AMOR DE CABARET

El apuntador

“En la sesión de cabildo de hace diez días, Gabriel Reyes fue el sparring donde los regidores señalados de corrupción lo nombraron el apuntador de sus desgracias, el que le recordó al presidente que ellos eran los que pedían moches mientras se reía para las transmisiones en vivo en la oficina de Presidencia.”

ANTONIO MUNDACA

Varios, por no decir que muchos, saben que en el bienio actual el Síndico Procurador, Gabriel Reyes Bejines, recuperó para su cargo muchas ventajas y atribuciones que en el trienio pasado le había quitado Antonio Sacre a esta embestidura, el precio que ha tenido que pagar el referente ugocpista ha sido la obediencia, servir a los intereses del davilismo con la sospecha siempre fundada que en cualquier momento, a la hora de la verdad, por su cercanía o su posición podría ser él de quien dependa que Fernando Dávila mantenga el vuelo, o se precipite a su no reelección, al menos en el juego político interno, donde Bautista Dávila lo ha dejado andar, hacer y caminar, extendiendo un hilo que al paso de los días, parece hacerse más estrecho.

Entre ellos se vislumbra un choque cuando el proceso electoral los ponga a decidir a quién seguir: Reyes Bejines es una posición de Karina Barón y es sabido por todos, que el partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) es un pastel jugoso donde la rebanada del pastel parece grandísima, y Fernando Dávila tiene con ella gestiones, pero su posible candidatura en el 2018, al menos por ahora, dependerá de Benjamín Robles, entre ambos referentes se presienten las próximas emboscadas. Pero mientras eso sucede Gabriel Reyes funge como escudero, como el guardaespaldas poco creíble de un gobierno emancipado a la transparencia sostenida por alfileres.

En la sesión de cabildo de hace diez días, Gabriel Reyes fue el sparring donde los regidores señalados de corrupción lo nombraron el apuntador de sus desgracias, el que le recordó al presidente que ellos eran los que pedían moches mientras se reía para las transmisiones en vivo en la oficina de Presidencia. “El que le da la hora”, “ el recadero, pues”, les dolió a los regidores aludidos que el Síndico Procurador fuera el encargado de pedir públicamente para ellos el desafuero, porque su declaración tuvo la sospecha del enviado a avivar el fuego, la intromisión de un sindicatura poderosa que se ha tomado en serio su papel de policía y de pasadita de relojero del presidente municipal en las sesiones de cabildo.

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