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Scriptorium

Donaldo Borja

Luis Donaldo Martínez Borja estudió la licenciatura en Filosofía. Ha sido profesor de latín y etimologías grecolatinas, español, Historia, Formación Cívica y Ética. Creador del programa de Radio Tertulias en la azotea dependiente de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y Café Filosófico Oaxaca. Es creador del Club de Lectura Tertulias en la azotea, y promotor de lectura acreditado por el Fondo de Cultura Económica.

  • En nuestros días muchos se regocijan con la desgracia ajena, pero ¿de dónde nace la satisfacción por el dolor del otro? Aquí algunas razones que podrían estar provocando esta falta de empatía.

 

Existe un cuento de Francisco Hinojosa, La peor señora del mundo, que termina con una frase peculiar: “La peor señora del mundo seguía haciendo las cosas malas más buenas del mundo”. El cuento trata sobre una señora que les hacía mucho daño a sus hijos, a los animales, a los habitantes de su pueblo, hasta que estos últimos buscan darle una lección que termina con decirle que lo malo que hacía era muy bueno y que lo bueno era muy malo.

Dicen que dicho librillo es un cuento para niños. Pero, cayendo en la sinceridad de un buen lector, La peor señora del mundo, es un cuento que dice mucho a los adultos. Para empezar, la peor señora del mundo encuentra un gozo con el mal que hace, ver sufrir a los demás le hace ser. Y es que, si nos guiamos de la dialéctica hegeliana del “amo y del esclavo”, este personaje de Hinojosa, representa al amo tirano que domina bajo el sufrimiento, pero, será dominada por el pueblo.

El personaje sádico del cuento es el ícono de muchos cuya hipocresía la disfrazan con la educación. La peor señora del norte de Turambul —pueblo ficticio donde se desarrolla la historia— no es ajena al schandenfreude: al placer por la desgracia ajena. Y es que, en nuestra sociedad, existen tantos que se regocijan con ver que al otro le vaya mal, planean venganzas y batallas donde el otro sale perdiendo, sufriendo, lastimado, mientras que el sádico disfruta. Bajo este argumento y sin caer en la falacia de la sobregeneralización, todos tenemos una ‘peor señora del mundo’.

¿De dónde nace este gozo por la desgracia ajena? Pienso que este placer no es animal, sino que, muy al estilo del planteamiento de Nietzsche, nace de lo dionisiaco del hombre. Parafraseando a Xavir Zubiri: nace de la animalidad racionalizada. Más que una carga moral —buena o mala— se puede entender hacía dos medios: una anomalía mental o una inversión de valores. Si se piensa que el placer por el sufrimiento ajeno es un desorden mental, se tiene una bastedad de ejemplo y asesinos seriales. Pero, si se piensa que se debe más a una inversión de valores, entonces, hablamos de un pensamiento desordenado.

Pienso que es preferente que los psiquiatras y psicólogos expliquen el placer por la desgracia ajena. Desde el análisis del cuento y, desde la misma Filosofía, hablar de la inversión de los valores es algo que vincula necesariamente con el pensamiento, es decir, cómo interpreta nuestra inteligencia la información que está recibiendo. De tal manera, si se normalizan ciertas conductas, estas serán buenas en tanto que el sujeto las aprovecha para un beneficio. Por ejemplo, una persona que robe, interprete la información como un beneficio para tener algún bien, llega a normalizar el acto, al grado que suprime de él toda carga moral, mandando muy lejos a la responsabilidad y a la culpa.

Y es que, en La peor señora del mundo, Hinojosa deja ver cómo este personaje normaliza la violencia y los demás la terminan aceptándola. Este personaje daña y lastima, y los únicos actos buenos que tiene hacía otros, como la paloma mensajera, será solo para obtener un beneficio. Es importante entender que el bien no lo determina el sujeto que actúa, sino la acción que beneficia al otro para que este siga existiendo y siendo. Así, la peor señora del norte de Turambul, es el reflejo de un pensamiento desordenado, donde la nulidad de la culpa, lo bueno o lo malo y la responsabilidad, tienen otro significado.

¿Por qué cambia el personaje de Hinojosa? En sí misma, la peor señora no cambia, más bien, los pobladores del norte de Turambul generan en ella, lo que Nietzsche denominó una transvaloración o trasmutación de los valores, es decir: una inversión en la recepción de la información e interpretación de los actos que se convertirán en hábitos y estos en valores. Por ello, aquella mujer, al hacer una cosa buena para los habitantes, estos le hacían creer que estaba haciendo algo malo y muy doloroso para que ella disfrutará del supuesto mal que hacía.

Hinojosa nos permite ver en su cuento la aplicación de la pedagogía de la inversión, es decir, cuando alguien haga algo que es malo, no cuestiones ni regreses lo que hizo, más bien, hazle creer que lo que hizo fue algo bueno que te edificó para que el sujeto agresor reestructure su pensamiento. Es algo así como lo dicho por Jesucristo: si te dan una bofetada, pon la otra mejilla. Si te piden el abrigo, dales también la camisa (Cfr. Lc 6, 29-30). El problema aquí es ¿hasta dónde es funcional? Y como muchos cuentos de nuestra infancia dicen… esta historia, mejor dicho: esta reflexión… continuará.

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