación en las regiones peligrosas de Oaxaca con tal de sobrevivir como negocio han apostado a ser la herramienta para encumbrar a tiranos de distintas hechuras. Se han vuelto en empleados de su cliente y no han sabido decir no en la gran mayoría de los intentos de censura propios de las las oficinas de comunicación social o no han sabido decir: hasta aquí. Las condiciones sobre lo que se publica las ponemos nosotros como medio de comunicación y nadie más, así exista cualquier pago, cualquier deuda de factura, porque la línea editorial no se vende a cambio de ningún contrato y las letras chiquitas de todo acuerdo comercial debería ser separado del informativo: los convenios de publicidad no son convenios de impunidad y menos de complicidad. La prensa debería tener el poder decir: No más. Hasta aquí es el límite para que los gobiernos publiquen sus acciones y no contribuir al engaño, al saqueo de dinero público, y ese estigma que ha dejado en la prensa el oficio de los vendidos, ese estigma que el convenio es un arreglo entre dos, y una de las partes impone el secretismo y oscuridad de las tumbas.

El primer paso, suponemos, sería no publicar a funcionarios corruptos diciendo estupideces cuando sus palabras cargan bultos de criminalidad.Lado B, desde antes de que ganará el Premio Nacional de periodismo nos ha enseñado que existe esa posibilidad

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