Sociedad y Política
Isidoro Yescas Martínez
Isidoro Yescas Martínez. Maestro en Sociología y analista político. Ha ejercido el periodismo de opinión en diversos medios locales y nacionales. Coordinador del libro No se olvida, el movimiento estudiantil de 1968 en Oaxaca.
¿La marca Primavera Oaxaqueña cambiará de nombre, logotipo, eslogan? Lo pregunto porque, para ganarle tiempo al tiempo (político-electoral) y terminar de reacomodar sus piezas de su ajedrez burocrático, ahora el gobernador Salomón Jara ya anunció que para el próximo 18 de febrero (menos mal que no será el día 14) relanzará a su administración para llevar a cabo “cambios en secretarías, organismos públicos y una reorientación de políticas y programas” . Y lo hará “con el objetivo de corregir errores y responder a las exigencias ciudadanas planteadas durante los primeros años de su gobierno”, según se consigna en el boletín oficial.
Aunque cuesta trabajo creerle a un gobernante que ha perdido confianza, respeto y credibilidad ciudadana, como quedó demostrado con el resultado de la consulta revocatoria, por lo menos ya entendió que los simples cambios y enroques en su gabinete resultarían insuficientes para “corregir errores”, empezando por los que él mismo incurrió al privilegiar a la familia en la integración de su gabinete legal y ampliado, ejemplo que se ha replicado en prácticamente todo el aparato gubernamental (y en los otros dos poderes) al punto que hoy el nepotismo primaveral es ejemplo nacional de política transversal.
En su fugaz acercamiento a un ejercicio de autocrítica, Jara Cruz reconoce errores en lo que va de su sexenio, pero se resiste a aceptar que esos errores generaron hartazgo ciudadano en todas las clases sociales y expresiones político-ideológicas, incluyendo expresiones de Morena y la 4t, de tal suerte que a un año y medio que se inicie el proceso electoral 2027-2028 y a menos de tres que concluya su sexenio, el prometer reorientar sus políticas públicas y programas de gobierno ya no tendría el impacto social y político esperado, visto el caos administrativo y la curva de aprendizaje nunca superada de su gobierno.

Y sobre esto último, van algunas preguntas obligadas que seguramente no las escuchará en sus conferencias mañaneras a modo: ¿Se harán cambios y ajustes al Plan Estatal de Desarrollo 2022-2028 y a los pocos planes sectoriales derivados de la misma matriz? ¿El Congreso local revisará el presupuesto de egresos 2026 para reorientar el gasto público y otorgarle prioridad a rubros como educación, salud y seguridad pública? ¿Se respetará la autonomía municipal en la elección de autoridades y en la administración de los recursos destinados para la obra pública? ¿Se harán públicas todas las renuncias de familiares en primer, segundo y tercer grado tanto del gobernador Salomón Jara como de secretarios y directores generales de toda la estructura administrativa del poder ejecutivo?
Agotado el tercer año de gobierno, que en el calendario sexenal debería marcar los mejores resultados, disipado también el espejismo de una Primavera Oaxaqueña que nació muerta, y con escasas posibilidades de recomponer sus malas relaciones con el poder presidencial que ya abiertamente ha pintado su raya, Jara y su yoprecracia autocrática se juegan con esta salida en falso su última carta política para no entregar malas cuentas a su partido y a la presidenta Claudia Sheinbaum, que no a la sociedad ni al pueblo de Oaxaca.
Así que lo que se ha anunciado (festejado por sus panegiristas oficiosos) como un relanzamiento para “corregir errores” no será más que una salida gatopardiana para arreglar un poco la maltrecha casa, ajustar cuentas con los funcionarios y funcionarias que no cumplieron con su cuota de votos en su fallida ruta ratificatoria y evitar que el hartazgo ciudadano hacia el gobierno primaveral se traduzca en derrotas electorales a nivel distrital y municipal para Morena y sus partidos aliados para el 2027.


