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El Sermón del Face

Miguel A. Vázquez de la Rosa

Miguel A. Vázquez de la Rosa estudió Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Es Integrante de la directiva de Servicios para una Educación Alternativa A.C. (EDUCA) desde 1994. Formó parte de la Comisión de la Verdad de Oaxaca y fue director de Radio Universidad de 2017 a 2022.

  • Caminamos hacia un nuevo país. No sabemos todavía cuál. En los círculos académicos se discute sobre qué nuevo régimen político se está construyendo. Hay quienes dicen que vamos hacia la construcción de un partido de Estado, otros que transitamos a una regresión autoritaria, y hay quienes señalan que marchamos hacia un presidencialismo metaconstitucional, como en el pasado

 

Hace tiempo, cuando existía Twitter y esa red social aún era un espacio habitable, Alma Delia Murillo escribió: “Creer que el mundo se divide en ganadores y perdedores es ser un analfabeta, no sólo geográfico, sino también emocional”.

El epigrama de la novelista empezó a cobrar sentido. En México, comenzaron a hilvanarse una serie de condiciones sociales y políticas -sobrerrepresentación, captura de órganos autónomos, Reforma Judicial- para que esta concepción del mundo, ganadores versus perdedores, resultara una cruda realidad, no sólo para analfabetas emocionales, sino para la clase política y la ciudadanía de un país entero.

Después de las elecciones del 2 de junio, amplios sectores con devenido empoderamiento, consideraron que los resultados electorales los colocaban como ganadores de una épica batalla. Los demás no sólo fueron simples perdedores que no merecían ser tomados en cuenta, estos tenían que ser acabados, humillados y destruidos.

Nuestro ecosistema político terminó dividido de esta manera. Acabó polarizado.

“¿Qué privilegios perdió usted?”, me refuta una usuaria de Facebook, en respuesta a una crítica que lancé contra Claudia Sheinbaum. Como si esta crítica sólo la hiciera porque perdí algo en esta reyerta. Traducción: usted es un perdedor, por eso critica, pero usted no tiene derecho, porque seguramente es un conservador. Los modos de las conversaciones públicas no tienen como punto de partida abrir un diálogo constructivo, sino más bien sepultarlo.

En tanto, los ganadores imponen su poder, van por más. Son bestias insaciables. Critican el Estado democrático, pero se sirven del él. Crearon un artilugio, la Reforma al Poder Judicial, para tener el control total. No más justicia, tampoco lucha contra la corrupción y privilegios de las élites, sino control total. No se trata de tener un Estado fuerte, es la erosión del Estado. Ni siquiera es el viejo PRI, es un gobierno a la deriva conducido por una nueva clase política, inescrupulosa. Entendieron el poder sobre, y no el poder para.

Al momento de escribir esta colaboración, en el Senado de la República se define, por medio de un sorteo, la designación de plazas de magistrados (464) y jueces de distrito (386) que serán electos por voto popular el primero de junio de 2025. Perfiles profesionales de carrera al garete, sometidos a la dictadura de la tómbola. Habrá ganadores y perdedores, así es la democrática suerte.

En un video publicado por El Universal, la jueza de distrito en Culiacán, Marlén Ángeles, califica la tómbola como indignante: “Yo hice 20 años de carrera judicial y en una tómbola están destruyendo lo que yo me gané con todo el esfuerzo. Yo vengo de la miseria, por eso estoy comprometida con la justicia, por eso no se vale que la destruyan, no se vale que afecten a la sociedad”.

Caminamos hacia un nuevo país. No sabemos todavía cuál. En los círculos académicos se discute sobre qué nuevo régimen político se está construyendo. Hay quienes dicen que vamos hacia la construcción de un partido de Estado, otros que transitamos a una regresión autoritaria, y hay quienes señalan que marchamos hacia un presidencialismo metaconstitucional, como en el pasado.

Por ahora se está construyendo un país de ganadores y perdedores, sujetos a los juegos de la suerte y el azar, y que viene a cobrar cuentas contra la vieja clase política del pasado. Lo cierto es que hoy, esa vieja clase política cohabita y gobierna con ellos. La serpiente se muerde la cola.

 

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Fotografía redes sociales

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