AMOR DE CABARET

El relegado

*Cuando el Presidente Municipal tuxtepecano deambulaba en la ciudad de Oaxaca frente la iglesia catedral en los eventos priistas, sin guaruras, sin futuro aparente, con deudas encima y comiendo en restaurantes baratos, Miguel Herrera estuvo ahí.

ANTONIO MUNDACA

Cuando Fernando Bautista Dávila, todavía incrustado en el PRI, realizó a finales de diciembre de 2015 el video de apoyo a Alejandro Murat Hinojosa junto a la Comisión de Enlace, todos creían que era el lanzamiento al vacío de un loco, y Miguel Herrera aparecía a su lado.

Un par de meses antes, en la refriega interna, cuando la dirigencia municipal priista con el evielismo en la frente se atravesaba en las aspiraciones de Fernando Dávila, Miguel Herrera estaba a su derecha.  Cuando el Presidente Municipal tuxtepecano deambulaba en la ciudad de Oaxaca frente la iglesia catedral en los eventos priistas, sin guaruras, sin futuro aparente, con deudas encima y comiendo en restaurantes baratos, Miguel Herrera estuvo ahí.

Cuando Dávila  dio un viraje en su proyecto, y decidió irse al Partido del Trabajo (PT) a través de Karina Barón, y tuvo que viajar a Puebla a deshoras y con urgencia, Miguel Herrera estuvo ahí. En las negociaciones finales la equidad de género y las circunstancias les dieron el primer distanciamiento visible. Miguel Herrera se vio obligado a poner a su esposa Luz Oralia Cumplido como Regidora de Hacienda, mientras él esperaba el acomodo para recuperar su posición de alfil en el davilismo.

El Presidente Dávila quiso hacerlo tesorero municipal, se lo ofreció, estuvo a un paso, pero la ley y la posibilidad de una Comisión de Hacienda integrada por esposos, lo puso de nuevo a la sombra, lo condenó a la asesoría de presidencia, a la invisibilidad a cambio de la nómina, a los negocios de una mano derecha que quiso extenderse y dejó de poder, justo cuando las adversidades habían pasado y Dávila tocaba el poder.

Entonces parecía encaminarse como dirigente local del Partido del Trabajo (PT),  pero tardó medio año en llegar a dicho partido, pero no a la cabeza, no al lado de Dávila, sino otra vez en la sombra, relegado por Marcos Bravo y unos regidores petistas comisionados como sus iguales, como los iguales en un proyecto que Miguel Herrera conoce desde abajo. El destino de Miguel Herrera desde que llegó Dávila a la presidencia ha estado envuelto en el aislamiento, en operar a la sombra, por ahora dejó de ser la poderosa mano derecha, a menos en lo público, algo se rompió que no sabemos, algo dejó de ser como en los tiempos de los hoteles baratos en Oaxaca en busca del futuro.

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