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Scriptorium

Donaldo Borja

Luis Donaldo Martínez Borja estudió la licenciatura en Filosofía. Ha sido profesor de latín y etimologías grecolatinas, español, Historia, Formación Cívica y Ética. Creador del programa de Radio Tertulias en la azotea dependiente de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y Café Filosófico Oaxaca. Es creador del Club de Lectura Tertulias en la azotea, y promotor de lectura acreditado por el Fondo de Cultura Económica.

  • ¿Puede haber conciliación entre ambos territorios? ¿Se puede ser independiente e institucional a la vez? Ambas tendencias pueden encontrar puntos de apoyo, pero, definitivamente, no pueden llegar a homologarse porque ambas se necesitan para existir, para ofrecer vías cuando una de las dos falle.

 

El 28 de agosto de 1789 en la Sala de la Asamblea Constituyente en Francia, tras las acaloradas disputas sobre cuánto poder tenía el rey, las facciones del debate se agruparon en dos bloques: izquierda y derecha. La izquierda de corte liberal y la derecha tendente al conservadurismo. Estas dos categorías antagónicas han atravesado la historia, quizá desde ese momento, generando así, dos bandos cuyas posiciones pueden resultar en continua tensión.

En los terrenos de la practicidad es posible emplear estos dos antagónicos, lo institucional, que sería lo de “derecha”, como aquello que esta regulado por el gobierno o por instituciones a fines políticos; y lo de “izquierda”, lo independiente, aquello que goza más de una “libertad” no regulada por ningún tipo de institución.

El filósofo Heráclito hace más de dos milenios, hablaba de la tensión o lucha de los contrarios, y es que estos dos terrenos, o propiamente territorios, conviven bajo tensiones, una propugnación constante, que en ocasiones no concilian, más bien separan y vuelven a cada bando un monolito. Es así, que podemos hablar del “territorio de lo institucional” y el “territorio de lo independiente”. En estos dos territorios crecen y se desarrollan las personas, en ocasiones muy estigmatizadas. Dando paso a los pobladores de lo institucional como si fueran puros y duros burócratas, y los pobladores de lo independiente como si fueran vagos sin oficio ni beneficio.

Lo institucional y lo independiente se observan con desprecio y despectivamente. En ellos el resentimiento, al mero estilo psicológico, es un habitáculo que busca la transgresión. Lo institucional busca controlar, dirigir, dar categoría de importancia. Lo independiente, se pinta de resistencia, de libertad, se presenta como una fuerza entre los débiles. En ambas tendencias el estigma y la victimización son esencias propias.

En la polarización que estas tendencias marcan, encontramos distintos medios, desde periódicos, gobiernos, escritores y un sinfín de profesiones que se matizan en dichas categorías. El territorio de lo institucional tiene un parámetro donde los pobladores de dicho espacio habitan la vinculación hacía el oficialismo, aparecen los subsidios y becas de parte de las instituciones. Existe una tendencia a la burocratización, a ocupar un espacio dentro del mercado conocido y al reconocimiento público de la persona.

En el territorio independiente, los pobladores de este espacio luchan por sobrevivir a un sistema, resisten a la tendencia del mercado expectante, se abren camino poco a poco, por meras fuerzas y méritos personales. El reconocimiento no viene por la dependencia a una institución, sino a la fidelidad a una labor constante y persistente. En lo independiente los subsidios no son opción.

¿Puede haber conciliación entre ambos territorios? ¿Se puede ser independiente e institucional a la vez? Pienso, que ambas tendencias pueden encontrar puntos de apoyo, pero, definitivamente, no pueden llegar a homologarse, porque ambas se necesitan para existir, para ofrecer vías cuando una de las dos falle.

Posiblemente, cuando el territorio institucional se vuelva decadente, el territorio independiente otorgue la esperanza buscada, y cuando los papeles se inviertan, y lo independiente se vuelva caos, lo institucional dará un orden, sistema, regulación. Por ello, ambos territorios no pueden mezclarse, permanecen paralelamente, deberían de buscar la armonía para la subsistencia del uno en relación al otro, interponiendo el Bien común, pese a todo diferencia.

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