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Scriptorium

Donaldo Borja

Luis Donaldo Martínez Borja estudió la licenciatura en Filosofía. Ha sido profesor de latín y etimologías grecolatinas, español, Historia, Formación Cívica y Ética. Creador del programa de Radio Tertulias en la azotea dependiente de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y Café Filosófico Oaxaca. Es creador del Club de Lectura Tertulias en la azotea, y promotor de lectura acreditado por el Fondo de Cultura Económica.

  • Abro un pequeño libro editado por Tierra Adentro, cuya portada es una mujer con ojos enormes que me recuerda a Margaret Keane, la pintora de los ojos grandes, con el que la escritora poblana Georgina Moctezuma ganó el Premio Nacional de Ensayo Joven José Luis Martínez 2022. Y esta es la historia:

 

Entre la línea delgada de las horas, con un par de libros en el estante cercano al escritorio, contemplando aquella obra magnifica de San Agustín, Confesiones, vienen al momento las palabras que, según Pausanias, se encontraban en el templo dedicado al dios Apolo en Delfos, inscripción memorable, atribuida después a Sócrates, que se conserva como un aforismo común: γνωθι σεαυτόν (gnóthi seauthón) “Conócete a ti mismo”.

Y al plasmar estas líneas divergentes inspirado en Agustín de Hipona y el aforismo griego, se abre un pequeño libro cuya portada es una mujer con ojos enormes, que me recuerda a Margaret Keane: la pintora de los ojos grandes. Esa pequeña obra, cuya autora es Georgina Moctezuma, lleva el título de El jardín de los ídolos, texto que ganó el Premio Nacional de Ensayo Joven José Luis Martínez 2022.

Leer a una mujer en “tiempo de mujeres” resulta confortable, más por que la obra de Georgina es una introducción, quizá más filosófica que literaria, a lo que el mismo San Agustín expone en sus Confesiones, es decir, un trabajo de introspección, análisis y de juicios personales que, pareciera, que la autora abre sus enormes ojos y nos permite entrar a través de ellos al fondo de su alma. Así, se cumple lo que ella misma dice en su texto: “al interior de los ojos reside un fuego que aviva la mirada, ilumina los objetos hacia donde se dirige.” 1

Más que una reseña del libro o un comentario, la intensión más cercana se cierne en plasmar los horizontes a los que la autora se aproxima. De este modo, este texto rompe el silencio presentando la percepción sobre las creencias, los sueños, los encuentros, las memorias, el pasado, la muerte y las experiencias de diversas mujeres que tienden sus raíces hacía quien escribe. Este libro tiene la genialidad de colocar a su lector en la misma
posición de la autora, pienso que es acompañar a Georgina a la entrada de sus inquietudes abiertas justamente por los ídolos que alguna vez existieron en Puebla.

Presentado en el formato de ensayo literario, el libro se vuelve una exploración. Ahora que lo pienso, los ídolos que, quizá la autora busca, están dentro de ella, esperando a que justamente, el contacto con los otros, la vuelvan hacía sí y la introduzcan en esa memoria estacionada en el pasado de su madre y de otros testimonios vivos. Me atrevo a llamar exploración porque, en pocas páginas, la autora tiende una línea muy delgada, muy personal, respecto al dolor y la culpa, ella misma menciona: “Desde entonces algo dentro
de mí, algo que me unía con el mundo y con mi propio cuerpo, quedó roto.” 2

En lo particular, esta frase es la que hace más humana a la escritora.
El texto presenta, otra realidad sugerente, el trabajo. Inmersa en sus archivos, en los trozos de historias escritas, Georgina traza un horizonte paralelo entre la vida cotidiana y la capsula del tiempo en la que se ve inmersa por el Archivo Histórico de la Catedral de Puebla. Este hermanamiento que presenta la autora con su trabajo y, sobre todo, las peripecias ocurridas al contorno de él, como el terremoto de 2017 y la ruptura amorosa de la autora. También, en una parte más avanzada, se presenta el acercamiento a los lugares históricos. Así, como el contacto cercano con la muerte de su tía y de su abuela, convirtiendo el ensayo en un anecdotario de autoconocimiento.

Al terminar de leer la obra en cuestión, lo único que hice, como, también cuenta la leyenda que hacía Santo Domingo de Guzmán, fue besar el libro como signo de agradecimiento, porque por varios días, Georgina Moctezuma me acompañó con sus mujeres plasmadas en el libro, y esto me hizo estar en Puebla desde mi escritorio y desde las calles de mi ciudad. Darle un ósculo al libro, fue reconocer en aquella portada de ojos grandes, el dolor paralelo, la curiosidad empática y la imaginación compasiva hacía quien escribe esas líneas buscando un jardín, que posiblemente, están dentro de ella.

 

1 Moctezuma, G. El jardín de los ídolos, Fondo de Cultura Económica, Tierra adentro, México, 2023., p. 15.
2 Ibidem., p. 40.

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