Sociedad y Política
Isidoro Yescas Martínez
Isidoro Yescas Martínez. Maestro en Sociología y analista político. Ha ejercido el periodismo de opinión en diversos medios locales y nacionales. Coordinador del libro No se olvida, el movimiento estudiantil de 1968 en Oaxaca.
En marzo de este año, cuando desde el Palacio Primaveral se destapó a Farid Acevedo como el (pre) candidato oficial para la rectoría de la UABJO, escribí que la única ruta para hacerle frente era impulsar una candidatura de unidad que, por lo avanzado del proceso, debía surgir de la terna de aspirantes del STAUO promovidos por el rector Cristian Carreño desde mediados de 2025, integrada por Amílcar Sosa, Enrique Martínez y Luis Alberto Hernández (La disputa por la rectoría V, marzo 17 del 2026).
Sin que esta ruta tuviera éxito, lo que ocurrió después ya es del conocimiento público y de la comunidad universitaria: el gobierno del estado, por vía del Secretario de Gobierno, Jesús Romero, pudo alinear –entre presiones, promesas para exentar de deudas millonarias al fisco a dos exrectores y ofrecimientos de cargos en la administración central de la UABJO–, a prácticamente todos los líderes y caciques político–sindicales que en otros procesos rectorales habían jugado con opciones distintas. Y, por supuesto, que el primer cooptado fue el rector Cristian Carreño, convertido ipso facto en el principal promotor de la candidatura de Farid Acevedo.
El gobierno primaveral lo intentó con Enrique Martínez pero topó con pared. Ni el “descontón” que el mismo gobernador Salomón Jara le acomodó desde una de sus conferencias mañaneras al revelar que se había reunido con él “en varias ocasiones” lo doblaron en su determinación de buscar por segunda ocasión la rectoría de la UABJO (la primera tuvo lugar en la elección del 2012).
De los viejos cacicazgos de la UABJO, tanto del STAUO como del SUMA, los únicos que decidieron apoyar a Martínez, cuando éste finalmente decidió contender a contracorriente del oficialismo, fueron el exrector Rafael Torres Valdéz (SUMA) y el líder moral del Sindicato Universitario de Académicos (SUA), Silviano Cabrera Gómez.
En cambio, en el entorno de Farid Acevedo no vacilaron en hacer fila el “padrino” de la Familia Real, Abraham Martínez Alavez; su hijo pródigo el exrector Eduardo Martínez Helmes, y su hija – con quien está distanciada-, la exdirectora de la facultad de Derecho, Rocío Martínez Helmes,esposa del subsecretario de gobierno de la SEGO, Carlos Pérez Campos. De la misma matriz del SUMA el matrimonio integrado por el exrector Eduardo Bautista y su esposa, la exdirectora y “referente” (sic) del ICEUABJO, Leticia Briseño.

Del STAUO, las tres cabezas de las principales corrientes que por separado ya habían tomado distancia del proyecto continuista de Enrique Martínez en la coyuntura de la elección del Comité Ejecutivo: la exrectora Leticia Mendoza Toro, Amílcar Sosa y Aristeo Salvador Segura, excandidato a la Secretaría General del STAUO.
Pese a sus diferencias, a todos y todas los ha unido, por ahora, su interés por preservar sus cotos de poder (escuelas, facultades, institutos, sindicatos) y mantenerse o ser incluidos en la estructura de la alta burocracia universitaria, el leit motiv de cada relevo rectoral.
Esa garantía ya se las ofreció Farid Acevedo, con el visto bueno del gobernador Salomón Jara. Y como “amor con amor se paga” todas estas expresiones caciquiles, con el rector Carreño por delante, han comprometido el voto corporativo de las unidades académicas que controlan ( un promedio del 70%) por conducto de directores(as) afines y, en algunos casos, activando a grupos porriles a su servicio, a favor del candidato oficial.
En un escenario similar al que se registró en el 2016, cuando el gobierno de Gabino Cué vía –Jorge Castillo– operó el ascenso de Eduardo Bautista Martínez a la rectoría, la cosa nostra universitaria tiene todo, o casi todo para asegurar el triunfo de Farid Acevedo: un padrón electoral manejado a discreción por una Comisión Electoral a modo, un estudiantado desmovilizado y con serias limitaciones para un ejercicio libre y secreto del voto, recursos económicos ilimitados para el acarreo de votantes y la compra del voto, y un sistema electoral poco garantista y con medios de impugnación que se agotan prácticamente al concluir la jornada electoral.
No obstante, Enrique Martínez y su equipo de campaña todavía parecen abrigar esperanzas para darle la vuelta a una operación electoral tripulada desde el Palacio de Gobierno de la que él mismo no fue ajeno en pasados procesos. Confían en un voto de castigo a la injerencia gubernamental y le apuestan a una segunda revocación de mandato.
En un escenario de voto libre, sin coacciones, esta vuelta de 180 grados no podría descartarse.
Sin embargo, vuelvo otra vez a la elección del 2016 para citar cuatro factores que entonces jugaron en contra de los candidatos opositores Miguel Angel Reyes Franco y Silviano Cabrera y que hoy se repiten con Enrique Martínez: la división del STAUO, el control del padrón electoral y de la Comisión Electoral por parte de la rectoría , el boicot a sus actividades proselitistas y la ausencia de fiscalización y nula transparencia en el financiamiento de las campañas.
Con todo, y solamente para efectos de comparar estos resultados con los que se conocerán la noche del 13 de mayo, cito los resultados de aquella elección: Eduardo Bautista ganó con 10 mil 908 votos, seguido de Silviano Cabrera con 4 mil 847 votos y Miguel Angel Reyes Franco con 4 mil 280 votos.


