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Domingo no ha dormido desde el temblor, su nieta poco.

Juchitán, Oaxaca, Mexico

Texto y Fotografía: Karen Rojas Kauffmann

Domingo toma su lugar en la fila pero hace cinco días que él y su nieta malcomen. Con el rostro curtido por el sudor y el cansancio espera a que lleguen las despensas. No ha dormido desde el temblor del jueves 7 de septiembre. No puede. Teme que la tierra termine arrebatándole lo poco que tiene.

Domingo toma su lugar en la fila pero está nervioso y camina mil veces sobre la misma calle. Hace apenas media hora buscaba entre los escombros algún objeto, alguna imagen que le dé el coraje que necesita para pasar la noche. Ayer un vecino le prestó una hamaca que cuelga entre dos árboles de pochote.

Domingo toma su lugar en la fila pero está angustiado. Vive bajo la zozobra de tener que dormir junto a los restos de su casa de barro y adobe. Hoy por la mañana escuchó en el radio que la Sedena y la Marina desplegarían 23 mil soldados para atender oportunamente las contingencias del sismo y las tormentas tropicales.

Domingo escucha inquieto. Duda. No entiende por qué habiendo tantos militares, no ha tenido, entrada la noche, quien le ayude a conseguir un vaso de leche caliente para Alejandra.

 

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