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Sociedad y Política

Isidoro Yescas Martínez

Isidoro Yescas Martínez. Maestro en Sociología y analista político. Ha ejercido el periodismo de opinión en diversos medios locales y nacionales. Coordinador del libro No se olvida, el movimiento estudiantil de 1968 en Oaxaca.

El desenlace en la elección de rector en la UABJO no resultó sorpresivo visto los arreglos políticos de la rectoría y los grupos de poder caciquil-sindical con el gobierno del estado y el papel preponderante jugado de nueva cuenta por el poder ejecutivo estatal.

De esta manera, en el triunfo de Farid Acevedo López los factores determinantes no fueron ni su plataforma electoral ni su trayectoria como universitario, sino la convergencia de este bloque de fuerzas internas y externas a la UABJO que desde que se instauró el voto universal, directo y secreto (1988) han definido, abiertamente o cuidando las formas, el destino político de la otrora máxima Casa de Estudios de Oaxaca.

Hoy, al quebrarse esas viejas alianzas y complicidades y surgir una candidatura desde el mismo aparato gubernamental, se modificó radicalmente la ruta que el entonces rector Cristian Carreño ya había trazado un año antes (y tal vez desde su ascenso en el 2022 con la designación de Rafael Martínez como su Secretario de Finanzas) para imponer como su sucesor a Enrique Martínez Martínez. Roto así en forma abrupta el pacto sucesorio interno por la decisión del gobernador Salomón Jara para dejar fuera a “Kike” y a todos los aspirantes de casa, e imponer como el candidato oficial a su exsecretario de Finanzas, vino el sometimiento de Carreño, la “cargada” de los viejos caciques (con Abraham Martínez Alavez y Leticia Mendoza Toro, por delante) y el “lineazo” oficial hacia los directores(as) de las unidades académicas, dirigentes sindicales, grupos porriles, etc., para apoyar “con todo” a Farid Acevedo.

Fue hasta ese momento que, ante el dilema de someterse al oficialismo primaveral o declararse en rebeldía, Enrique Martínez optó por esta última vía a sabiendas que no se iba a enfrentar a un candidato sino a una poderosa maquinaria político-electoral que de antemano ya tenía asegurada la victoria por la convergencia de varios factores: control del padrón electoral por parte de Servicios Escolares y REDES, carencia de autonomía e independencia de la Comisión Electoral, asignación y / o autoasignación de cuotas de votos estudiantiles y por parte de directores y directoras de las unidades académicas con las matrículas más altas y bajo control político de los ahora llamados “referentes”, y una legislación que en materia electoral es restrictiva y las mas de las veces omisa para garantizar un proceso electoral democrático y con certeza jurídica.

Todo lo anterior para asegurar un voto corporativo masivo a favor del candidato oficial que, sin embargo, terminó por poner en duda su legalidad y legitimidad, tanto por las sistemáticas omisiones de la Comisión Electoral para responder en tiempo y forma a las impugnaciones recibidas durante todo el proceso, como por la directa intervención de agentes gubernamentales en la operación de compra y coacción del voto universitario. Y no se diga de la millonaria cobertura mediática y publicitaria operada desde oficinas de comunicación social del poder ejecutivo.

¿Qué hizo diferente, entonces, este proceso de relevo de rector de los que se llevaron a cabo con los gobiernos priístas y con el “gobierno del cambio” encabezado por Gabino Cué? Que, con todo y la evidente injerencia de los gobernadores , la parcialidad de la autoridad electoral,la inequidad en las campañas y la vigencia del mismo sistema electoral, las protestas e inconformidades de las expresiones disidentes y sus candidatos no traspasaron los muros del campus universitario.

Hoy, la ruptura y el choque frontal de Enrique Martínez con el exrector Cristian Carreño y el blindaje político externo que tuvo de personajes políticos antagónicos al jarismo, así como su confianza en romper con los controles del bloque burocrático-caciquil de las que él mismo había formado parte, lo llevaron a diseñar una estrategia de campaña en donde el adversario a vencer fue el gobernador Salomón Jara .

No lo logró y, sin embargo el resultado oficial evidenció que con todo y los dados cargados a su favor Farid Acevedo solamente acumuló 13, 776 votos contra 9 464 de Enrique Martínez , una diferencia de 4, 312 votos.

Una revisión de los resultados de la elección por cada unidad académica evidencia que Enrique Martínez obtuvo la más alta votación en planteles en donde todavía pudo conservar el apoyo de algunas estructuras caciquiles, empezando por Odontología que de tiempo atrás la mantiene bajo su control, pero, también ganó en unidades caracterizadas por una baja participación y fuera de la órbita de la rectoría y de expresiones caciquiles, como fue el caso de Medicina.

De un padrón electoral de 33,681 un total de 23, 240 habrían dividido sus preferencias entre los dos candidatos punteros. El resto, 3948 (para así alcanzar la cifra de 27,188 de votos computados) se distribuyeron entre los otros tres candidatos registrados y los votos nulos.

Sin embargo, los resultados no fueron aceptados por el candidato opositor y bajo esas circunstancias Enrique Martínez se negó a reconocer el triunfo de Farid Acevedo para enseguida declarase en “resistencia pacífica” y anunciar que recurrirá a instancias legales a nivel federal para solicitar la anulación de la elección.

Hoy, con una Ciudad Universitaria tomada por grupos de choque ajenos a la UABJO y un rector ya reconocido por el Consejo Universitario, se observa difícil que se anule la elección como lo está demandando el equipo jurídico de Enrique Martínez. En todo caso podría proceder limpiar la elección en la facultad de Derecho, en donde de principio a fin todo fue un cochinero. Y aún bajo ese hipotético escenario Farid mantendría la ventaja numérica.

Lo que sí se advierte es el riesgo de que las protestas post-electorales escalen si no se abren canales de negociación institucionales. Lo grave sería que esta vía se cancele para dejar paso libre a los grupos de choque del CATEM o CTM que ya en el gobierno primaveral se ha hecho ley y costumbre para sofocar inconformidades.

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