Fuera de Cuadro
Ana Luisa Cantoral
Ana Luisa Cantoral es periodista con 25 años de experiencia en investigación y análisis informativo. Especializada en temas sociales, políticos y de salud pública, ha desarrollado una trayectoria en periodismo de denuncia y crónica deportiva. Su trabajo se distingue por el rigor, la claridad y el compromiso con la información..
Cada sexenio promete diálogo, gobernabilidad y estabilidad, y cada sexenio termina exactamente igual: bloqueos, plantones, carreteras cerradas, comercios paralizados y gobiernos negociando bajo presión.
No importa el partido ni el discurso, en Oaxaca, el poder sigue respondiendo más rápido a una barricada que a una institución.
Esta semana volvió a quedar claro, pues la Sección 22 inició un paro indefinido que dejó sin clases a más de 850 mil estudiantes en alrededor de 12 mil escuelas. Más de 82 mil trabajadores de la educación abandonaron actividades para presionar al gobierno estatal y federal.
En menos de 72 horas hubo bloqueos en accesos estratégicos de la capital, cierre del crucero del aeropuerto, protestas frente a instalaciones de Pemex y parálisis parcial en oficinas públicas.
Comerciantes del Centro Histórico reportaron pérdidas severas desde los primeros días del plantón.
Oaxaca normalizó que ninguna demanda avanza si no se colapsa primero a la ciudad.
Ahora la protesta se convirtió en método permanente de negociación política, y eso tiene consecuencias con transportistas detenidos durante horas, trabajadores que no pudieron llegar a sus empleos, turistas varados, comercios cerrando antes de tiempo, productores frenados por bloqueos carreteros, en fin, miles de ciudadanos atrapados en conflictos que no provocaron.

Mientras tanto, el gobierno vuelve a administrar la crisis en lugar de resolverla, ya lo hizo el PRI durante décadas, lo hicieron gobiernos anteriores con mesas de negociación eternas y lo hace hoy Morena, en pocas palabras, cambiaron los colores pero no el mecanismo.
Oaxaca vive en estado de negociación permanente y la gravedad del momento quedó expuesta hace apenas dos días en Mitla. Lo que inició como un bloqueo magisterial terminó en enfrentamientos entre pobladores y manifestantes, con reportes de detonaciones de arma de fuego, agresiones y vehículos dañados. La propia Secretaría de Gobierno condenó los hechos violentos y la Fiscalía anunció investigaciones.
Ese episodio mostró algo más delicado, el desgaste social ya comenzó a convertirse en confrontación directa entre ciudadanos.
Ya no es solamente sociedad contra gobierno, ahora también empieza a ser ciudadanía contra ciudadanía.
Y Oaxaca conoce perfectamente el riesgo de esa ruta, precisamente este mes de mayo se cumplieron 20 años del conflicto de 2006, cuando un intento fallido de desalojo detonó una crisis política que paralizó al estado durante meses y dañó gravemente la economía, el turismo y la estabilidad social. Aquel conflicto dejó muertos, heridos, persecuciones y una fractura política que todavía persiste.
Lo preocupante es que nadie parece haber aprendido demasiado, el gobierno quiere vender estabilidad rumbo al Mundial de 2026, mientras el país intenta proyectar imagen internacional. Pero Oaxaca sigue atrapado en el mismo modelo de hace décadas con conflictos administrados, acuerdos temporales y presión callejera como herramienta principal para obtener respuestas.
Cada bloqueo confirma la debilidad institucional, ya que cuando las autoridades únicamente responden después de bloqueos, plantones o presión pública, las demandas ciudadanas sólo son atendidas cuando afectan la vida diaria de los demás.
Y cuando eso se vuelve normal, el gobierno deja de resolver problemas de fondo y se limita a reaccionar ante conflictos cada vez más frecuentes.


