AMOR DE CABARET

El reaparecido

*Antonio Sacre fue aplaudido, y por un momento, los priboots se olvidaron de las rancias formas en que ejerció el gobierno. Añoraron las célebres frases de capataz feliz: “El único que ronca soy yo” o “Ya sabemos a quién se le va la cochina al monte”. Añoraron el uso faccioso del poder desde la silla maldita del palacio municipal de 5 de mayo

ANTONIO MUNDACA

Seis meses después de que terminara el oscurantismo de Tuxtepec al que el anterior gobierno municipal llamó “renacimiento”, reapareció al viejo estilo priista donde se premia a los corruptos: Antonio Sacre Rangel.

Quitado de la pena, arropado por el dirigente del PRI estatal German Espinoza, fue nombrado Consejero Político estatal de su partido y alzó las manos en señal de victoria: impuso como consejero a su ex Regidor de Hacienda, Samuel Oropeza, a su ex Síndica, Emma del Carmen Hernández, y a su  primo Gabriel Cué Navarro. Fue aplaudido por un PRI cuyos liderazgos regionales se encuentran vapuleados, al grado que necesita dinosaurios que se hicieron millonarios con dinero público para sacar a flote un barco donde todavía retumban hoteles en Huatulco.

Antonio Sacre fue aplaudido, y por un momento, los priboots se olvidaron de las rancias formas en que ejerció el gobierno. Añoraron las célebres frases de capataz feliz: “El único que ronca soy yo” o “Ya sabemos a quién se le va la cochina al monte”. Añoraron el uso faccioso del poder desde la silla maldita del palacio municipal de 5 de mayo, no importando que el último rey ranchero haya sido cacique, frívolo, indolente, racista, vacío o nepotista, pero sí priista, al fin de cuentas.

Su reaparición pública se da meses antes de que inicie el proceso electoral y se vislumbra la sombra del “Gordo” Sacre en las decisiones. Al PRI la imagen sacrista aún le pesa como una losa en el sentir ciudadano, pero parece no importarles, de ese tamaño puede ser el cinismo, es el gen autoritario que al PRI le ha permitido persistir.

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