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Scriptorium

Donaldo Borja

Luis Donaldo Martínez Borja estudió la licenciatura en Filosofía. Ha sido profesor de latín y etimologías grecolatinas, español, Historia, Formación Cívica y Ética. Creador del programa de Radio Tertulias en la azotea dependiente de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y Café Filosófico Oaxaca. Es creador del Club de Lectura Tertulias en la azotea, y promotor de lectura acreditado por el Fondo de Cultura Económica.

Spinoza, el condenado, expulsado y casi hereje, pensaba que el deseo es un apetito con consciencia de sí mismo; una pasión o afección que rompe la mera necesidad, la cual implicaba un movimiento: dirección. Así, el deseo es un impulso vital, cognatus, le llamará. Casi todos, a no ser que exista un impedimento, tenemos dentro de nosotros esa fuerza vital que nos mueve, algunos más desarrollado, otros, casi en un atrofio por la frustración que causa el hecho de que nuestras fuerzas no lleguen a donde queremos.

De este modo, el deseo se convierte en acción, mejor dicho, en búsqueda de algo que en ocasiones no se obtiene. Pero —si nos ponemos muy especiales— el deseo por el deseo, se convierte en una condena que corrompe y mata. Con todo ello, el deseo es una fuerza de araste. Todo deseo es válido, aunque no sea bueno. Incluso, hay quienes desean sin saber si realmente están deseado lo que quieren. De esto se infiere que el deseo mueve al bien y al mal: ¡Vaya dilema ético!

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En el mundo de las ilusiones laborales, “los nadie” —empleando aquel pronombre indefinido que gracias a Eduardo Galeano y a la Real Academia de la Lengua Española, se puede entender como un sustantivo: ‘sustantivo indefinido’, si se me permite el juego gramatical— esos invisibles, ciudadanos de a pie, que “sueñan […] con salir de pobres”, dirá Galeano. Ese sueño o, mejor dicho, ese deseo de salir de la pobreza se enmarca en la búsqueda constante del trabajo deseado que pueda sustentar lo necesario, por no decir lo lujoso, del tan llamado ‘estado del bienestar’.

¿Qué desean ‘los nadie’ que quieren salir de pobres? La respuesta es simple: un trabajo en el gobierno. Algunos más atrevidos, desean ser políticos, porque esos ganan bien. Dado que, los políticos son como los cerdos de engorda que sólo se les alimenta para ver si se obtiene algún beneficio de ellos, sino es que salen huyendo, después de robar. El deseo de ‘un nadie’ es entrar a la política y hacerse de un ‘curulillo’ que le permita jugar hacer leyes y ganar el sueldo tan deseado. Ese deseo por la política conlleva introducirse a la casta social más cirquera que puede existir y, en ocasiones, la más inmoral.

 

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En México, conocemos políticos de trayectoria casi fosilizados en un curul y que, posiblemente, algún arqueólogo en algún futuro, encontrará. Ejemplo de ellos sobran, pero mencionar algunos ayuda a comprender lo que se dice: Beatriz Paredez que desde 1973 hasta 2023 desempeñó un rol político en las filas del PRI; los hermanos Monreal, posibles dueños de Zacatecas, después del descubridor Juanes de Tolosa; y, por mencionar alguno más cercano, tenemos a los Murat o Gerardo Fernández Noroña con más de 38 años en el campo de la política. Por otro lado, tenemos políticos de circo con complejo de payasos rancios, dígase Lili Téllez, Kenia López Rabadán, Xóchilt Gálvez, y una joya prístina, Sergio Mayer. Claro que existen más, cuyos nombres y apellidos, desfilan entre la casta política, muy al estilo de los peninsulares de la época de las Reformas Borbónicas, que no permitían que ningún criollo —o sea ‘los nadie’— pudiese acceder al poder.

¿Qué tiene la política que despierta el deseo de un pobre criollo, mestizo, un nadie? Posiblemente, el atractivo más superficial son las casas de millones de pesos, los coches de colección y los viajes al extranjero que se pueden pagar a cargo del erario público, más que el trabajo puro y duro en relación al bien común. ‘Los nadie’ deseamos jugar el pervertido juego de la empleomanía, tener un trabajo seguro, aunque estemos en el circo público más grande que puede existir en una democracia: “El Congreso”.

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Mago de Oz, nos regaló una joya preciosa en el 2014, en su canción Pasen y beban, dice:
Pasen y beban, pues el circo ya ha llegado 
Los payasos tomaron el congreso pa’ robar
 Pasen y beban, pa’ olvidar que en los trabajos mueren,
 Los delincuentes son banqueros en este país.

La música sentencia con mazo de hierro, el actuar y obrar de un grupo político que aferrados al poder no sueltan la gallina de los huevos de oro.
Los nadie, también, deseamos cambiar el rumbo de nuestro país. Algunos no buscamos el poder, el dinero o la fama. Buscamos el Bien Común, por encima de los intereses personales. Deseamos hacer de un circo un Congreso real, la verdadera Casa del Pueblo, donde los campesinos, los maestros, los obreros, los médicos, las amas de casa, empleadas y empleados domésticos, por mencionar algunos, tomen decisiones convenientes ya que conocen bien lo que hacen, y pueden legislar en favor de su actividad. Posiblemente, necesitamos embadurnarnos del espíritu de Lázaro Cárdenas para llevar a la plataforma que sustenta el país a tener una voz propia donde ‘los nadie’ sean quienes tomen las decisiones.

Nuestra casta política seguirá siendo un profundo hermetismo de partidocracias que se disfrazan de una ‘democracia’, la ruta hacia esta última sigue construyéndose. Las comunidades Zapatistas de los Altos, de la Selva Lacandona, la Zona Norte y Fronteriza de Chiapas han sido testimonios vivos de una forma de gobierno donde los 7 principios de mandar obedeciendo son una realidad donde nadie queda excluido. Mientras tanto, en el sistema político actual, ‘los nadie’ servimos para mantener económicamente y proporcionar evidencias fotográficas para las redes sociales de aquellos cuyo trabajo es pinchar un botón y perseguir sus intereses, mientras que nosotros, ‘los nadie’, deseamos y soñamos con salir de pobres.

 

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Imagen de El Financiero

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