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El Sermón del Face

Miguel A. Vázquez de la Rosa

Miguel A. Vázquez de la Rosa estudió Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Es Integrante de la directiva de Servicios para una Educación Alternativa A.C. (EDUCA) desde 1994. Formó parte de la Comisión de la Verdad de Oaxaca y fue director de Radio Universidad de 2017 a 2022.

Hace algunos años vi en un programa de televisión una entrevista con Diego Armando Maradona. El astro argentino disipaba las dudas y explicaba las razones detrás del gol que le anotó a Inglaterra en el Mundial de Futbol México 86. Fue un gol marcado con la mano.

El 22 de junio de 1986, Inglaterra y Argentina se enfrentaban en un partido de cuartos de final en el Estadio Azteca. Aproximadamente en el minuto 51, Maradona entró a disputar un balón elevado en el área chica de la portería rival. El arquero Peter Shilton salió a interceptar la pelota y saltó al mismo tiempo que el delantero argentino. Aunque el europeo era mucho más alto que el latino, obra de la magia, la picardía y la trampa, Maradona levantó la mano y empujó el balón hacia la portería inglesa. El estadio entero estalló en júbilo para celebrar el gol de Argentina.

Diego narró en esa entrevista cómo comenzó a correr celebrando el gol, una anotación que el árbitro había dado por válida, mientras sus compañeros se quedaban pasmados en el terreno de juego: “¡Metimos gol! ¿Qué pasa, che? ¡Metimos gol!”. Uno de ellos le dijo: “Pibe, pero hiciste trampa”. “¿Y qué importa? ¡Ellos nos han robado más!”, respondió Maradona.

Aquel partido se jugó en un clima de tensión, apenas cuatro años antes, el Reino Unido había enfrentado a Argentina en la guerra por las Islas Malvinas, territorio que los británicos habían ocupado décadas atrás. Maradona tomó revancha a su manera, marcando un gol con la mano. El mundo recordaría el episodio como La Mano de Dios.

Traigo a colación esta anécdota histórica para tratar de entender -y explicarme- lo que está ocurriendo actualmente en México. Morena, el partido en el poder, no solo ganó la Presidencia en las elecciones de 2024, sino que también logró una mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso, en medio de acusaciones de irregularidades. En los hechos, construyó esa mayoría por la mala.

Con esa aplanadora legislativa, impulsó y aprobó sus reformas más trascendentales: la desaparición de órganos autónomos, la reforma al Poder Judicial, la militarización de la Guardia Nacional y la llamada “supremacía constitucional”, entre otras. Lo hizo con una buena dosis de suerte, y con trampas.

En los últimos meses han salido a la luz actos de corrupción, casos de enriquecimiento inexplicable y escandalosos fraudes al fisco. Desde el sexenio de López Obrador ya se arrastraban varios escándalos: el caso Segalmex, la asignación de obras sin licitación en Pemex y en sus principales proyectos de infraestructura. Algunos cuadros de Morena han sido vinculados con bandas del crimen organizado, como La Barredora en Tabasco. La cereza del pastel: el llamado Huachicol Fiscal.

Adán Augusto López, mano derecha y exsecretario de Gobernación de López Obrador, una de las principales figuras de Morena señaladas por presuntos vínculos con casos de corrupción y crimen organizado, declaró en una conferencia de prensa el pasado 10 de septiembre: “El huachicol fiscal es muy grave, pero más grave es la pobreza. Lo más importante es continuar la lucha para erradicar la pobreza de varios millones de familias mexicanas que aún la padecen”. El mensaje implícito es claro: no importa cuánto se haya robado, si al final otros nos han robado más. La mano de dios.

Desde las elecciones federales de 2021 ha sido un secreto a voces que los recursos obtenidos por la venta irregular de combustibles, han sido utilizados para financiar las campañas políticas de Morena. En un programa reciente con Carmen Aristegui, el dirigente político opositor, Guadalupe Acosta Naranjo, afirmó que “los recursos obtenidos mediante el huachicol fiscal fueron utilizados para financiar campañas políticas, en particular del partido Morena”.

¿Es válido luchar por la justicia haciendo trampa o cometiendo fraudes? Sin duda, estamos ante un dilema ético. El partido que hoy gobierna México cimentó su carrera y su trayectoria en la denuncia del fraude, las trampas y las injusticias que se cometían en el país. El Fobaproa, los fraudes electorales de 1988 y 2006, el desafuero, casos de corrupción como La Casa Blanca y La Estafa Maestra. Todo eso fue el motor de la lucha por la democracia y lo que se llamó la purificación de la vida pública del país. Entonces, ¿es válido luchar por la justicia cometiendo injusticias?

En las luchas intestinas por el poder que hoy sacuden al país, quizá esta parezca una pregunta ingenua o intrascendente, frente a lo que muchos consideran lo más importante: la consolidación de una fuerza política hegemónica -la insurrección de los de abajo- capaz de enfrentar a las poderosas élites económicas que tanto le han robado a México. Pero mientras el país entero aplaude con fervor los goles anotados por Morena, siempre habrá una voz de la conciencia que diga: “Mira, todo está bien, esta lucha es hermosa… pero no te olvides de que estás haciendo trampa”.

 

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Fotografía: Germán Canseco, La Jornada.

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