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Scriptorium

Donaldo Borja

Luis Donaldo Martínez Borja estudió la licenciatura en Filosofía. Ha sido profesor de latín y etimologías grecolatinas, español, Historia, Formación Cívica y Ética. Creador del programa de Radio Tertulias en la azotea dependiente de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y Café Filosófico Oaxaca. Es creador del Club de Lectura Tertulias en la azotea, y promotor de lectura acreditado por el Fondo de Cultura Económica.

  • Los seres humanos estamos abiertos al continuo aprendizaje, sin embargo, el homo analfabeticus funcionalis conoce los libros, sabe leer, pero no le gusta comprender ni mucho menos implicarse en los asuntos rebuscados de los tiempos actuales, tiene una aversión hacía los intelectuales formados y en algunos casos, suele ocupar curules y legislar por el bien común.

En la anecdótica de San Agustín de Hipona, justo en las vísperas de su conversión al cristianismo, sentado en la despoblada soledad y en la infecunda certeza de su vida, escucha una voz minuciosa, que como rayo, golpea e incendia su corazón y su intelecto: “Tolle, lege”, palabras latinas que significan: Toma, lee. Dice la historia que San Agustín toma la Biblia, comienza a leer y a comprender lo que lee, hasta lograr una elevación que lo lleva a la conversión de sus costumbres entorno al cristianismo.

La lectura ha sido un modo de cómo introducirnos a mundos diferentes. Podemos viajar al medievo circundante de Alonso Quijano en Don Quijote de la Mancha, hasta sumergirnos en los mares profundos de Julio Verne en Veinte mil leguas de viaje en submarino, o pasar una noche terrorífica en un castillo junto a Drácula, guiado de la mano de Bram Stoker, esto por mencionar unos pocos. Quizá nuestra inquietud intelectual nos lleve a terrenos más escabrosos, como la confrontación de nuestras ideas, y aparecen en estampida las obras insignes de Erich Fromm, Eduardo Galeano, Bauman, Monsiváis, entre otros. También, se puede efectuar la profunda elevación del alma y corazón a través de la poesía y sus olas más escarpadas. 

En comparación con las distintas sociedades de la historia, la nuestra tiene más acceso al soporte común de la lectura, el libro. Aunque hoy en día existen, gracias a la tecnología, otros soportes alternativos que nos permiten leer. Pienso que la sociedad mexicana es una sociedad lectora, aunque exista un fatalismo academicista: leemos los mensajes de WhatsApp, las publicaciones de Facebook, los subtítulos de las películas, los anuncios y letreros, las imágenes y símbolos, los subtítulos que nos que nos escapan por la cara, etc. Y es que leer, aunque este vinculado tradicionalmente al libro, también, implica ver la realidad y las circunstancias que nos acompaña. México es una sociedad lectora, pero con un grave problema.

Y es que efectivamente, los prejuicios morales, la ignorancia injustificada, la cerrazón ante los dilemas temporales, la carencia de disciplina formativa de los estudiantes, por mencionar algunas causas, generan la trágica comedia de los letrados menos ilustrados de nuestra historia, la aparición del homus analfabeticus funcionalis. Este latinismo es la sorna referida a los que hoy en día, teniendo las posibilidades y las capacidades para poder desarrollar en plenitud sus potencias intelectuales, no lo hacen por la serie de causas mencionadas anteriormente. Debemos entender que hay una serie de personas que son analfabetos funcionales por circunstancias adversas a su vida, por ejemplo, el no haber acabado un grado escolar por factores de pobreza o de marginación. Sin embargo, el homus analfabeticus funcionalis, son estas personas que teniendo la mayoría de las posibilidades de aprendizaje y de acceso al conocimiento, por una disposición propia de su voluntad, deciden no aplicar lo conocido.

Es de ejemplo común, el hecho de que el homo analfabeticus funcionalis tenga la imposibilidad de comprender un texto, o que simplemente no entienda una instrucción dada. ¿Dónde se origina la aparición de este homo? La referencia es precisa, el hogar y la actitud personal. La poca implicación de los padres o tutores en los procesos de aprendizaje escolar en las primeras edades ha llevado al surgimiento de una generación de personas con discapacidades de lecto-comprensión, así mismo, la poca importancia que se le da hoy en día al estudio y al desarrollo intelectual.

El homo analfabeticus funcionalis conoce los libros, sabe leer, pero no le gusta comprender, ni mucho menos implicarse en los asuntos rebuscados que los tiempos actuales plantean. Este tipo de homo presenta el insulto como argumento para defender una postura y lo único que refleja es su copropensamiento. El analfabeticus funcionalis, tiende hacer unívoco, usa anteojeras porque, aunque sabe pensar, no sabe cómo utilizar un instrumento que se le proporcionó de manera gratuita por la naturaleza. Por ende, esta clase de homo habita en las distintas zonas sociales, le gusta disfrazarse de letrado dejando entre ver su nula o poca lustración; tiende a tener una aversión hacía los intelectuales formados, y en algunos casos, suele ocupar curules y legislar en razón del Bien Común. 

Leer no nos hace ni mejores ni peores personas, pero sí, nos libra de caer en las garras de este tipo de homo. Pienso que, las palabras que oyó San Agustín son un repique de campas que aleja al homo analfeticus funcionalis: “Toma, lee”, es el lema que ayuda a mejorar de manera grandiosa la disponibilidad tanto para ayudar a los verdaderos analfabetos funcionales, como para librarnos de caer en esta clase de analfabetismo absurdo. Los seres humanos estamos abiertos al continuo aprendizaje, la vida es una escuela, y las instituciones que denominamos “escuelas”, deben de ser los laboratorios de transformación y humanización, para ser más sensibles ante aquellos que no tienen la posibilidad que otros hemos tenido, y al mismo tiempo, tienen que ser laboratorios que nos ayuden a transformarnos en personas funcionales.

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