- Mientras miles de oaxaqueñas tomaban las calles para exigir un alto a los feminicidios y la impunidad, el gobierno de Salomón Jara blindó el poder y atacó con sustancias químicas a manifestantes, infancias y periodistas en un acto de autoritarismo que empaña la lucha histórica del 8M.
Gabriela García/
Oaxaca de Juárez.- La Primavera Oaxaqueña mostró su rostro más violento la tarde de este sábado 8 de marzo. En el marco del Día Internacional de la Mujer, lo que inició como una movilización histórica de miles de mujeres que desbordaron las calles de la capital, culminó en un escenario de guerra provocado por las propias fuerzas del Estado. Desde las azoteas y los balcones del Palacio de Gobierno, elementos de seguridad arrojaron gas lacrimógeno y pimienta contra los contingentes, sin importar la presencia de niñas, mujeres de la tercera edad y familiares de víctimas de feminicidio.
El contraste fue brutal. Por un lado, una marea morada y verde de más de 20 mil mujeres —según estimaciones de colectivas— que avanzaba desde la Fuente de las Ocho Regiones con un solo reclamo: justicia por las que ya no están, en un estado que bajo la actual administración, sigue sumando cifras alarmantes de violencia feminicida y desapariciones, vio cómo sus ciudadanas reclamaban un territorio seguro. Sin embargo, al llegar al Zócalo, las manifestantes se toparon con un muro de vallas metálicas y una hostilidad policial que no se veía en años.
La provocación estatal no se hizo esperar. Cuando los grupos de acción directa comenzaron a intervenir las vallas que protegían el inmueble gubernamental, la respuesta del gobierno de Salomón Jara no fue el diálogo ni la contención protocolaria, sino la agresión química. Bombas de gas fueron lanzadas directamente al cuerpo de la marcha, provocando escenas de pánico, asfixia y desorientación entre las asistentes.
“Nos dispararon desde arriba, como si fuéramos criminales, cuando las verdaderas criminales son la impunidad y la desidia de sus ministerios públicos”, denunció una joven afectada mientras era auxiliada por brigadistas de salud.
Organizaciones como Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad y EDUCA Oaxaca han condenado enérgicamente este uso desproporcionado de la fuerza. Señalan que el Estado prefirió proteger paredes de cantera que la integridad física de las mujeres. La utilización de gases lacrimógenos en un espacio confinado por la multitud no solo es una violación a los derechos humanos y a los protocolos de actuación policial, sino un mensaje político claro: en Oaxaca, la protesta social se castiga.
A pesar de la represión, el mensaje de las mujeres quedó grabado en las calles y en las paredes que el gas no pudo borrar. La marcha del 8M en Oaxaca no fue solo una efeméride; fue la demostración de que el movimiento feminista es la oposición más coherente frente a un Estado que se dice aliado, pero que responde con la misma violencia patriarcal que jura combatir.
Detención arbitraria y presión social en Oaxaca
Tras horas de incertidumbre y exigencia colectiva, se confirmó la liberación de las compañeras Quetzal Zúñiga Núñez y Lourdes Nava, quienes habían sido detenidas de manera arbitraria durante la represión policial en el Zócalo de la ciudad de Oaxaca este 8 de marzo.
Su detención, ocurrida en medio del caos provocado por el uso de gas lacrimógeno contra la marcha, activó de inmediato una alerta urgente que movilizó a redes de apoyo y colectivas feministas.
La presión social y la difusión de información fueron determinantes para lograr que ambas recuperaran su libertad, frente a los intentos de criminalizar la protesta y silenciar las voces que exigen justicia en Oaxaca, que según colectivas y organizaciones feministas como el Grupo de Estudios sobre la Mujer “Rosario Castellanos” (GESMujer) y Consorcio Oaxaca registran, 305 asesinatos violentos de mujeres desde el inicio de la administración de Salomón Jara.

